Falleció el preso político más antiguo de América

El ex militar paraguayo Napoleón Ortigoza murió a los 73 años en un hospital de Asunción. Fue víctima de la dictadura de Alfredo Stroessner, que gobernó entre 1954 y 1989

(EFE).- El ex militar paraguayo Napoleón Ortigoza, considerado en su día el preso político más antiguo de América, falleció hoy de un paro cardiorrespiratorio en el hospital de Asunción donde estaba internado, informaron fuentes familiares.

"Falleció el capitán Ortigoza, un símbolo de toda la crueldad humana que pueda dar una dictadura", declaró a EFE su hija Mirtha, quien agregó que su "padre no resistió y ahora descansa paz".

Ortigoza, de 73 años, ingresó de urgencia en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Italiano de la capital el pasado 27 de diciembre, por "un problema serio de deficiencia inmunológica causado por la hepatitis, secuela directa de una crisis asmática que él padece", informó en la ocasión su hija.

El 11 de enero último fue trasladado al centro médico San Roque también de Asunción, en donde falleció la pasada madrugada.

Mirtha destacó hoy que "el tratamiento era difícil porque le costaba mucho estar solo en terapia intensiva".

"Napoleón Ortigoza es un símbolo que no deber ser olvidado nunca, ni aquí ni en ningún lugar del mundo, sobre todo ahora que se están reagrupando los neoestronistas", declaró su hija en referencia a un grupo del Partido Colorado (gubernamental) que reivindican los logros de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Ortigoza, con el grado de capitán de Caballería, fue detenido en 1962 y un año después un tribunal militar lo condenó al paredón por la muerte de un cadete durante una presunta conspiración para derrocar al dictador Alfredo Stroessner, que gobernó Paraguay desde 1954 a 1989 cuando se exilió en Brasil.

Seis años más tarde una instancia judicial castrense superior conmutó la pena de muerte por una condena de 25 años de prisión pero debido a las presiones internacionales fue beneficiado en 1987 con la prisión domiciliar.

Tras pasar 25 años en condiciones infrahumanas en las cárceles de la dictadura, Ortigoza, con ayuda de sus abogados, protagonizó en 1988 una espectacular fuga de su arresto domiciliario, con intercambio de disparos incluido, y se refugió en la Embajada de Colombia en Asunción.

Con un pasaporte diplomático facilitado por la legación colombiana, viajó a España, donde recibió tratamiento psiquiátrico para superar las secuelas de los 25 años de prisión y de las torturas, para regresar a su país en 1990 con un salvoconducto concedido por el fallecido presidente Andrés Rodríguez.

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