La homosexualidad, por siglos denostada, prohibida y humillada por la sociedad, llegó hoy a un nivel de aceptación insospechado hace apenas 15 años atrás.
Sólo mencionar que un transexual es la estrella más popular de la Argentina y que la mayoría de los programas de entretenimiento, series y hasta películas no dejan de incorporar en sus elencos a personajes homosexuales, denota al fin una aceptación a otra de las tantas formas de sentir.
Porque si algo quedó fuera de duda en estos tiempos es que cada ser vivo del planeta está en condiciones de elegir cómo y con quién quiere vivir.
En un informe publicado por el portal LatinSalud.com se destaca que ?la importancia de comprender que existen múltiples y muy variadas maneras de sentir y vivir la sexualidad reside en que ésta no es una parte secundaria de la personalidad sino, muy por el contrario, se encuentra en el centro íntimo del individuo, siendo esencial para su felicidad y realización como persona?.
La sexualidad humana, a diferencia de la animal ?aseguran en el artículo-, está conformada por un sinnúmero de elementos más allá de lo genital. Comprender esto es la base para la aceptación de las diferentes maneras de expresar los sentimientos y el erotismo.
Para lograr que una elección de vida sexual no sea nunca más un motivo de discriminación, los especialistas hacen especial hincapié en la educación escolar, familiar y social.
Parafilia
Durante siglos, las orientaciones sexuales que no se ajustan al modelo heterosexual han sido consideradas patológicas y desviadas. Sin embargo, la homosexualidad y la bisexualidad dejaron oficialmente de considerarse "enfermedades" hace ya varias décadas.
Parafilia es el nombre con el que se define a la manera diferente de expresar el amor. El concepto no pone el acento en el objeto sexual, sino en el objeto del afecto de aquellos que sienten diferente de la mayoría heterosexual.
Este modelo considerado "normal" fija su objeto sexual -y de afecto- en el género opuesto. Pero las personas que se sienten atraídas física y espiritualmente por otras del mismo sexo, o de ambos, no son un porcentaje tan bajo de la población como para ser considerados "anormales".
Distintas estadísticas coinciden en que el diez por ciento de la población no es heterosexual y que en cada ciudad un promedio del 13 % es homosexual (Alfred Kinsey).
El rechazo que muchos sienten por las personas parafílicas se basa quizá en que desafían un modelo sexual que encuentra su fin último y valedero en la procreación. Sin embargo, aun las personas heterosexuales la mayor parte del tiempo ejercen su sexualidad sin el objeto de engendrar hijos.
Es importante entender que las personas parafílicas -homo o bisexuales, aunque existen otras variantes- no eligen libremente su objeto de afecto. Tal y como les sucede a los heterosexuales, se sienten atraídos por uno u otro género sin poder proponérselo o modificarlo.
Aquello que sí puede elegir un individuo es actuar o no de acuerdo a sus sentimientos. En el caso de la sexualidad, el imponerse un objeto sexual y afectivo contrario a las propias sensaciones puede ser fuente de gran insatisfacción. El desarrollo libre y honesto de la sexualidad es imprescindible para la salud plena de cualquier ser humano.
Fuente: LatinSalud.com