Se suicidó porque no soportó el asesinato de su marido

Al prestigioso médico Carlos Roveda lo mataron en la puerta de su casa 40 días atrás. Silvia Roveda, su esposa, se quitó la vida por el dolor. La mujer dejó tres cartas

Guardar
  162
162

La esposa del prestigioso oftalmólogo Carlos Roveda, asesinado el mes pasado durante un intento de asalto, se suicidó el miércoles dándose un balazo en el corazón, luego de dejar tres cartas -una agradeciéndole al comisario por su labor- en las que contaba los motivos de su decisión.

Según indicaron a la agencia  DyN  fuentes policiales en medio de un pozo depresivo, Silvia García de Roveda (56) se pegó el balazo que le provocó la muerte en el acto.

El suicidio de la mujer se produjo casi 40 días después del crimen de su esposo, el oftalmólogo Carlos Roveda (58), quien fue ultimado por delincuentes cuando volvía a su casa a bordo de su camioneta, en el barrio porteño de Villa Crespo.

Entre el jueves y el viernes pasado cuatro sujetos fueron detenidos en la Capital Federal y en la ciudad de La Plata sospechados de haber sido los autores del intento de robo y del homicidio del médico.

Abelardo, hermano de Silvia, dijo a Radio 10 que "uno de los hombres que habrían disparado contra el oftalmólogo había sido reconocido" por la viuda, principal testigo del hecho.

Además, comentó que al momento de ser detenidos, por el robo a un comercio, los delincuentes "tenían el arma con la cual le dispararon, la misma ropa y el mismo auto", que utilizaron para asaltar y asesinar a Carlos.

"El caso está totalmente esclarecido", dijeron fuentes policiales que se mostraron convencidos de la presunta autoría de los arrestados.

La mañana del miércoles, la mujer desayunó, leyó el diario y se fue a la habitación que compartía con el oftalmólogo. A las 11, mientras la empleada de limpieza estaba en la casa, la mujer tomó un revolver calibre 38 y se mató.

Según pudo saber DyN, la mujer dejó tres cartas. Una a su marido; otra al juez de instrucción que investiga el crimen, Eduardo Daffis Niklison, y la última al comisario Ernesto Weber, de la seccional 27, que llevó adelante la pesquisa.

"Gracias por la eficiencia y el afecto que me dieron" y "no se olviden de nosotros", escribió la mujer a los investigadores, según relataron fuentes del caso.

Vecinos y amigos se mostraron conmocionados. "Ella preparó todo, no quería vivir porque su vida era su marido", dijo una allegada.

Todo ocurrió el domingo 5 de junio, en la puerta de la casa ubicada en Olaya al 1200, entre Antezana y Coronel Apolinario Figueroa, cuando Roveda y su esposa -que vivieron un largo matrimonio sin tener hijos- volvían de pasar el día en la localidad bonaerense de Cañuelas.

Cuando estaban por guardar la camioneta 4x4 en el garaje, Roveda sacó el Honda Civic que tenía estacionado y tres hombres aparecieron en un Renault Clio y lo amenazaron.

No está claro si Roveda intentó sacar una pistola calibre 38 que llevaba consigo, pero lo cierto es que los delincuentes le dispararon un tiro en el pecho y otro en la cabeza y escaparon.

"No le dieron la más mínima oportunidad. No se puede decir que esa gente eran animales porque no tienen ningún sentimiento", dijo Silvia Roveda horas después de la tragedia, mientras que sus propios vecinos aseguraban que la mujer estaba "desesperada" y "quería matarse".

Silvia García habitualmente acompañaba a su marido en el centro oftalmológico que poseía en Rivadavia al 1500 de esta capital. Y pacientes de Roveda que solían verla en ese lugar la recordaron ayer con dolor.

Roveda era un prestigioso profesional de dilatada trayectoria, en la que había ocupado, por ejemplo, la presidencia de la Sociedad Argentina de Oftalmología entre 1999 y 2000.

Se desempeñó como profesor adjunto de la especialidad oftalmología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y había publicado diversos trabajos sobre la materia, entre ellos un manual.