Expertos advierten sobre el peligro de grasa abdominal

Los lípidos que se acumulan en la panza pero en el interior de los órganos -la grasa visceral- son un factor de riesgo cardiovascular que se incrementa con otras patologías. Informe de Infobae.com

Guardar
  162
162

La grasa que se acumula en la panza es la màs peligrosa de todas: no sólo hace correr un punto el cinturón, sino que es la responsable de una buena parte de los problemas cardíacos. Y ni hablar si esa pancita sobresale en una persona hipertensa.

Ese abdomen prominente está contabilizado, en la actualidad, como un factor de riesgo cardiometabólico, al igual que el colesterol ?malo? alto, el tabaquismo, la hipertensión y una resistencia a la insulina, entre otros.

Sin embargo, los expertos advierten que estos factores no constituyen una enfermedad en sì misma, sino que pueden ser modificados y corregidos, lo que alarga la expectativa ?y la calidad- de vida de la persona.

?Ser gordo enferma?, asegura Mónica Katz, directora del posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro. La especialista señala como el gran culpable a las grasas que se depositan en la panza, especialmente la intra abdominal o visceral.

Se trata de lípidos que se alojan dentro del músculo: si bien estéticamente molestan los rollitos que se ven y palpan, esa grasa no constituye el peligro real para el corazón de la persona. Estos adipositos o celulas grasas también se alojan en el interior de órganos como el páncreas y el hígado, lugares donde no deberían aparecer.

Katz asegura que tener grasa visceral ?como se la conoce a esa grasa oculta- es un factor de riesgo cardiovascular altísimo para una persona y se potencia si ese paciente, además, fuma, no hace ejercicio, tiene diabetes, hipertensión o cualquier otro factor de riesgo asociado.

?La obesidad abdominal predice el síndrome metabólico aún en personas con índice de masa corporal normal?, añade la especialista.

El IMC es una fórmula que divide el peso por la altura al cuadrado. Lo normal sería tener un IMC de 18 a 25: más de 30 se considera obesidad.

Según el estudio Nhanes (US National Health and Nutrition Examination Survey), entre 1988 y 2000 la prevalencia de la grasa abdominal subió un 28% en los hombres y un 18% en mujeres.

Los lípidos, los grandes culpables

El gran problema empieza cuando esta grasa acumulada en el interior del abdomen se combina con otros factores de riesgo. Pero también es un camino que conduce a otros factores, como la diabetes.

?Cuando tratamos los factores de riesgo de manera individual conseguimos avances pero no es suficiente?, puntualiza Alberto Villamil, jefe de Cardiología Preventiva del hospital Cosme Argerich.
El experto señala que la hipertensión es, muchas veces, minimizada porque los pacientes no saben qué tienen hipertensión. O están mal controlados. Pero el inconveniente se agrava cuando el ciudadano tiene grasa visceral: esos adipositos ?células grasas- liberan miles de sustancias, y entre ellas, una que eleva la presión.

Villamil marcó la importancia de la prevención de este factor de riesgo. ?Si el paciente ya tiene hipertensión, estamos llegando tarde. Y se agrava con la edad. Lo importante es hacer prevención en nuestros hijos y nietos?, añadió.

Cómo detectar la grasita y empezar a combatirla

El caso es que los lípidos intra abdominales no se ven a simple vista: una persona puede tener rollitos pero no necesariamente grasa interna. Para detectar la presencia de adipositos en el interior de los órganos se puede efectuar una tomografía computada o una tomografía por emisión de positrones, dos técnicas de diagnóstico. Pero también es fácil de detectar con un simple centímetro en un consultorio de un médico, que además cruzará estos datos con un análisis de orina y sangre.

En caso de ser un paciente en riesgo, es importantísimo comenzar con un tratamiento: el médico indicará los pasos a seguir, pero lo más seguro es que incluya un plan de alimentación, un programa de actividad física y hasta actividades de relajación. En casos más complejos, donde los pacientes añaden más de tres factores de riesgo, habrá que añadir un tratamiento farmacológico. Un ejemplo lo constituye un mayor de 50, que fuma y además tiene antecedentes genéticos de enfermedades cardiovasculares en su familia.

En esos casos también está la colaboración de los fármacos, que por supuesto son prescriptos por un especialista y deben ser controlados.

Entre las novedades en el mercado está el rimonabant, una droga recientemente aprobada por la Comisión Europea para su comercializaciòn y que aún no ha llegado al mercado argentino.
Producido por el laboratorio Sanofi Aventis, el fármaco impide que los endocanabinoides (sustancias químicas) se unan a otras que se encuentran en la grasa visceral; este sistema es el responsable del metabolismo de alimentos y la regulación del peso corporal. Así, la droga disminuye la actividad de este sistema.

?El rimonabant bloquea este proceso a nivel del cerebro, en el hígado y en la sangre. Este bloqueo lograría bajar la señal de saciedad, bajar la grasa intra abdominal y por consiguiente, disminuir el peso?, señala Alfredo Lozada, farmacólogo y médico lipidólogo del Hospital Austral y de Fleni.

El fármaco fue testeado pr el estudio Rio que se realizó sobre seis mil pacientes en dos añso, sin diabetes pero obesos.

?La circunferencia abdominal de los voluntarios que recibieron el rimonabant, además de un plan nutricional y ejercicio, disminuyó un 8,5%?, relató Lozada.
En pacientes con síndrome metabólico mostró también una reducción de los factores de riesgo, entre ellos, de la hipertensión.

Sin embargo, el rimonabant no está indicado para cualquier persona. Los médicos expusieron exactamente las características del paciente ideal, que debe ser obeso o con sobrepeso y otros factores de riesgo asociados. Pero los argentinos deberán esperar a que esté aprobado para comercializarse en el país.