El parto, que se hizo por primera vez por cesárea, llegó en medio de especulaciones de la prensa acerca del sexo del bebé, y coincide con una encendida discusión acerca de cambios en la ley de sucesión para permitir que una mujer ascienda al trono imperial.
La familia real japonesa, cuyos orígenes se remontan a unos 1.400 años atrás, no produce un heredero masculino desde 1965 y muchos temían una crisis de sucesión si no se cambia la ley, que data de 1947.
El príncipe heredero Naruhito -hijo mayor del emperador Akihito- y la princesa Masako tienen una hija, Aiko, de 4 años, pero hasta el momento no hijos varones.
La princesa Kiko, de 39 años, y el hermano menor de Naruhito, Akishino, de 40, tienen dos hijas, pero nacimiento del varón lo transforma en el tercero en la línea de sucesión, detrás de Naruhito y Akishino.
Antes de conocerse la noticia, numerosas encuestas revelaron gran apoyo público para poner a la princesa Aiko en el trono, y un panel especial recomendó el año pasado considerar un cambio de la ley de sucesión, una idea que fue apoyada por el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi.
Los sectores conservadores, sin embargo, lanzaron un contraataque y dijeron que una reforma en la norma dañará la milenaria y singular tradición imperial del Japón.
El debate fue abandonado abruptamente y la propuesta cajoneada en febrero pasado cuando Kiko anunció su embarazo.
El nacimiento de una niña seguramante pondría la discusión otra vez en el centro de la escena, mientras que el nacimiento de un varón es ahora una excelente noticia para los conservadores, aunque no garantiza el fin del debate, según analistas.
"Espero que nazca un bebe saludable. Esto es una noticia muy feliz. Y sería mejor aún si esto hace que la gente joven quiera tener más hijos", había dicho el premier Koizumi, en alusión a la baja tasa de nacimientos de Japón.
La familia real no dijo si ya saben cuál es el sexo del bebé.