Fray Bentos, la ciudad que cambió por Botnia

La ciudad uruguaya de Fray Bentos registra un inusitado cambio de ritmo, producto de la llegada y cada vez más próxima apertura de la planta procesadora de celulosa de Botnia

NA 162

Sus calles, los comercios y los paseos públicos tienen poca semejanza con los típicos pueblos del interior o las localidades alejadas de cualquier centro urbano, debido a una actividad económica y una vida social que parecen descolocadas para el medio en el que se desarrollan.

Los testimonios recogidos de vecinos, comerciantes y policías que trabajan en esta ciudad uruguaya coinciden en que el balance de la llegada de Botnia es positivo, sin que exista una referencia a la sociedad de Gualeguaychú, que resiste el inicio de las operaciones del megaproyecto industrial, por su impacto en el medio ambiente.

Sin embargo, también hay referencia a la situación política del otro lado de la orilla del Río Uruguay, al punto que circulan versiones en la calle de que la apertura de la pastera recién se dará "después de octubre o a principios de noviembre, cuando terminen las elecciones que se van a dar en la Argentina".

Alicia Montes de Oca y Oreste Amondarain son un matrimonio, ella uruguaya y él argentino, que señalan las buenas y malas que surgieron con la aparición de la compañía como megaproyecto económico, que mañana será abierta a la prensa argentina y a la internacional.

"Fray Bentos cambió mucho desde que está Botnia. Yo nací acá y se puede ver en todas las cosas, en cualquier lado, cómo está todo cambiado", reconoce la mujer, quien atiende un kiosco, donde "le va muy bien y se vende permanentemente".

Amondarain asegura que llegó en octubre desde la Argentina -desde un pueblo a 70 kilómetros de la Capital- y que "la calidad de vida y los ingresos" que obtiene por su trabajo en la planta "es mejor" que el que tenía en su tierra, donde desarrollaba tareas vinculadas a la industria textil.

"Vine para buscar una mejor calidad de vida y cuando llegué me enteré que estaban buscando técnicos electromecánicos en Botnia. Fui y quedé y ahora tengo pensado quedarme a vivir acá. Voy a trabajar en la planta o con otras cosas que se puedan hacer", asegura.

Sin embargo, no todas son bondades en la ciudad, ya que los vecinos empiezan a sentir el cambio que ocasionó el megaproyecto de la empresa de origen finlandés: mucha más gente llegada desde todo el país y del extranjero también, pocos servicios, precios elevados y un nivel cada vez más alto de accidentes de tránsito.

Los vecinos y comerciantes aseguran que Río Negro, el departamento o provincia al que pertenece Fray Bentos, pasó a contar con la mayor cantidad de motos de todo el Uruguay y, al mismo tiempo, "cada dos por tres se matan gurises (por chicos) en las calles porque no hay controles y andan muy rápido, sin cascos".

"Hay muchos extranjeros. La gente habla en distintos idiomas por las calles y a veces a uno le cuesta entender. Ellos vienen con sus costumbres y algunas de esas costumbres no son para nada buenas. Hay gente que toma mucho alcohol", reconoce Montes de Oca.

Un vecino, que por obvias razones prefiere no identificarse, da otro dato: "Antes, en todo Fray Bentos había un sólo prostíbulo (la prostitución en Uruguay está permitida y regulada), pero ahora ya abrieron tres más y están siempre llenos. Los extranjeros que trabajan acá pagan mucha plata en mujeres".

Más allá de las dificultades, en las calles y en los comercios, los fraibentinos manifiestan que "la ciudad recuperó la esperanza, porque antes la gente se iba, había problemas de delitos, y hoy viene desde otros lugares porque saben que puede haber un futuro mejor".

La visión de un eventual impacto en el medio ambiente no preocupa en la actualidad a los vecinos, aunque, tras varios minutos de conversación, reconocen que "en 20 o 25 años sabemos que la ciudad puede sufrir mucho. Y ni hablar si llegan a irse los de Botnia".

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