En una extensa ceremonia, en la Plaza de San Pedro, con alta temperatura, Juan Pablo II proclamó nuevos Beatos de la Iglesia Católica y entre ellos a una religiosa nacida en Italia pero que vivió casi todo su ministerio en la Argentina: Sor María Ludovica de Angelis.
La Beata Ludovica trabajó durante casi 50 años en la Arquidiócesis de La Plata dedicada especialmente a la salud de los más pequeños y necesitados y con su trabajo transformó una humilde Sala, de sólo 60 camas, en un verdadero Hospital infantil que lleva su nombre.
La delegación argentina, unos doscientos peregrinos, se hizo notar con cantos y banderas y motivó afectuosas palabras de gratitud del Santo Padre hacia ellos y nuestro país.
Por su parte, quien encabezaba la Delegación Oficial, el Secretario de Culto, Embajador Guillermo Olivieri, al finalizar la ceremonia, explicó a Infobae: "Estoy muy emocionado y conmovido por lo vivido en esta ceremonia donde se puso de relieve a una religiosa que fue todo amor y todo trabajo?.
?Su amor era especial hacia los niños y por eso buscó mejorar la salud de ellos, tanto física como espiritual, y su trabajo fue enorme porque construyó el Hospital de Niños de La Plata sin descansa ni un día en décadas. La Madre Ludovica es un ejemplo de lo que es la entrega?, destacó el Embajador Olivieri.
Además, el Secretario de Culto fue quien saludó personalmente al Papa en nombre de los argentinos y puesto de rodillas ante él recibió la bendición apostólica. Pero hubo más argentinos que tuvieron un rol destacado en la ceremonia y que, ciertamente, no es frecuente.
El Arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, quién solicitó en la celebración al Papa la beatificación de la religiosa destacando que ?su grandeza partía de su sencillez y de su amor al Señor y a los niños?. Por su parte, Monseñor Leonardo Sandri ?Sustituto de la Secretaria de Estado vaticana- feliz no dejó un instante para estar con sus connacionales
Otro argentino, Esteban Caselli, como Gentil Hombre de Su Santidad, fue quien introdujo, en nombre del Papa, a nuestra delegación y la acompañó en todo momento como parte de su tarea en la Casa Pontificia.
Por su parte, la hermana Ruth Rodríguez, Consejera General de la Congregación de la Hijas de la Misericordia -a la que perteneció la nueva Beata-, dijo a Infobae que ?la Madre María Ludovica amaba la Eucaristía y en sus pocos momentos libres siempre la encontraban ante Jesús Sacramentado?.
?Luego de fatigosas jornadas de trabajo y preocupaciones, aunque fueran a la madrugada, su última visita era a la Capilla porque allí estaba su tesoro, su amor.
Y en los momentos de mayor aflicción, estaba con los brazos abiertos delante del Sagrario pidiendo al Señor que perdonara a quienes la hacían sufrir y que le diera fuerza para seguir en la lucha en favor de los niños?, destacó.
La religiosa de gran trayectoria en la Argentina, fue beatificada con el P. Pierre Vigne, fundador de las Hermanas del Santísimo Sacramento; el monje Jospeh-Marie Cassant, de la Orden Cisterciense; el Emperador Carlos de Austria; y a Anna Katharina Emmerick, de la Orden de las Canónigas Regulares de San Agustín, quien inspiró a Mel Gibson para la película ?La Pasión?.
El Milagro de la Beata Ludovica
¿Pero cómo llegó a convertirse esta religiosa italiana misionera en Argentina en Beata?. Por su obra en la Ciudad de La Plata todos la consideraban una santa y le pedía gracias y ella respondió interviniendo en la curación de niños enfermos
El 18 de noviembre de 2003, la Santa Sede firmó la autenticidad de un milagro atribuido a la intersección de la Venerable María Ludovica De Angelis: la curación de una niña platense, nacida en mayo de 1988 con una patología congénita conocida como espina dorsal bífida con las vías urinarias, vejiga y riñón severamente deteriorados y los miembros inferiores inmovilizados.
Esa niña, hoy joven, Antonella Cristelli, participó, junto a sus padres, en la ceremonia de la Beatificación de la Hermana Ludovica.
A los dos meses tuvo que ser operada para colocarle una cánula que posibilitara el funcionamiento parcial de sus vías urinarias. Su estado era grave y al cumplir nueve meses, un tío suyo --médico del Hospital de Niños-- le pidió a una hermana de la Misericordia que rogara a la Hna. Ludovica por la curación de su sobrina.
La religiosa le dio las llaves del panteón donde estaban los restos de la Beata y le aconsejó que fuera con la niña. Allí acudió la madre de la pequeña junto a su hermano médico y la enfermita, la colocaron en el suelo junto al féretro y rezaron. La niña, que no podía mover las piernas, se apoyó en el ataúd y se puso de pie. A los veinte meses caminaba normalmente.
La familia siguió rezando por otras afecciones que comprometían su salud y a los cuatro años fue operada por una desviación realizada cuando tenía pocos meses de vida, extirparle el riñón que no funcionaba y tratar de reconstruir la vejiga.
Al comenzar constataron que la vejiga se había ampliado y funcionaba normalmente, lo mismo que el riñón que proyectaban extirpar. Todos los estudios determinaron que la curación de esa niña era científicamente inexplicable.
Por Tito Garabal