Tiene que pagar 4.500 euros por gritarle a una camarera

El jugador holandés Patrick Kluivert recibió la multa de un tribunal de Barcelona por un hecho que ocurrió hace un año

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(EFE) - Patrick Kluivert, el ex delantero del Barcelona ahora en las filas del Valencia, deberá pagar una multa de 4.500 euros por insultar y zarandear a la relaciones públicas de una discoteca de Barcelona que no pudo proporcionarle una mesa.

La sección novena de la Audiencia de Barcelona estimó parcialmente el recurso presentado por la camarera, Silvia C., y multiplicó por diez la multa que el juzgado de instrucción número 10 de Barcelona impuso hace un año al jugador por una falta de vejación injusta.

La sentencia de primera instancia justificó esta multa mínima de 450 euros a Kluivert por el hecho de que no constaban los ingresos económicos del denunciado, que no se presentó al juicio.

Sin embargo, el alto tribunal no comparte esta tesis y recuerda que Patrick Kluivert es "un famoso jugador internacional de fútbol profesional, cuyos salarios se publican y difunden ampliamente en los medios de comunicación".

Según la sección novena, "de creer sólo la décima parte de lo publicado, los ingresos del denunciado en un ejercicio constituyen una cifra que sobrepasa y multiplica por diez el salario medio de cualquier empleado o profesional".

La sentencia, que describe el comportamiento de Kluivert durante la noche de autos como "zafio, grosero y prepotente", no aumentó, no obstante, la indemnización que el internacional holandés deberá pagar a la relaciones públicas del local, y que asciende a 300 euros.

Los hechos por los que Kluivert fue condenado ocurrieron el 11 de abril de 2004, durante la sesión de tarde de la discoteca Pachá de Barcelona, a la que el delantero holandés llegó con dos amigos y sus respectivas parejas con la intención de disfrutar de una de las zonas privadas que ofrece el local.

Silvia C., la relaciones públicas de Pachá que atendió al jugador y a sus acompañantes, les comunicó que no tenía mesas libres, y entonces Kluivert la llamó "zorra" y la zarandeó mientras le exigía que le encuentre inmediatamente una.