Chicago y Boca, una historia de rencores

El domingo el barrio de Mataderos será escenario de la presencia de dos de las hinchadas más importantes que tiene el fútbol argentino. Hay, entre ellas, un peligroso ánimo de venganza. El antecedente del malestar entre las barras

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 EFE 162
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Cuando el domingo jueguen en Mataderos Chicago y Boca estarán en el lugar dos de las hinchadas más numerosas que tiene el fútbol argentino. Dos grupos antagónicos que lejos están de mantener una buena relación y que tal vez buscarán, a no ser que la medidas de seguridad puedan evitarlo, vengar un incidente ocurrido este año en el Luna Park, cuando un hincha verdi-negro fue agredido por un grupo de ?La Doce?.

En aquella noche del 22 de abril, la del regreso de Jorge "Locomotora" Castro al ring, cuando perdió con el colombiano José Herrero, parte de la hinchada de Boca agredió a un seguidor de Chicago (Oscar Marín), quien aparentemente tenía relación con miembros de la ?primera línea? de la parcialidad boquense, pero no con los de la ?segunda línea?, que fueron los que lo golpearon violentamente.

La batahola duró aproximadamente cinco minutos, sin que interviniera la policía y sin que hubieran arrestado a los responsables. El agredido fue trasladado al Hospital Argerich.

Días atrás del episodio, Castro había estado en la tribuna popular con los barrabravas, cuando Boca se enfrentó a Newell's por el torneo Clausura.

Chicago y Boca no mantienen, como sucede entre otras barras, una buena relación. Hasta lo ocurrido aquella noche, lo de ellos era la indiferencia. Sobre todo por parte de los de Mataderos; a los boquenses les molestaba todavía un ?toque de oreja? que les hicieron los hinchas de Chicago cuando fueron a un partido en la Bombonera, a comienzos de esta década, con una bandera enorme, de esas que ninguna hinchada lleva a esa cancha.

Empleados del Gobierno de la Ciudad algunos de ellos, los seguidores de Boca y Chicago se conocían de ese lugar. Los unía, además, el peronismo de Capital Federal. No más que eso.

Lo del Luna Park fue un quiebre, entonces, en una relación indiferente que comenzó desde ahí a manifestarse en insultos por parte de los de Mataderos en cada uno de los partidos siguientes. La sed de venganza era un objetivo.

Una fuente le contó a infobae.com que el sector más violento de los de Mataderos fue a vengarse de los de Boca buscándolos en el club Leopardi, en el cercano Villa Luro, donde ?paran? algunos de los hinchas de Boca.

Ese encuentro no se concretó pero quedaron las promesas, ratificadas en cánticos amenazantes. ?No somos como Chacarita? entonaban los de Chicago al recordar la noche del Luna Park y vaticinar un futuro enfrentamiento.

Desde abril a esta parte ninguno de los integrantes de ambas hinchadas llegó a algún ?acuerdo de paz?. Es por eso que se espera que el domingo haya en el aire ese espíritu de venganza que sólo podrán evitar la Policía y las otras medidas de seguridad que se tomen.

Chicago ratificará en el mismo escenario del partido su condición de local debido a que suele seguirlo una multitud que colmará cada uno de sus sectores. A Boca, por el contrario, se le darán sólo 2.000 ubicaciones, tal vez algunas más, tal como hace cada vez que juega en la Bombonera. Este número le hará sentir su condición de visitante en carne propia.

Habrá que ver, entonces, qué le dará el violento fútbol nuestro de cada fin de semana a las crónicas deportivas que se transforman en policiales.