Perfil de Schroeder: ?Vendré a buscarte con un Mercedes?

El canciller alemán vivió una infancia de pobreza y, obligado a trabajar desde muy pequeño, hizo una inusual promesa a su madre

El canciller alemán, Gerhard Schroeder, ha resucitado de la muerte demoscópica y, contra todos los pronósticos, revertido en victoria personal y política la turné de despedida que supuestamente iba a ser esta campaña electoral.

Schroeder, gran jugador de la política, buscó el envite de la cristianodemócrata Angela Merkel y lo que todos creían que iba de farol se convirtió, al filo de la medianoche, en un triunfo.

Es un rasgo de la personalidad de Schroeder plantar cara al viento cuando sopla de frente, crecerse ante los desafíos, luchar hasta el último aliento, tirar de la carreta en solitario.

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Para sus detractores son síntomas de la atracción -que no apego- que siente Schroeder por el poder, de una carrera política forjada a golpe de ambición, pragmatismo, perseverancia y algo de suerte.

En la legislatura que termina, Schroeder ha hecho girar dos veces la ruleta política y puesto voluntariamente a disposición su posición de poder: en febrero de 2004 anunció que abandonaba la presidencia del SPD, en mayo de 2005 elecciones anticipadas.

El primer anuncio sorprendió a sus correligionarios, el segundo a éstos, a sus socios en la coalición de gobierno -Los Verdes-, y a toda Alemania: "Schroeder se lanza al vacío", tituló un diario.

Pero en ningún caso dio señales de cansancio o de apatía suicida. Todo lo contrario. Sus comparecencias fueron las de un hombre de Estado que seguía su calendario y su política exterior disciplinado, seguro, simpático y soberano.

"Me pregunto si la señora (Angela) Merkel tendría la entereza para aguantar presiones y actuar como mi gobierno en un caso como Irak. La política roji-verde es soberana, la de Merkel una incógnita", repitió estos días de campaña.

Schroeder nació en el seno de una familia humilde, es hijo de una viuda de guerra que tuvo que trabajar como mujer de la limpieza para salir adelante, y más por inercia que por activismo ingresó, a los 20 años, en el SPD.

Se forjó en clases nocturnas, trabajando como botones, compartiendo privaciones familiares y mirando siempre hacia arriba: "Algún día vendré a buscarte en un Mercedes", prometió a su madre.

Se licenció en Derecho y ejerció como abogado, hasta que la política se coló de lleno en su vida y para siempre.

En 1978 fue elegido, con 34 años, jefe de las Juventudes Socialdemócratas, dos años después diputado federal y en 1990 jefe del gobierno de Baja Sajonia, cargo que ejerció hasta su victoria en los comicios generales de 1998 frente a Kohl.

Dicen que Schroeder ha cambiado más en sus siete años de gobierno que Helmut Kohl en los dieciséis que fue canciller.

En el ámbito privado parece haber encontrado la estabilidad al cuarto intento, junto a la periodista Doris Koepf, musa que acentúa su fragilidad con diseños de Chanel y recibe permanentes demostraciones de amor de su marido.

"Ella no conseguirá ninguno mejor", titulaba un diario junto a una foto de la pareja -padres de dos hijas, una aportada por ella al matrimonio, la otra adoptada el pasado año en Rusia- brindando con champán en una cena de gala, mirándose a los ojos.

El cambio en política que observan los analistas en el canciller se manifiesta de manera más sutil, en su oratoria. Ya no dice en los actos del SPD "queridos compañeros, queridas compañeras" sino "señoras y señores" y tampoco habla de "coalición gubernamental con Los Verdes" sino de "constelación" o "proyecto".

Nada ni nadie parece doblegar la voluntad del canciller por sacar adelante unas reformas que, pese al daño que ahora pueden hacer, asegurarán a Alemania, dice, un lugar potente en el globalizado mundo del siglo XXI. Y puede que a él otro en la Historia.

Pero Schroeder, que presuntamente ha gobernado pensando en su legado, sabe reirse de sí mismo y distanciarse con ironía de las cosas.

El cuadro que eligió para su despacho, "Adlerpartitur III" del artista Georg Baselitz, muestra un águila cabeza abajo, la del escudo oficial de Alemania, pero girada en 180 grados. ¿Hasta donde llega el simbolismo?, ¿hasta donde la ironía?.

Los sondeos aventuraban que el 18 de septiembre sería el final de la era Schroeder, su último vuelo. El parecía tomárselo como un episodio.

Ahora, los resultados provisionales de los comicios parecen indicar que la oposición podría tener que esperar una nueva legislatura, la tercera, para la partida de revancha.

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