El smog, término que proviene del inglés al unir las palabras smoke (humo) y fog (niebla), denomina la contaminación atmosférica que sufren algunas ciudades debido al resultado de combinar ciertas condiciones de la atmósfera y contaminantes atmosféricos concretos.
Es una mezcla de niebla, humo y vapores que provienen de productos químicos. Es un tipo de polución con concentraciones de óxido de sulfuro y de nitrógeno, hidrocarburos y millones de partículas de plomo, manganeso, cobre, níquel, cinc y carbón. Todos estos gases provienen de las industrias, de los automóviles e incluso de los hogares como resultado de procesos de combustión.
En la actualidad se identifican dos tipos de smog: el fotoquímico y el sulfuroso o reductor.
El origen del smog fotoquímico está en la combustión de los motores, una mezcla compleja que se forma a partir de la interacción de la luz solar con dos de los principales componentes de los gases de escape, el NOx y los hidrocarburos, dando ozono como principal oxidante.
El smog sulfuroso es el que contiene concentraciones elevadas de óxidos de azufre y de material particulado.
El smog no es un contaminante atmosférico, sino que es una consecuencia de la contaminación atmosférica, es especialmente importante en las ciudades que están en lugares con climas secos, cálidos y soleados y en aquellos lugares en los que existen muchos vehículos.