"Antes de que me viole un tipo, prefiero un tiro en la cabeza"

Así habló una de las chicas cordobesas que se salvó de ser violada por el criminal más buscado de Córdoba

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?Era la una menos cuarto de un lunes. Caminaba por Obispo Salguero al 300 y, de repente, sentí que alguien estaba detrás mío. Cuando me di vuelta, me encontré con este hombre morocho, de rasgos norteños... y lo que me llamó la atención era que tenía los ojos muy colorados, como inyectados en sangre", reveló "Marisa" a La Voz del Interior.

Ya violó a 40 mujeres, pero esta joven de 23 puede contarlo sin haber sufrido uno de los peores crímenes.

?No me mirés, seguí caminando que me estoy escapando de la Policía. Hacé como si fueras mi novia?, le dijo como primera frase, mientras la apuntaba con una "pistola gris". La abrazaba por la cintura y le apuntaba por debajo de la campera y sobre el vestido.

Ella no lo abrazó, pero siguió caminando. Le dijo que lo acompañara, que iba a tomar un taxi y que la dejaría ir. En esa esquina ella le recordó: "Bueno, ya está, dejame ir". Y él replicó que no podía, que tenía que "tirar el arma".

?No era grandote, pero era más alto que yo, como de 1,70 o 1,75. Tendría entre 35 y 40 años. Estaba vestido ?normal?, usaba jeans y una chomba?, indicó la joven, además de que llevaba el pelo corto, pero más largo que el del identikit que hoy circula.

?Al principio tenía un trato respetuoso, me trataba bien, estaba tranquilo. Pero cuando empecé a pedirle que me dejara ir me contestaba: ?No me importa, yo te voy a decir cuándo te vas a ir. Acá mando yo y yo manejo la situación?.

En la esquina de Chacabuco y Corrientes, en la capital cordobesa, quiso doblar para ?el lado de la terminal?, pero su víctima lo convenció de ir hacia el centro.
?Estaba todo oscuro y no había mucha gente en la calle?, relata la joven. Él buscó una de las entradas del Shopping Garden, donde hay macetones, se sentó en uno de ellos y abrazó a Marisa, que quedó parada frente a él.

?Había un chico en el edificio del frente. Lo miré mil millones de veces y el imbécil no se daba cuenta. Quería decir que tenía un arma y me salía la voz muy bajita?, relata. "Hacete que sos mi novia, apoyá la cabeza en mi hombro", le decía, mientras le acariciaba el cabello.

?Me quiso tocar las piernas y lo saqué. Me tenía abrazada por la cintura y quiso bajar las manos; me puse muy nerviosa y no lo dejé: le saqué las manos?, continuó.

Entonces, junto a la pareja pasó el ?chico? que antes estaba en la vereda del frente. Ella, por arriba de la cabeza del depravado, le hizo con una mano la seña de un arma. El chico se asustó y se fue.

Pero el violador se dio cuenta: ?Me agarró del cuello y me tiró contra la pared. Me puso la pistola en la cara y me dijo de todo. Fue increíble que no me cayera, no sentía las piernas?, añadió.

Entonces, el criminal le dijo: "Bueno, vamos por este pasaje, ya me voy y te dejo ir, porque me tenés cansado".

?Si se quería escapar de la Policía, si quería tomar un taxi o si quería robarme,
lo habría hecho antes?, razonó. Entonces, se agarró de la reja de entrada al pasaje y le gritó: "Ahí no me voy a meter. Si querés pegarme un tiro, pegámelo", le respondió. Mientras, se decía a sí misma: ?Antes de que me viole un tipo, prefiero que me pegue un tiro en la cabeza?.

En total, sentados en ese macetón, el violador y su víctima estuvieron 40 minutos. ?Mi hijo me está esperando?, le dijo. "Bueno, vamos?, le respondió, y siguieron caminando. Unos 30 metros más adelante se metieron en el ?hallcito de un negocio de coreanos?.

Allí, el violador le pidió a la chica que le practicara sexo oral. ?Aunque sea, tocame un poco?, agregó. "¿Qué te pasa? Estás loco", le respondió ella.
Marisa dijo que había recurrido hasta ese momento a ?mil versos? para convencer a ese hombre que la sujetaba por la cintura. Le había dicho que la esperaba su madre, que al otro día rendía un examen, que estaba cansada, pero él siempre le respondía: ?A mí qué me importan tus cosas. Acá mando yo?.
La joven, sin embargo, le dijo: "Dejame ir que me está esperando mi hijo que está solo en mi casa". Él le contestó: "Yo también tengo un hijo".

Entonces, la joven alcanzó a defenderse. ?Le pegué una patada entre las piernas y salí corriendo?. Marisa corrió, por el medio de la calle. Hubo quienes se ofrecieron a ayudarla, hasta alguien que dijo ser un policía, pero no quiso nada más que llegar a su casa. Eran las 2.50, en el mes de octubre de este año. Cuenta el periódico que había pasado dos horas con quien, en poco tiempo, se convertiría en el más tristemente célebre violador de la historia de Córdoba.