Particular por donde se lo mire. Excéntrico, carismático, directo. Por qué no, soberbio. Sergio Hernández tiene todos los atributos necesarios para comandar, desde afuera, la Selección argentina de básquetbol que irá a Japón con la única premisa de volver con el primer puesto bajo el brazo o, al menos, con un lugar en el podio.
?La oveja? nunca fue un gran jugador de básquet, pero su exitosa carrera como entrenador comenzó cuando era muy joven. Tenía 29 años cuando se hizo cargo del Sport Club de Cañada de Gómez, que militaba en la Liga Nacional, en 1992.
Él mismo relató una graciosa anécdota que vivió cuando era un pibe en un entrenamiento de la Selección argentina hace poco más de veinte años.
Viajó a Buenos Aires, desde su Bahía Blanca natal, sólo para ver la práctica. Se sentó cerca de las líneas de la cancha y, en un parate, el técnico de ese momento, Alberto Finger, se dirigió a él diciendo: ?Oveja, alcanzame las pelotas?. Hizo oídos sordos al pedido, pero el DT volvió a insistir varias veces, acompañado con el reclamo de los jugadores.
Cuando Hernández se disponía a tomar los balones y sentirse, al menos, el utilero del equipo, apareció Mario ?La oveja? Coronel ?el verdadero utilero y que tenía el mismo apodo- que era el verdadero destinatario de tal pedido.
Pero nunca se achicó. Llegó su debut como entrenador en la Liga y luego su paso por Deportivo Roca, Regatas de San Nicolás, Estudiantes de Olavarría y Boca. Con estos dos últimos clubes, ganó todo lo que se le cruzó en el camino. También tuvo un breve paso por el Lobos Cantabria de la Segunda División de España.
Hace casi un año y medio, Sergio Hernández tomó el timón de uno de los equipos más exitosos de la historia del deporte argentino con el objetivo de reemplazar al exitoso Rubén Magnano.
A partir de mañana, tendrá la posibilidad de crear su propia historia en el básquet con la ?Legión Dorada? esperando sus indicaciones.