A pocas horas de que el chubutense Omar Narváez retuviera por octava vez la corona mundial mosca de la OMB frente a Rexon Flores, se cumplen 30 años de que el legendario "Intocable", Nicolino Locche, le dijera adiós al boxeo en el hotel "Llao Llao", de Bariloche.
Cuando se cumple otro aniversario del natalicio del gran Carlos Monzón y de la muerte de Luis Angel Firpo, también hace 30 años, ante el chileno Ricardo Molina Ortiz, se producía la despedida del estilista más genial en la historia del boxeo argentino.
"El Intocable" colgaba para siempre los guantes. Por lo visto, el 7 de agosto marca momentos trascendentes para el pugilismo nacional, relevantes por el calibre de los nombres que están involucrados con esa fecha.
Monzón, uno de los medianos más grandes de la historia, según el CMB y la AMB, cumpliría 64 años. Por otro lado, hace 46 que entraba en la inmortalidad el "Toro Salvaje de Las Pampas".
Nacido en Tunuyán el 2 de septiembre de 1939 y con un récord de 103 victorias (14 por nocauts), cuatro derrotas, 14 empates y una sin decisión, Locche fue quien le quitó dramatismo a una de las disciplinas deportivas más duras.
Sin dudas, un fenómeno irrepetible de las últimas décadas. Muchos sostienen que más que un boxeador, "El Intocable" fue algo así como un showman del ring, capaz de cruzar palabras con algún reportero gráfico mientras bloqueaba entre el encordado el ataque de su rival.
Cuando "Chaplin" peleaba en el Luna Park la noche tenía un encanto especial. "Total esta noche, minga de yirar, si hoy pelea Locche en el Luna Park", reza un pasaje del tango de Chico Novarro que inmortalizó su nombre.
Si hasta parecía que se burlaba de sus oponentes cuando les ponía la cara, para luego hacerles errar ráfagas de cuatro o cinco golpes. Después, les palmeaba la cabeza como excusándolos. Un artista, un genio, un mago del cuadrilátero.
Cuentan las crónicas de aquella época que antes de subir al ring para pegarle la paliza de su vida al hawaiano Paul Fuji y arrebatarle la corona mundial en aquel épico 12 de diciembre del '68 en Tokio, Japón, alguien le preguntó a Locche: "¿Qué sintió antes de semejante pelea?", a lo que Nicolino, con gesto sobrador, respondió: "¿Qué pelea?".
Niño mimado del gran maestro Francisco "Paco" Bermúdez, "El Intocable" fue el boxeador más exquisito y talentoso en el arte de la defensa, no necesitaba pegar para adjudicarse el round, simplemente marcaba los golpes.
Alguien que desconcertaba arriba y abajo del ring y que parecía desinteresado de todo y de todos. En su extensa campaña profesional, que se inició el 11 de diciembre del '58 cuando doblegó por nocaut en el segundo asalto a Luis García, Nicolino fue campeón mendocino ligero, argentino y sudamericano liviano y mundial welter juniors de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
Luego de defender exitosamente el título ante el "Morocho" Hernández, Joao Henrique, Adolph Pruitt, Domingo Barrera y Antonio Kid Pambelé Cervantes, el 20 de marzo del '72 lo resignó por puntos ante Alfonso Peppermint Frazer.
Un año más tarde trató de recuperarlo en Maracay, pero cayó por nocaut en la novena vuelta frente a Kid Pambelé. Hasta que el 7 de agosto del '76, en el Hotel Llao Llao de San Carlos de Bariloche, frente al chileno Ricardo Molina Ortíz, colgó definitivamente los guantes.
El cigarrillo fue su peor rival, al que le venía aguantando algunos rounds en los últimos tiempos. En septiembre del '94 fue sometido a una operación de triple by-pass debido a una insuficiencia cardíaca por su gran adicción al tabaco.
En julio del '98 y enero de 2000, una insuficiencia cardiopulmonar descompensada debido a su enfermedad pulmonar obstructiva crónica lo tuvo al borde del nocaut. El pasado 7 de septiembre, a los 66 años, Nicolino, el más grande, murió como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio en su domicilio de Las Heras en su Mendoza natal a las 22.45, aproximadamente.
Quien le dibujó una sonrisa al boxeo, entró en la inmortalidad. Considerado como un prócer del boxeo argentino, Locche era algo así como una atracción turística mendocina, puesto que todo aquel que visitaba la tierra del sol y del buen vino quería verlo y estrecharle la mano.
Se podrán discutir algunos matices de su vida privada, pero sobre un ring fue único, incomparable, irrepetible.