La Iglesia reiteró su repudio contra el "pensamiento único"

Distintos obispos católicos expresaron su crítica a los poderes hegemónicos y alertaron que conllevan un riesgo de convertir la democracia en un totalitarismo

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"No al pensamiento único". La sentencia se repite cada vez más en los sermones de los obispos, como una forma de cuestionar los poderes hegemónicos que dicen percibir en varios niveles de la sociedad.

No es sólo una critica a una forma de hacer pol¡tica, sino que la consideran una advertencia frente al riesgo de convertir la democracia en un autoritarismo más o menos solapado.

El cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires) es quien más utiliza el latiguillo, e incluso en una oportunidad lo emparentó sutilmente a la gestión del presidente Néstor Kirchner y sus funcionarios.

"Hay que tener una mirada llena de compasi¢n ante el paso prepotente e irrespetuoso de quienes como gurúes del pensamiento único, aun desde los despachos oficiales, nos quieren hacer claudicar en la defensa de la dignidad de la persona", propon¡a en marzo el purpurado a los catequistas porteños.

La fórmula se volvió a escuchar el 25 de Mayo, cuando monseñor Baldomero Mart¡n (San Justo) rogó a Dios que conceda a los argentinos "la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda para superar los resentimientos y el pensamiento único".

Los hombres de Iglesia consideran ?según explicaron a DyN interlocutores vá lidos- que de no reivindicarse el quehacer de la cosa pública, la Argentina corre el riesgo de caer en una uniformidad de pensamiento similar a la que se plasmó en la Alemania nazi.

"Adolf Hitler uniformó el pensamiento y creó un totalitarismo desde la pluralidad democrática. No a través de las ideas sino porque encontró una estructura enferma de ambición y de suficiencia que anuló la diversidad y la discusión sobre los proyectos", graficó en junio el cardenal Bergoglio.

Una endemia que para el purpurado porte¤o se cura con "un parlamento independiente, sin miedos y que no se venda ni se tiente de otorgarle más superpoderes al Ejecutivo para gobernar por decreto".

La frase tuvo otro giro el 9 de Julio, cuando el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Carmelo Giaquinta (Resistencia), se quejó de las pujas intestinas de los partidos y de que la democracia se degrade al concebirse como "el modo de hacer lo que a uno se le ocurre al margen o contra el bien común".

"Esta es la causa por la que los partidos olvidaron que representan sólo a una ?parte? y no a la totalidad de la ciudadan¡a, y por tanto de volverse hegemónicos, de generar formas sectarias de actuar, que incluso llegan a ser totalitarias", enfatizó entonces.

El prelado chaqueño ya la hab¡a utilizado en marzo, cuando no ahorró sutilezas para poner en duda la decisión "unilateral" del presidente Kirchner de desconocer a monseñor Antonio Baseotto como obispo castrense: "¿La Argentina ser una sociedad democrática, o regir en ella la ley del chicote?".

Los obispos atribuyen este principio hegem¢nico a "los caudillos" o "señores feudales" que por d?cadas manejaron a gusto la pol¡tica, sobre todo en las provincias.

La negativa eclesial al pensamiento único se repitió este lunes en Santiago del Estero, donde monse¤or Juan Carlos Maccarone exhortó a la dirigencia, en medio de la campa¤a para reformar la Constituci¢n provincial, a comprender que "los arreglos de ?cúpulas?, no siempre implicarán la unidad de los ciudadanos en torno a ellos. Todo lo contrario, podrá contribuir a su aislamiento".

"También deberán analizar ?sugirió- qué magro servicio le hacen a la democracia, sobre todo cuando hay que instaurarla de verdad, y no un pensamiento único que, a la vuelta de la esquina, se transforma en autoritarismo".

Frente a este cuadro, la Iglesia exige ?pudo saber DyN- que la autoridad se ejerza mediante las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), y reciba el control del pueblo (a traves de las urnas), so pena de convertirse "en tiran¡a o dictadura".
 
Agencia DyN