La osada decisión de un grupo de universitarios generó hace un siglo el nacimiento de uno de los hijos dilectos de La Plata, el club Estudiantes, una entidad que a lo largo de su existencia pudo devolverles a esos precursores la felicidad envuelta en gloria.
En aquella tarde del 4 de agosto de 1905 una veintena de universitarios de la capital provincial decidieron separarse del tradicional Gimnasia y Esgrima y fundar una entidad que tuviera al fútbol, ese juego inglés que ya seducía a muchos argentinos, como deporte principal.
Los visionarios, como parte del mismo juego, formalizaron el nacimiento de los "albirrojos" sin imaginar que el placer de correr detrás de una pelota se convertiría, décadas después, en la mitad de la pasión de una ciudad que tiene al fútbol como esencia de su cotidiano ritmo de vida.
Nadie imaginó en la casona de Félix Díaz que ese día comenzaba a escribirse una historia que convocaría a miles de hinchas en los tradicionales cafecitos de la ciudad y que 62 años después, llevaría el nombre de la ciudad soñada por Dardo Rocha a los primeros lugares del mundo deportivo.
Del primer presidente nombrado, Miguel Angel Gutiérrez, participante de esa asamblea fundacional, al primer título del club sólo transcurrieron ocho años y la dinámica de la historia hizo que la vida institucional fuera parte de una gran vorágine.
Ese primer logro en plena era amateur (1913) fue el puntapié inicial para una época de consolidación de Estudiantes, que ya en el profesionalismo dejaría su marca indeleble.
"Los profesores" de 1931 le dieron a Estudiantes el primer momento de gloria cuando su delantera conformada por Miguel Angel Lauri, Alejandro Scopelli, Alberto Máximo Zozaya, Manuel "Nolo" Ferreira y Enrique Guaita, llenó de fútbol y goles la canchas argentinas.
En el debut de la era rentada lograron un meritorio tercer puesto detrás de Boca Juniors y River Plate, y una actuación sobresaliente de esos atacantes le dio a Zozaya el honor de ser el primer máximo artillero de un campeonato oficial, con 33 conquistas, dos más que Scopelli.
Por esos años, el club disfrutaba de su estadio en 1 y 57 -en un predio cerca del bosque donde antes funcionó el Velódromo local- que se inauguró el 25 de diciembre de 1907 y hoy lleva el nombre de Luis Jorge Hirschi, presidente entre 1927 y 1932.
En los años cincuenta un equipo despertó gran interés en la hinchada "albirroja" y estaba constituido por Ogando; Eguiguren y Palma; Garceron, Ongaro, Ardanaz, Gagliardo, Negri, Infante, Arbios y Pellegrina.
Sin embargo, la explosión sucedería en los últimos años de la década del sesenta cuando el "Pincha", con un plantel conformado en su gran mayoría por futbolistas criados en el club, se alzó con su primer título profesional al ganar el Metropolitano de 1967.
Ese logro fue además un punto de inflexión en el fútbol argentino porque por primera vez se consagraba un equipo de los denominados "chicos" como ganador de un certamen oficial de AFA.
El Estudiantes que dirigió Osvaldo Zubeldía, el ingeniero de las hazañas del club, nació con la llegada del entrenador a mediados de 1966 y con la promoción de un grupo de jugadores que constituían hasta ese momento una división conocida como la "tercera que mata".
"Huevo" Zubeldía, un estratega, nacido para revolucionar el fútbol, le sumó a esos chicos talentosos y hambrientos de gloria, un par de jugadores con experiencia, entre lo que se destacó su futuro "alter ego": Carlos Salvador Bilardo.
Tras la consagración internacional de Racing Club en 1967, Estudiantes edificó su escalera a la gloria conquistando en tres años cinco títulos internacionales (tres Copa Libertadores (68/69/70); una Intercontinental (68) y una Interamericana (68).
Con un estilo de juego que generó adeptos a ultranza y detractores enceguecidos que llegaron a denominarlo el "antifútbol", Estudiantes fue el ?Rey de América? en tiempos en los que los torneos internacionales eran parte de una contienda mitad deportiva y mitad "bélica".
Esos hombres fueron: Alberto Poletti; Eduardo Manera, Ramón Aguirre Suárez, Raúl Madero y Oscar Malbernat; Carlos Bilardo, Carlos Pachamé y Juan Miguel Echecopar; Marcos Conigliaro, Eduardo Flores y Juan Ramón Verón.
La consagración como el mejor equipo del mundo en 1968 tras vencer al poderoso Manchester United, fue el punto más alto de aquella página que tuvo a partir de 1971 una caída producto del fin de una era.
Once años después, de la mano de Bilardo, el mejor alumno de Zubeldía, Estudiantes recuperó el protagonismo al ganar nuevamente un torneo local -el Metropolitano de 1982- con un plantel que tenía jugadores de la talla de Marcelo Trobbiani, Alejandro Sabella, José Luis Ponce, Miguel Angel Russo, entre otros.
Ese mismo plantel, esta vez con otro histórico, Eduardo Luján Manera, alcanzó el tercer título local al imponerse en el Torneo Nacional de 1983, en lo que fue el último festejo del club platense.
Luego vendrían los años de peleas por sobrevivir en la primera división, el descenso de 1984 y un rápido regreso a la máxima categoría en la temporada 84/85.
Asimismo, se caracterizó por promover figuras que luego de explotar con la casaca del "Pincha" llenaron de fútbol la canchas argentinas y del mundo con otros clubes.
Al cabo, el centenario llegó al club de 1 y 57 con las ilusiones intactas y la misma furia que impulsó a aquellos visionarios a construir la gloria "albirroja" entre diagonales.