Alejandro Dolina: "Yo quisiera no morirme, pero bueno?"

Fue operario telefónico, estudiante de abogacía, encuestador y redactor de la mítica revista Humor. Autodidacta y fanático de San Lorenzo, logró un hecho inédito por estos tiempos: reunir a la gente en torno a una radio

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Verónica Guerman 162

Yo pongo ?empleado?. Es un detalle que las personas de buen gusto deben tener. ¿Qué voy a poner: comunicador social, escritor argentino, escritor popular? Yo siento esa tentación a la petulancia cuando tengo que completar un papel: ?Profesión: conductor de masas?.

Pero sí

, porque me adiestro para hacerlo. Desde chico me preparé para ser eso más que para cualquier otra cosa. También me preparé para la música, pero lo hice mucho mejor para escribir. ¿Cómo se prepara uno para escribir? Leyendo. Y aprendiendo algunas destrezas que pueden ser trasmitidas bajo la forma de preceptos. Y aún hoy lo sigo haciendo.

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Mi literatura se nutre de mis lecturas y particularmente de aquéllas que han sido casi obsesivas. Las puedo citar con nombre y apellido, pero también con temas.

, y últimamente también con la perplejidad de que al universo no le importa mucho todo esto. Esa indiferencia estelar produce, entre otras cosas, que no sea muy distinto ser una persona que otra.

Los nombres que me han llevado de la mano son: Dante (Alighieri) y (Jorge Luis) Borges y (Miguel de) Unamuno y los rusos y acaso (Gilbert Keith) Chesterton. Y últimamente, ciertos ensayistas que han examinado las formas del discurso y de la escritura, como (Michel) Foucault y Roland Barthes.

Esta mirada crítica sobre lo que uno mismo escribe también aparece en las cosas que yo mismo humildemente escribo.

, que pudo ser engañado o haber tenido una percepción errónea.

Desde luego. Hasta diría que es el tema principal, porque

. Y el carácter sustitutivo de la existencia también obedece al tiempo. Después de todo, nos vamos sustituyendo a nosotros mismos: estos que somos hoy pues no se parecen mucho a los que éramos hace algunos años.

El carácter irreversible del tiempo? esta dramática revelación de la ciencia a través del principio de termodinámica conforme al cual el tiempo es absolutamente irreversible y que no hay máquina del tiempo ni esperanza ninguna para los que pretendemos evitar la muerte es un asunto.

Existiendo la muerte, mal puede uno existir sin angustia.

Justamente es este contexto el que impulsa a la construcción del arte. Porque

.

El arte y el amor son una resistencia a esa tragedia; pero, al mismo tiempo, la tragedia se hace más patente.

Acaso sería mejor preocuparse por comprarse una camioneta 4x4. Es decir, aparecen preocupaciones, pero no son el principio de termodinámica; son preocupaciones posibles de superar.

En cambio, el que tiene el sentimiento trágico de la vida -como diría Unamuno- por más camionetas que consiga está cierto de su finitud, de su papel absurdo en una tragedia mal escrita, y sufre continuamente por eso y sabe que la resistencia no sirve para nada, más que para sufrir todavía más.

De todos modos, en mi modestísima literatura no hay una nostalgia deliberada y puntual; todos llevamos una mera nostalgia, pero que no es la nostalgia de una pizzería que han demolido, sino que es más profunda y terrible: la de saber que no somos dueños del tiempo, que la muerte es irreversible y que lo que perdimos no lo hemos de recuperar? El arte es el hijo de la falta, del ?no tener?.

La gran poesía aparece siempre cuando algo falta, cuando se ha perdido un amor, un afecto, una causa, una sed de justicia, la juventud, la fortuna.

El humor es un dato de sal, que tiene un valor más formal que profundo, para evitar cargar las tintas, para que todo no sea tan evidente.

En algún caso, como el mío, sirve para disimular ciertas incompetencias. Yo a veces siento que lo que escribo se parece al melodrama, que es demasiado macarrónico, entonces -para evitarlo- está el humor.

. El cinismo es quizá rastrear el desatino, y en ese sentido me gusta, ya que ventila las demasiadas seguridades del escritor. Aquél que está demasiado seguro, pontificando, y está poniendo en sus personajes frases de una filosofía demasiado expuesta y pétrea hace bien cada tanto en ventilarlas con cinismo.

Para eso sirve el humor, el humor es sal, por eso hay que usarlo poco, pero hay que usarlo. Yo no podría escribir sin humor, pero tampoco podría escribir libros destinados únicamente a hacer sonreír.

Sí, lo hice algunas veces en mi vida, pero entre todas ellas no suman un año.

y tal vez por eso no me analicé de una manera consistente y continuada. En ese sentido, me encuentro cercano a la concepción de Karl Popper, un gran epistemólogo. Él sostenía que

.

Popper decía que con el psicoanálisis pasaba lo mismo. Y yo no puedo más que sospechar lo mismo. Entonces, voy a mis sesiones de análisis con la misma falta de fe con la que voy a las brujas.

Respeto el psicoanálisis, pero no sé si es ciencia; a lo mejor es arte, es un sistema de rimas, alegorías y metáforas que sirve para leer el arte, para disfrutarlo, para interpretarlo, pero no para curar la ansiedad.

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