El marido de Britney, el bailarín Kevin Federline, tuvo un pésimo comportamiento desde que su mujer dio a luz a su hijo, Sean Preston.
Kevin nunca estaba en la casa argumentando que la rubia le prestaba más atención al pequeño que a él. Por eso, la diva decidió echarlo para que se fuera a vivir con un amigo.
Pero parece que la historia ha tomado un nuevo rumbo. Según la agencia Ansa, la pareja se reconcilió "por el bienestar del niño", que ya tiene tres meses.
La diva pasó una aguda crisis tras el nacimiento del pequeño. Hasta se dijo que se había volcado en el alcohol para paliar sus sufrimiento. "Su autoestima está por los suelos. Está agotada e intenta olvidarse de todo bebiendo. Sólo se relaja cuando toma un par de copas", contó una fuente meses atrás.