, comentó a
la doctora Christina Gianoulakis.
La profesora de psiquiatría y fisiología de McGill University, en Montreal, agregó que "ingerir grandes cantidades de alcohol no sólo inhibe la liberación de las endorfinas y la sensación de bienestar, sino que también estimularía otros sistemas cerebrales asociados con la aparición de la ansiedad y la depresión".
El equipo dirigido por Gianoulakis inyectó a ratas distintas cantidades de alcohol y controló la reacción de las endorfinas. Los autores detectaron que las dosis bajas o moderadas de bebidas alcohólicas, pero no las dosis altas, habían elevado la liberación de las betaendorfinas en el Area Ventral Tegmental (AVT), una región del cerebro conocida por su papel en la producción del efecto de recompensa del alcohol.
Los resultados del estudio, que ya están online, serán publicados en la edición de junio de la revista
. "Dado que
, si una persona no siente efectos placenteros después de beber una o dos copas de alcohol, debería dejar de tomar", recomendó Gianoulakis.
El doctor Dzung Anh Le, de Centre for Addiction and Mental Health de University of Toronto, que no participó en el estudio, opinó que
.
"Mientras que el tratamiento disponible bloquea la acción de los opioides de manera no específica,
", dijo. "Ahora, los investigadores deben apuntar específicamente a las endorfinas en el AVT para conocer si eso realmente modifica el abuso del alcohol y la abstinencia", declaró Le.