El líder del Movimiento Nacional Justicialista vivió 78 años, estuvo exiliado, fue presidente tres veces y fundó las bases del Partido Justicialista.
La vida política de Juan Domingo Perón se caracterizó por la intensidad; sus últimos meses de vida, cuando regresó definitivamente al país, fueron los más fuertes, con el ascenso a su última presidencia y la enfermedad, en medio de una cruel lucha intestina en el movimiento que conducía.
Ya su retorno definitivo al país, el 20 de junio de 1973, fue una muestra cabal de los tiempos que se avecinaban: tormentosos y cargados de sangre, y que tuvieron como radiografía de la interna del peronismo los hechos ocurrido en Ezeiza, entre la derecha y la izquierda del movimiento, según explica NA.
Perón descendió en el aeropuerto de Morón y tomó las riendas de las decisiones, sin proponérselo, con medidas que fueron un límite para una importante parte de sus seguidores, en especial los más jóvenes.
Se obligó a que renunciara a la presidencia Héctor J. Campora, que asumiera Raúl Lastiri, y ya sin la proscripción que dictaminara Alejandro Agustín Lanusse, Perón pudo presentarse como candidato del Frejuli.
La fórmula Perón-Perón arrasó en las elecciones de septiembre de 1973, cuando logró más del 65 por ciento de los votos y llevó al viejo caudillo a asumir la primera magistratura por tercera vez en su vida.
Pero no pudo disfrutar mucho, ya que a 48 horas del triunfo recibió un golpe directo al corazón cuando la agrupación Montoneros acribilló al secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci, frente a uno de sus domicilios en Flores.
La muerte del sindicalista fue una mazazo para Perón del cual le costó recuperarse; en ese marco asumió el 12 de octubre, cuatro días después de cumplir 78 años.
En medio de esta realidad, el enfrentamiento entre los sectores de Monteneros y la ortodoxia peronista se ponía al `rojo vivo', una situación que se acentúo con la caída de gobiernos provinciales identificados con los grupos revolucionarios.
La aparición de la Triple A comandada por José López Rega, el avance de los sindicalistas, y la ruptura del idilio de Perón con aquellos jóvenes, tuvo su momento de eclosión con el discurso en la Plaza de Mayo el Día del Trabajador.
Luego de echarlos del lugar, el Gobierno de Perón vivió un mes violento, que incluyó la muerte del padre Carlos Mujica a manos de la Triple A.
Vencido ya por una broncopatía infecciosa, tuvo su último acto político el 12 de junio, cuando la escasez de alimentos y el mercado negro que estaba en fuerte crecimiento lo tentó a renunciar a la Presidencia.
La CGT se movilizó a la Plaza de Mayo y le reafirmó su liderazgo en un acto que también sirvió para su despedida política.
Dieciocho días después, se terminaba finalmente su lucha. Su paz duró hasta 1987, cuando un 1 de julio, el mismo día de su muerte, profanaron la tumba y cortaron sus manos. Nunca se conocieron los responsables ni el destino de los miembros amputados.