Un joven de 21 años fue condenado ayer por la justicia de Córdoba a prisión perpetua por haber matado en diciembre de 2005 a golpes de puño a su hijo, un bebé de dos meses.
La condena fue dispuesta en forma unánime por los jueces de la Cámara 11 del Crimen de esta ciudad, en el marco de un juicio con jurados populares que comenzó la semana pasada. Los jueces consideraron al imputado Cristian Arce autor de homicidio calificado por el vínculo y aplicaron la pena de prisión perpetua que reclamó en su alegato el fiscal Diego Albornoz.
El funcionario judicial sostuvo en su alegato que "el hecho existió y el causante del mismo es Arce". "En definitiva voy a solicitar (a los jueces) que lo hagan responsable de la muerte de su hijo y le apliquen la pena de prisión perpetua, como corresponde según el Código vigente", añadió Albornoz.
La muerte del bebé ocurrió entre el 9 y el 10 de diciembre de 2005, en una habitación que ocupaban Arce, su mujer y el niño en los fondos de una casa de calle Alberto Williams, barrio San Roque de esta capital.
El episodio conmocionó a Córdoba y, a través de la prensa, se conoció también a nivel nacional. De acuerdo con la acusación, Arce había quedado al cuidado del bebé porque la madre, una joven de 18 años, trabajaba en un bar nocturno.
Según la instrucción del caso, pasada la medianoche el acusado reaccionó en forma violenta contra el niño por su incesante llanto. Al parecer, lo golpeó cinco veces con los puños, lo que le causó graves heridas internas.
Horas después, Arce pidió ayuda a los dueños de casa quienes llamaron a una ambulancia y el bebé fue internado de urgencia en el Hospital de Niños, donde murió dos días después.
Los médicos dijeron que el niño presentaba una fractura de cráneo, de cinco centímetros de longitud, en la región parietooccipital izquierda.
El juicio contra Arce comenzó el martes 14 de noviembre y, en su primera declaración, el joven dijo "no recordar" lo ocurrido, sino que sólo cuando despertó vio al niño muy mal y pidió ayuda.
El tribunal presidido por el juez Nereo Magi contó con la asistencia de ocho jurados populares.
Los dueños de la vivienda, que declararon como testigos, describieron al joven como una persona "normal y amable" y a quien sólo observaron "nervioso y asustado" cuando fue a pedir auxilio para llevar al médico a su hijo.
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