Knut día a día va dejando de ser un cachorrito y sus músculos empiezan a desarrollarse. Diariamente lo visitan 5000 personas de todas partes del mundo y lo consideran un símbolo de la ciudad.
El oso, que saltó a la fama cuando defensores de derechos de los animales querían terminar con su vida porque si madre lo había abandonado y dependía íntegramente del cuidado del ser humano, se desarrolla normalmente.
A punto de cumplir seis meses, el osito está cerca de los 28 kilos y su hocico es mucho más grande que cuando entró al zoológico. Por entonces pesaba tan solo nueve kilos y sus uñas casi no tenían filo.
Su "madre" adoptiva, el cuidador Thomas Dörflein, y su nuevo "padrino", el ministro de alemán Medio Ambiente, Sigmar Gabriel, siguen de cerca su crecimiento ya que es un cachorro huérfano y se ha convertido en un símbolo para todos los berlineses.
Knut es visto como una advertencia de los peligros del cambio climático y de las consecuencias que éste acarreará en ciertas especies, como los osos polares.