Boca los prefiere negros

La ovación que se llevó Baiano frente a Pachuca, terminó de cerrar el círculo. Virtuosos o aguerridos, goleadores o defensores, a diferencia de otros grandes, Boca los acepta, los protege, y los ama

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Cuando el brasileño Baiano volvía a su posición en el campo, tras festejar el cuarto gol de Boca ante Pachuca, recibió una ovación digna de un ídolo. Todavía no lo es, y quizás nunca lo sea, pero en ese mismo momento quedó flotando en el cálido aire que se respiraba en el estadio que la relación entre los hinchas y los ?morenos? es históricamente, la de un amor incondicional.

Ese feed back, empezó con el brasileño Domingos Da Guia, un zaguero central que llegó en 1935 y que en sus 56 partidos se ganó el cariño de los hinchas que admiraban su elegancia.

Da Guía, marcó una época, y con la llegada en los 60 de Orlando, Valentim, Meléndez, y Orlando Medina, se terminó de afianzar la afinidad.

Valentim fue el máximo goleador del club en superclásicos, y el ?Tin-tin-tin-gol de Valentim? forma parte del cancionero histórico de la 12.

Orlando, Meléndez y Orlando Medina fueron casi contemporáneos y levantaban ovaciones, cada vez que tocaban el balón, o no se los dejaban tocar al rival. Sobre todo el peruano, que tenía un estilo tan pulcro y cuando Pestarino lo expulsó, le terminó pidiendo disculpas.

José Rodríguez Neto fue traído por Carmelo Faraone en el 82, y marcaba tanto la punta derecha como la izquierda, algo siempre valorado por los hinchas.

Al igual que las ganas del camerunés Alphonse Tchami, quien se dio el lujo de jugar al lado de Maradona, de anotar un gol en el ?Monumental?, pero por sobre todas las cosas provocar otro canto característico en la gente ?oh oh oh, Tchami, Tcahmi?, al ritmo del sube y baja de los brazos.

Más cerca en el tiempo, se puede mencionar a Iarley y Luis Amaranto Perea, quienes gozaron del cariño y respeto. El brasileño, sólo por haber bailado a River, el colombiano, por su constante entrega.

Pero el amor de los de Boca por ?sus negros? se potencia si se echa un vistazo a los demás clubes, adonde les costó mucho hacer pie.

Didí descubrió nada menos que a J.J, Merlo y Alonso, pero como en el 71 River arrastraba una sequía de 14 años sin títulos, la resistencia de la famosa platea San Martín se le hizo insostenible.

Machado Da Silva, ese enorme goleador que tuvo Racing en el 69, nunca se recibió de ídolo. Y lo mismo le pasó al ?Palomo? Usuriaga, un jugador notable del Independiente campeón del 94, que si bien era reconocido, nunca pudo desplazar del corazón de los Rojos a Daniel Garnero.

A Eduardo Bennet, le hicieron fama de ?asesino?. A Grisales no lo bancaron y a Leonardo Favio Moreno, los hinchas de San Lorenzo lo miran con enorme desconfianza.

En el último campeón, Newell´s, sólo le dieron un partido de tolerancia a Jardel, un brasileño que llegó con grandes antecedentes.

Sergio Levinsky, sociólogo especialista en deportes, reconoce que los hinchas de Boca tienen un cariño especial por los negros, y lo explica: ?Con respecto a por qué Boca ama a los negros, cosa que es cierta, es por una simple razón:. Porque todo lo que huele a pueblo, todo lo que significa posible de ser marginado, es decir, apartado de los beneficios, segregado por algo es identificado con una hinchada que, aunque actualmente es de composición social mezclada, se considera a sí misma la hinchada de los marginados?

?Olé olé olé olé, negro negrooooo?. Baiano levantó los brazos y le agradeció a la multitud.

Seguramente no sabe que ese amor no nació ni terminará con él.

Alejo Rivera
arivera@infobae.com

Octavio Palazzo




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