River Plate fue eliminado de la Copa Libertadores de América al caer sin atenuantes 3-2 ante un superior y criterioso San Pablo, en una despareja serie semifinal del más importante torneo continental a nivel equipos.
El partido se disputó en un completo estadio Monumental y ahora San Pablo enfrentará en la finalísima al ganador de la llave que libran Chivas de Guadalajara y Atlético Paranaense, también de Brasil.
El primer tiempo finalizó 1-1, pero San Pablo, que exhibió un esquema astutamente ofensivo, se adelantó en el marcador 3-1, lo que obligó a River a marcar una enorme cantidad de goles para neutralizar no sólo la derrota puntual sino la que había sufrido en el choque de ida 2-0 en Brasil.
San Pablo sorprendió de entrada con un planteo mucho más ambicioso del presumido y tanto más todavía del que imaginó el vacilante entrenador Leonardo Astrada, quien vaticinó que por poco se iba a colgar del travesaño y que de visitante su rendimiento bajaba enormemente.
Nada que ver. En rigor, ocurrió exactamente lo contrario, al grado de dar la sensación de que el que estaba urgido de goles era el visitante, que ya avisó seriamente a los 10 minutos cuando Costanzo salvó un mano a mano ante Souza dando corner. De ese tiro de esquina ejecutado por el propio Souza sobrevino la apertura del marcador. El centro fue bastante cerrado, fallaron Ameli y Lucho González en la cobertura, Costanzo se quedó clavado en la raya y Danilo la mandó a la red de cabeza mediante gran anticipo.
Un murmullo profundamente derrotista inundó al repleto estadio Monumental. Y no era para menos, ya que River no reaccionaba, cometía viejos errores defensivos, no podía controlar la pelota en el medio y arriba no lastimaba para nada.
A los 15 minutos el palo izquierdo devolvió un tiro libre del arquero Rogerio y a los 21 Luizao desperdició una buena contra con débil remate de emboquillada. Increíblemente, San Pablo estaba mucho más cerca de aumentar que River de igualar.
Lo primero interesante de River irrumpió recién a los 23 minutos, cuando Gallardo desbordó por izquierda y su centro atrás dejó a Lucho libre para al menos sacar un remate mucho más presentable del que ejecutó: débil, casi con displicencia, con esa compulsión a la definición de lujo que deberá corregir el talentoso internacional.
A los 24 por fin Astrada hizo algo sensato al sacar al otra vez flojísimo lasteral izquierdo Federico Domínguez y colocar al mediapunta Daniel Montenegro.
El chileno Salas, aún con sus limitaciones físicas, era lo más criterioso en River, tirándose atrás para conectarse con Gallardo o bien intentar avanzar por el costado derecho.
Un exacto pase suyo a los 33 fue definido como un amateur por el Tecla Ernesto Farías, quien enseguida, a los 34, se desenvolvió como lo que es y tan bien lo hacía en Estudiantes, un notable goleador. Dominó con el pecho otro pase milimétrico de Salas y ajustició a Rogerio con volea de derecha.
Allí comenzó otro partido y River llegó a justificar el empate por su empuje, decisión y tareas positivas de Mascherano, Gallardo, Salas y Farías.
Gallardo estrelló un tremendo derechazo en en travesaño a los 39 con Rogerio sin reacción, otro remate del Muñeco fue desviado al corner con mucho esfuerzo por el arquero y de allí al final hubo una asfixiante presión de River, pero muy mal instrumentada, ya que se empecinó en tirar centros aéros que fueron conjurados fácilmente de cabeza por una defensa con mucha más altura física que los ocasionales atacantes rivales.
El segundo tiempo fue muy parecido al primero. Lejos de adoptar una actitud cautelosa, San Pablo fue por más y a los 14 minutos Amoroso puso el 2-1 en fulminante contraataque con derechazo a la carrera tras centro de Junior por izquierda.
A los 16 se lució Rogerio desviando un misil de Diogo que llegó a dar en el travesaño y a los 17 el impresentable árbitro chileno Rubén Selman le anuló erróneamente un gol a San Pablo al marcar inexistente falta de su autor Mineiro contra Costanzo, quien dio ingenuo rebote ante un tiro de Luizao y luego fingió infracción.
La superioridad de San Pablo se plasmó a los 35 minutos, cuando Fabao estampó el 3-1 tras pase de Souza y sin ninguna oposición de la por entonces disuelta y rendida defensa de River. El descuento de Salas a los 39 apenas sirvió para la anécdota.
El final fue toda una paradoja para River. Pese a este otro fracaso y humillación en la Copa Libertadores, su gente lo siguió alentando quién sabe por qué motivo ya que en lo futbolístico, lo de su equipo resultó tristísimo, lamentable. Para peor sus más enfurecidos hinchas atacaron cobardemente con piedras a los pocos hinchas brasileños en una tribuna popular alta.
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