La familia Bielsa podría medirse hasta por un patrón "genético" de conducta: los unifica la palabra renuncia. Al menos eso es lo que puede observarse en los casos de Rafael y Marcelo, dos hombres que se desempeñan en ámbitos muy distintos, aunque ambos atravesaron situaciones similares.
Marcelo, el "Loco" que se va
La comparación más sencilla que se puede plantear al lector es ésta: el ex técnico de la Selección renunció, y ahora, su hermano Rafael, también lo hizo (a la banca primero, a la embajada de Francia después), pero en realidad, la novela del ex canciller tuvo su antecedente en la de Marcelo antes de que asumiera la conducción de la Selección Nacional.
Vélez se había coronado campeón del Torneo en la Argentina y el siempre inquieto y cerrado "Loco Bielsa" ya tenía el futuro asegurado: el Espanyol lo había contratado como DT, a despecho de que el equipo argentino quería pasar otra temporada bajo la conducción de Marcelo.
Tras renunciar y declinar renovar su contrato, el menor de los Bielsa desembarcó en España. Los hinchas se ilusionaron con ese técnico argentino que había llevado al estrellato a otros equipos, como Newell?s.
Pero el "Presidente" lo llamó y le dijo que tenía que asumir en la Selección argentina. Así fue como Julio Grondona lo convocó y Marcelo aceptó dirigir al primer equipo, que tiempo después fracasó rotundamente al volver con las manos vacías en la primera ronda del Mundial de Corea-Japón.
Lo cierto es que los hinchas del Espanyol que "habían votado" por Bielsa se encontraron con una rápida renuncia. En pocas palabras, la renuncia en Vélez se convirtió en renuncia a Espanyol, y cuando todo parecía salir "a pedir de Boca" con el equipo argentino, tras obtener el Oro Olímpico, volvió a renunciar "por cansancio moral" y se recluyó en un campo del pueblo de Crespo, en Entre Ríos, lugar donde sigue viviendo...encerrado.
Rafael, el que va y viene
El canciller argentino tiene una historia zigzagueante, que se consagró como tal en las últimas horas como es público y notorio. Bielsa, Rafael, fue electo diputado, pero un llamado del Presidente, consintiendo acaso un deseo del propio Bielsa, sirvió para confirmarle que lo destinaba a Francia como embajador.
Pero apenas 24 horas más tarde, ante la repulsa de sus votantes, renunció a su flamante puesto y generó desconcierto en el Gabinete Nacional y en toda la sociedad. El síndrome de la renuncia funcionaba a full.
Rafael Bielsa argumentó que fue una cuestión "moral" su decisión de cumplir con el mandato surgido de las urnas. Y es probable que así haya sido, aunque del ridículo no se vuelva ni siquiera al reconocer humanamente un error, algo infrecuente en los políticos.
Interesante, como anotación marginal, está también la actitud de los argentinos, parecida a la de los propios hermanos Bielsa. En un momento Marcelo era considerado el hombre ideal para conducir a la Selección, pero después del fracaso del Mundial terminó odiado por la gente, más cuando renunció tras los Juegos Olímpicos en Atenas. Rafael parece describir la misma parábola. Al bohemio rosarino, poeta, narrador y hasta cantaautor, a la sazón canciller, lo votó el 20% del electorado en Capital Federal, pero quiso ir como embajador a Francia, y entonces hubo decepción entre muchos de los que sufragaron por él el 23 de octubre pasado. Su decisión posterior terminó de provocar el total rechazo de sus votantes, que hoy critican duramente sus idas y vueltas, aunque admitir su falta de coherencia no estuvo nada mal.
La pregunta del millón es: ¿Rafael decidirá acompañar a su hermano en el campo de Entre Ríos? La tradición renunciante en la familia Bielsa viene de lejos, vale aclarar. Tal vez de dos generaciones anteriores, un par de ramas en el árbol genealógico: uno de sus abuelos, por ejemplo, también llamado Rafael, fue un excepcional jurista especializado en el derecho administrativo nacido a fines del siglo XIX, y se alejó de la Justicia por no verese obligado a subordinarla a la política. Fue una cuestión de principios.