Cuando el sexo es adicción

La comunidad Sexo Adictos Anónimos ayuda desde hace 13 años en la Argentina a aquellas personas que viven sus relaciones como una obsesión

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Hombres y mujeres se reúnen semanalmente para sobrellevar una adicción que les maneja la vida: el sexo. Sumergidos en un intenso programa tratan de retomar sus vidas y recuperar su autoestima. Intentan dejar atrás un secreto que los condena.

Seis veces por semana se dan las charlas de la comunidad de Sexo Adictos Anónimos (S.A.A.) en diferentes espacios de entidades religiosas. Allí se ofrece contención a las personas que viven la sexualidad como una adicción, informó la revista del diario Clarín.

"Si estamos acá es porque de a poco reconocimos que la única manera de detener nuestro comportamiento destructivo era admitiendo que no podíamos parar. Esa es la clave", explicó uno de los miembros del grupo.

Las personas que llegan a la comunidad poseen el autoestima baja y no suele poder ver cuales son sus armas de salvación. En muchos de los casos, se llega a esa instancia tras haber experimentado algún tipo de abuso (sexual, físico o emocional) en la infancia.

El objetivo del programa no es la abstinencia, sino el sacar al sexo del centro de la vida. No se trata de clausurar la vida sexual, sino llevarla al plano afectivo.

"Se trata de un camino de conocimiento y de auto aceptación. Es común que uno quiera bajar los brazos ante la primera decaída. La consigna es hacer las tareas del programa. Más que hacer fuerza, se trata de aplicar las pautas y ser obediente. También de las recaídas se aprende", explicó uno de los miembros de la comunidad.

El grupo utiliza doce pasos para ayudar a recuperarse de esa adicción. En las reuniones se trabaja durante una hora sobre textos de literatura aprobada por la oficina central de Sexo Adictos de los Estados Unidos. Luego, cada participante cuenta lo que le está pasando y cómo está llevando su recuperación.

Una de las consignas es no dar consejos. Cada uno debe vivir el proceso de manera personal. Para ayudar en la recuperación se recurre a la imagen de tres círculos concéntricos. En el centro se ubican las actitudes que se intentan dejar.

Esta adicción puede ser muy solitaria. En la mayoría de los casos los familiares y amigos de quienes la padecen desconocen lo que está pasando. La baja autoestima hace que se aíslen del mundo. El secreto los condena a una vida de soledad.

"Aquí se fomenta el perdón, el verdadero perdón, el que viene de lo más profundo, porque luego de vivir estas cosas, o se cambia o no se puede vivir; ni avanzar, ni construir", explicó otro miembro.