Benedicto XVI ya publicó su primera encíclica

Benedicto XVI publicó ayer el texto, que no traza la línea de su pontificado, habla del amor a Dios y de la caridad eclesiástica. La encíclica fue escrita por el Sumo Pontífice durante sus vacaciones y remite a filósofos, sabios y poetas para ilustrar el concepto de amor divino 

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(EFE)-

Nueve meses después de su elección como Pontífice, el Vaticano hizo pública ayer la primera encíclica de Benedicto XVI, "Deus caritas est" (Dios es amor), en la que no traza las línea de su pontificado, sino que habla del amor a Dios y de la caridad eclesiástica.



La encíclica (carta solemne que dirige el Papa a los obispos y fieles católicos del mundo), está dividida en dos partes. La primera se titula "La unidad del amor en la creación y en la historia de la Salvación" y la segunda, "Caritas, el ejercicio del amor de Dios por parte de la Iglesia como 'comunidad de amor'".



La primera parte es una reflexión teológico-filosófica sobre el amor en sus diferentes dimensiones -erótico, amistad y entrega- y la segunda es sobre la aplicación concreta del mandamiento amarás al prójimo como a uno mismo.


 

Benedicto XVI se remite a filósofos, sabios y poetas como Nietzsche, Gassendi, Descartes, Virgilio o Platón para ilustrar el concepto de amor divino en su primera encíclica, y para rechazar que el cristianismo haya destruido el eros.



En "Deus caritas est" (Dios es amor), Joseph Ratzinger asegura que en un mundo en el que a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con el odio y la violencia, el mensaje de amor divino tiene gran actualidad y que por ello ha querido hablar de ese amor "con el que Dios nos colma y que debemos comunicar a los demás".



Para el Papa, la célebre frase de Friedrich Nietzsche "el cristianismo dio a beber veneno a Eros, que no murió por ello pero degeneró en vicio" expresa una apreciación muy difundida y es que, con su preceptos, la Iglesia "convierte en amargo lo más hermoso de la vida" y "pone carteles de prohibición allí donde la alegría predispuesta por el Creador nos ofrece una felicidad que nos hace pregustar algo de lo divino".



Ratzinger se pregunta si verdaderamente, como dice el filósofo alemán, el cristianismo ha destruido el eros, para lo cual se remonta a los griegos para ver como consideraban el eros, precisando que lo entendían como un "arrebato, una locura divina que prevalece sobre la razón".



En este punto, el Pontífice afirma que el eros "ebrio e indisciplinado no es elevación hacia lo divino, sino caída y degradación del hombre".



"Resulta así evidente que el eros necesita disciplina y purificación para dar al hombre no el placer de un instante, sino un modelo de hacerle pregustar en cierta manera lo más alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo ser humano", afirma el Papa, que precisa que no se trata de "envenarlo", sino de sanearlo para que alcance su verdadera grandeza.



El Pontífice afirma en el texto que el hombre está compuesto de cuerpo y alma y que sólo es él mismo cuando existe una unidad íntima entre ambas. Y vuelve a echar mano de los filósofos, esta vez de los galos.



Así, recuerda que Pierre Gassendi se dirigió a Renée Descartes y le saludó con un "Oh alma" y que la respuesta fue "Oh carne".



El Papa responde que si el hombre pretende ser sólo espíritu y rechaza la carne perdería su dignidad y que si repudia el espíritu y sólo considera el cuerpo malogra su grandeza.



"Sólo cuando ambos (espíritu y carne) se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente él mismo, afirmó.



Benedicto XVI también recurre a Platón para explicar que el hombre es incompleto y que sólo será completo cuando está en comunión con el otro sexo.



Según el Papa, el eros "orienta" al hombre hacia el matrimonio, "un vínculo marcado por su carácter único".



"A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo, el matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios, escribe el Papa, que concluye la primera parte de la encíclica afirmando que el amor es "divino" porque proviene Dios.



El texto consta de 78 páginas y lleva la fecha del 25 de diciembre de 2005, Natividad del Señor.



La encíclica fue escrita por Joseph Ratzinger el pasado verano, durante sus vacaciones en el Valle de Aosta.



Ayer, minutos antes de que el Vaticano la hiciera pública, Ratzinger afirmó que espera que la lectura de la encíclica "refuerce la fe de los fieles" y les ayude "a amar mayormente a Dios y a realizar actos de caridad hacia el prójimo".


 

Según vaticanólogos y especialistas en Ratzinger, la primera parte se ve que es de "puño y letra" del Papa, pero que la segunda está relacionada de alguna manera con Juan Pablo II, quien tenía previsto escribir una encíclica sobre la caridad, pero la muerte se lo impidió, según dijo hoy el arzobispo Jozef Cordes, presidente del Consejo Pontificio "Cor Unum", que se encarga de distribuir la caridad del Papa, durante la presentación del texto.


 

La unidad de los cristianos

El papa Benedicto XVI ha "implorado" hoy la unidad de los cristianos, "una común misión" para que la "luz de Cristo" se difunda por todo el mundo "y los hombres puedan convertirse y salvarse".



El Pontífice hizo ese ruego en la homilía celebrada en la Iglesia de San Pablo Extramuros, ubicada en Roma, con la que ha concluido hoy la Semana de Plegarias por la Unidad de los Cristianos, bajo el tema: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy entre ellos".



"La unidad es nuestra común misión", dijo Joseph Ratzinger dirigiéndose a los representantes de Iglesias y Comunidades eclesiales cristianas pero no católicas.



Según Ratzinger, esa unidad "es la condición para que la luz de Cristo se difunda más eficazmente en cada ángulo del mundo y para que los hombres se conviertan y sean salvados".



El Obispo de Roma reconoció: "¡Cuánto camino hay delante de nosotros!", aunque añadió: "Pero no perdamos la confianza, al contrario retomemos el camino juntos. Cristo nos precede y acompaña".



Fue entonces cuando declaró: "Contamos con su indefectible presencia; a El imploramos humilde e infatigablemente el precioso don de la unidad y de la paz".



En alusión a su primera encíclica publicada hoy, Benedicto XVI dijo que el amor es "esa sólida roca se apoya toda entera la fe de la Iglesia". Y sobre esa piedra angular se basa "la paciente búsqueda de la plena comunión entre todos los discípulos de Cristo".



Por ello, Ratzinger afirmó que "el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior, que no viene impuesta de fuera, sino que desde dentro da forma al conjunto".



El Pontífice hizo suya la invocación que Jesús mismo elevó al Padre por sus discípulos: "para que todos sean una sola cosa. Como tú, Padre, eres en mi y yo en ti, sean ellos también en nosotros una sola cosa, para que el mundo crea que tu me has enviado".



Durante la homilía, Ratzinger dirigió su "cordial saludo" a todos "los hermanos y hermanas de otras Iglesias y Comunidades eclesiales de esta Ciudad; unidos en el único bautismo, que nos hace miembros del único Cuerpo místico de Cristo".