Hace diez meses que Isabelle Dinoire fue operada luego de que su perro la mordiera mientras dormía ocasionándole la pérdida de su nariz, labios y mentón.
En noviembre de 2005, la mujer se convirtió en la primera persona en recibir un transplante facial.
Isabelle no recuerda lo que pasó después de tomar pastillas para dormir, todo lo que puede recordar es que se despertó y observó sangre en el piso.
La agencia BBC Mundo publicó que a casi un año de la cirugía, los doctores del Hospital Universitario Amiens, en Francia, que realizaron la intervención quirúrgica están encantados con el progreso de la paciente.
Si bien aún Dinoire trata de reconstruir su vida, no hay duda de cómo se siente después de verse al espejo con una nueva cara.
"Me salvaron?, no se cansa de repetir la mujer, quien contó que mucha gente le escribe ?diciendo que necesito continuar y ese gesto es maravilloso. De alguna manera es un milagro".
Si bien en un principio la mujer experimentaba algunos signos de rechazo inmunológico, ya recuperó la sensación en el rostro transplantado.
El rechazo del nuevo tejido se encuentra ahora bajo control a través del incremento de las dosis de drogas inmuno-supresoras que Isabelle deberá tomar de por vida.
No fueron pocos los interrogantes éticos que surgieron ante la decisión de los cirujanos de llevar a cabo la operación, dado que los riesgos de tomar esta medicina incluyen una mayor tendencia a desarrollar cáncer, así como una posible reducción en la esperanza de vida de entre 10 y 20 años.
Aún así, los galenos defienden el procedimiento y aseguran que "es muy fácil decir que no lo debimos haber hecho, pero la vida de la paciente ha cambiado, puede ir de compras, de vacaciones, tiene una vida de nuevo".
La doctora Sylvie Testelin destacó que "antes, Dinoire no podía vivir. No se reconocía a sí misma y se asustaba. Nadie puede vivir así".
Mientras que el cirujano maxilofacial Bernard Devauchelle señaló que pese a las controversias, ?hoy día todos coinciden en que el resultado es excelente y que estábamos en lo correcto al hacer lo que ya hemos hecho".
En lo que era una operación calificada como histórica, los doctores le ofrecían a Isabelle pocas esperanzas de poder reparar el daño que había sufrido su cara utilizando técnicas de la cirugía convencional.
Por lo que luego de analizar el caso coincidieron en que la mujer necesitaba un transplante facial.
Fue así que ella decidió someterse a esta operación sin precedentes. Y tras una intervención quirúrgica que duró 15 horas, Isabelle Dinoire se convirtió en la primera mujer en el mundo en poseer una cara transplantada.
Dos días después, Isabelle vio su nuevo rostro en el espejo por primera vez.