Aníbal Ibarra fue destituido como jefe de Gobierno en el primer juicio político de la historia contra un funcionario de la Ciudad de Buenos Aires. Juntas, la izquierda y la derecha porteña determinaron la salida del ex fiscal en un proceso que aún sigue siendo cuestionado por las huestes ibarristas.
El kirchnerismo, aliado político de Ibarra en las presidenciales de 2003, evitó protagonismo en la pelea por la destitución y hasta le insinuó al ahora legislador que lo mejor para la Ciudad y su futuro político era dimitir al cargo de jefe de Gobierno. Jorge Telerman, tentado por la inédita oportunidad de acceder al despacho principal de Bolívar 1, no hizo demasiado para sostener a su ex jefe político.
A casi dos años de la salida del ex fiscal, el Frente para la Victoria analiza aquél juicio como una jugada del PRO para llegar al poder. No se arrepiente de haberse abstenido en la votación que determinó el cambio de mando y dice ser "un defensor de la gobernabilidad". "La destitución de Ibarra fue un capricho de Macri, que sentó un antecedente peligroso y que perjudicó la vida política e institucional de la Ciudad", analiza en la actualidad el titular del bloque, Diego Kravetz.
Desde la vereda opuesta dicen tener "la conciencia tranquila por haber cumplido con la Constitución" y defienden el proceso de la destitución por haber sido "limpio y transparente". Así lo señaló el diputado Diego Santilli, quien explicó además en diálogo con Infobae.com que la salida de Ibarra no impulsó la llegada de Macri al poder porque "la confianza en el proyecto estaba desde 2003".
En una decisión opuesta a la de la Justicia, que sobreseyó a Ibarra en la causa penal, el 7 de marzo de 2006, la sala juzgadora de la Legislatura porteña resolvió destituirlo con 10 votos condenatorios, 4 absolutorios y una abstención. Telerman, quién estaba a cargo del Ejecutivo desde la suspensión, asumió la responsabilidad de dirigir la Ciudad, con un proyecto que contemplaba una jefatura de seis años.
Es que los operadores telermistas imaginaban una gestión sin demasiados sobresaltos: sólo había que inaugurar una decena de obras que había empezado Ibarra. Sin un referente consolidado del kirchnerismo en el distrito, creían, además, que llegaría el aval de Alberto Fernández y el propio Presidente para representar al Frente para la Victoria en las elecciones comunales de 2007.
Sin embargo, la inexperiencia le jugó una mala pasada a Telerman, quién se preocupó demasiado por su imagen pública y tuvo severos problemas para administrar los recursos de la Ciudad. Su estrategia se terminó de derrumbar cuando el kirchnerismo, disgustado por algunos desplantes del ex jefe de Gobierno, depositó su confianza en Daniel Filmus para enfrentarlo en las urnas.
La llegada de Macri al poder
El calvo jefe comunal intentó entonces refugiarse en los votos que había obtenido Elisa Carrio en las legislativas de 2005, en una jugada que sólo fue funcional a las aspiraciones de Macri, quién a principios de 2007 dejó de coquetear con la Presidencia y ratificó sus intenciones de volver a pelear por la Ciudad.
Así, los votos de centroizquierda se bifurcaron en dos candidatos. Macri conservó el caudal de votos que lo había acompañado en 2003 y supo sumar algunas otras voluntades con la figura de Gabriela Michetti en la fórmula y un discurso con la seguridad y el orden como eje central.
Cerca de Filmus pero con lista propia, Ibarra demostró en las urnas que aún continúa con gran aceptación en el electorado porteño, que lo eligió como legislador para fiscalizar la tarea de su máximo rival político hasta 2011. "La política fue por un lado y la sociedad y la Justicia por otro, eso me da tranquilidad", reflexiona, a tres años de la tragedia.
La alianza Telerman-Carrió se rompió apenas unas horas después del fracaso electoral porteño. Desgastado, el ex embajador en Cuba intentó acercarse nuevamente al kirchnerismo buscando algún refugio legislativo en las listas que acompañaron a Cristina Kirchner en octubre, algo que finalmente no ocurrió.
Con Ibarra como único opositor, Macri inició el 10 de diciembre su gestión en la Ciudad, un hecho que era inimaginable para el ex presidente de Boca el 29 de diciembre de 2004 y con el que ahora sueña usar de trampolín para llegar a la Presidencia en 2011.
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