Perfil de Joaquín Lavín

Un ferviente católico que fue alcalde de los distritos más importantes y en 1999 forzó al actual presidente Lagos a una segunda vuelta electoral. El pinochetista ahora asumió un discurso de izquierda para intentar llegar al poder

EFE 162

(EFE).- Joaquín Lavín, el candidato de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI) a la presidencia de Chile, es un miembro activo del Opus Dei que, paradójicamente, asumió un discurso de izquierda en su segundo intento por llegar al poder.

Desgastado por seis años en campaña y amagado no sólo por la coalición gobernante, sino desde su propio sector por la candidatura del empresario Sebastián Piñera, Lavín desahució sus pilares conservadores y neoliberales para mostrarse como defensor pobres y marginados.

Tan clara es la percepción de que el próximo día 11 es un "ahora o nunca" para él, que en su propio partido ya surgen alternativas a su liderazgo, como el diputado y candidato a senador Pablo Longueira, que admitió su intención de ser candidato presidencial en 2010.

Para mantenerse vigente, Lavín no escatimó recursos y amplió su alejamiento de Augusto Pinochet, de cuyo régimen (1973-1990) su partido fue el sustento ideológico.

Lavín aprovechó cada oportunidad para simpatizar con la causa de los derechos humanos y manifestar su desencanto por el enriquecimiento ilícito de quien fue su mentor político.

"Los hechos que ahí se relatan me producen una profunda decepción por lo que ocurrió en Chile", comentó tras difundirse en 2004 el "Informe Valech", que certificó que más de 28.000 personas fueron torturadas durante la dictadura.

"Se ha roto una tradición de los presidentes de Chile, como personas que se iban para su casa más pobres que cuando llegaron al cargo", afirmó tras desvelarse las cuentas secretas de Pinochet.

"Siento una desafección cada vez mayor con lo que fue ese período", aseveró el pasado mayo respecto del régimen militar, época en que además de estudiar una maestría en la Universidad de Chicago, fue decano de Economía de la Universidad de Concepción y editor del diario El Mercurio.

También fue asesor de la Oficina Nacional de Planificación y publicó "La Revolución Silenciosa", un libro de encendidas alabanzas al régimen.

Joaquín Lavín Infante, ingeniero comercial de 52 años y miembro activo del Opus Dei, se convirtió en la esperanza de la derecha chilena en 1999, cuando forzó al actual presidente Ricardo Lagos a una segunda vuelta electoral.

Esa vez obtuvo el 48,8 por ciento de los votos y al día siguiente de la elección ya era candidato para el 2005, pero seis años de campaña parecen haberle pesado.

Sus cuatro años como alcalde de Santiago (2000-2004) los pasó más como candidato que como jefe del municipio más importante de Chile, lo que le llevó a perder bonos en su objetivo de transformarse de "hacedor de cosas" a "estadista".

Antes (1992-1999), había sido alcalde de Las Condes, el municipio más rico de Chile, donde cumplió una labor ensalzada diariamente por los medios, que lo elevaron a la categoría de figura nacional.

Lavín se mantuvo desde su derrota electoral frente a Lagos como "el político con más futuro" y amplio favorito como próximo presidente en todas las encuestas, hasta la irrupción de la socialista Michelle Bachelet desde la coalición gobernante.

El descenso de su popularidad culminó el pasado mayo, cuando Sebastián Piñera levantó su propia candidatura presidencial y rompió la "Alianza por Chile", que forman su partido, Renovación Nacional y la UDI de Lavín.

La "Alianza" logró formar una lista única parlamentaria a la elección del 11 de diciembre, pero la rivalidad entre ambos partidos ha hecho que los analistas duden de la capacidad para gobernar que pueda tener una coalición tan remendada.

Con una encomiable fuerza de voluntad, Joaquín Lavín aún confía en que será él y no Piñera quien compita con Michelle Bachelet en una eventual segunda vuelta, sustentado en una campaña pletórica de promesas para los sectores postergados.

Preguntado el presidente Ricardo Lagos por la palabra que mejor define a Joaquín Lavín respondió: "esfuerzo".

Jugado a fondo por captar "el voto popular", Lavín presentó un programa que pone el acento en acelerar el crecimiento económico, creación de empleos, más oportunidades para las regiones y la promesa de acabar, "con mano dura" con la delincuencia que, según su propaganda, se ha impuesto a causa de la complacencia del Gobierno.

La soluciones que propone rebosan populismo, según los demás candidatos: pues van desde reformas que alteran el modelo económico que su partido ayudó a crear hasta una cárcel-isla y jubilaciones para todas las amas de casa.

Pero hay asuntos en que este católico de misa y comunión diaria no cede: "yo entiendo lo del condón, pero voy a hablar como papá (...) no me gustaría que mis hijas anduvieran con un condón en la mochila. No quiero esa sociedad, no quiero ese Chile", afirmó el pasado 19 de octubre en un debate con los demás candidatos.

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