EFE.- El extraño caso del apéndice humano en el guiso de frijoles del restaurante de comida rápida Wendy's tenía, desde el principio, todo el aspecto de ser una patraña, lo cual no impidió que pronto se convirtiese en comidilla nacional.
"Las piezas del puzzle comienzan a estar en su sitio", dijo hoy el jefe del departamento de policía de San José, Rob Davis. Davis agregó que el propietario del apéndice es un socio del marido de la mujer que lanzó el bulo, Anna Ayala, y que éste lo perdió en un accidente en una fábrica en diciembre.
La policía consiguió dar con el propietario gracias a una llamada al número habilitado por Wendy's, que incluso ofreció una recompensa de 100.000 dólares a cambio de información sobre el origen del dedo.
El episodio le ha supuesto a la empresa de comida rápida, la tercera en el país con unos 6.600 locales, pérdidas millonarias en los establecimientos del norte de California, donde se produjo el incidente.
No es de extrañar: la sola visión de un dedo, con uña y todo, flotando en el guiso le quitaría el apetito a cualquiera.
Todo comenzó el pasado 22 de marzo, cuando Ayala, de 39 años, dijo haber encontrado el apéndice flotando en su plato de fríjoles con carne en un local de Wendy's en San José (California).
La noticia no tardó en correr como la pólvora y se barajaron las más peregrinas teorías, como que pertenecía a una ex domadora de animales salvajes, y fue objeto de chascarrillos en los programas de televisión nocturnos.
Inicialmente, Ayala dijo que presentaría una demanda, pero luego cambió de idea.
Un cambio de opinión de lo más sospechoso, sobre todo si a esto se le suma que con anterioridad ya había interpuesto demandas contra la cadena de restaurantes El Pollo Loco y contra General Motors, entre otras.
Al parecer, uno de los detalles fundamentales que despertó las sospechas de la policía es que, a diferencia del resto del plato, el dedo no había sido cocinado durante tres horas, según se desprendió del análisis efectuado por la policía.
Ayala está detenida bajo fianza de medio millón de dólares, y se enfrenta a un máximo de siete años de cárcel.
Uno de los cargos de que se le acusa no guarda relación con este incidente sino con la venta de un tráiler en San José, en una operación con la que supuestamente engatusó a una mujer que le pagó 11.000 dólares.