Alto y potente. Goleador y oportunista. Frío y definidor. Algunas de las características del jugador que dentro de pocos meses se transformará en uno de los principales enemigos de los argentinos durante 90 minutos y la mayor amenaza para el arco de Roberto Abbondanzieri: el serbio Mateja Kezman.
Sinónimo de gol a lo largo de su trayectoria como futbolista, los elogios que recibió desde que pisó un campo de juego no tuvieron nunca que ver con la habilidad, la gambeta o cualquier tipo de firuletes con la pelota, sino con la efectividad con ella dentro del área.
Nacido en 12 de abril de 1979 en Belgrado, en la ex Yugoslavia, los inicios de Kezman fueron siempre dentro de sus fronteras. Comenzó jugando en dos equipos chicos antes de meterse en la primera división de su país. El Zemun y el Radnicki Pirot se dieron el lujo de contar con el futuro crack.
Después de vestir un tiempo la camiseta del Loznica, y después de gritar varios goles, debutó en el Sartid en 1997, donde en apenas un año demostró la calidad ofensiva que lo destaca, hizo delirar 9 veces en 17 partidos a sus hinchas e iluminó los ojos de un grande de la entonces todavía Yugoslavia: el Partizan Belgrado.
A fuerza de goles y más goles, finalmente armó las valijas y cruzó los límites de su tierra natal hacia Holanda, donde alcanzaría el pico máximo de rendimiento de su carrera.
Allí defendió los colores del PSV Eindhoven y durante cuatro temporadas, entre el 2000 y el 2004, se transformó en ídolo y principal figura de su equipo.
Kezman fue la manija de un PSV que ganó tres títulos en esos cuatro años y terminó tres veces como el máximo goleador del torneo. Algunas de sus cifras realmente asustan: en la temporada 02/03 metió 35 goles en 33 encuentros. Impresionante.
Además, con la roja y blanca fue elegido, luego de su sensacional campaña y de amargar a casi todos los fanáticos del resto de los equipos holandeses, como el Mejor Jugador del año.
Con este currículum, el ruso Roman Abramovich no dejó pasar la oportunidad y Kezman se mudó a Inglaterra, para ser compañero de uno de los 9 que tendrá como rivales en Alemania, el marfileño Didier Drogba, y reemplazar a otro, Hernán Crespo, que en esa temporada fue cedido al Milan.
Allí sumó más lauros a sus vitrinas y consiguió el título de la Premier League y la Copa de Liga. Sin embargo, no tuvo su año más iluminado bajo la conducción del portugués José Mourinho y estuvo peleado con el gol.
Con la llegada de Carlos Bianchi al Atlético de Madrid, el serbio se puso la camiseta colchonera, pero el destino del equipo en la liga no fue mucho peor que su rendimiento, ya que tampoco brilló como en otras épocas.
Kezman se transformó en ídolo en su tierra al llevar a su país al Mundial. Goleador de su equipo en las eliminatorias, marcó el tanto clave que le dio el pase a Alemania ante Bosnia. Pero hay que recordar que el delantero se había retirado de la selección luego de no entrar a la Eurocopa 2004.
De todas maneras, y para alegría de los serbios, Kezman retornó tras el cambio de técnico, al ser nombrado entrenador Ilja Petkovic.
Luego de recuperarse de una operación de los meniscos de su rodilla derecha, es la principal carta de ataque y la fuente de ilusión de los hinchas montenegrinos, que pondrán sobre su espalda las esperanzas de sorprender al mundo en el primer Mundial que jugarán bajo el nombre de Serbia y Montenegro.
Gustavo Markiewicz
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