EFE).- La participación y el desfile de modelos de la ex número uno del mundo, la norteamericana Serena Williams, llegó a su final en el Abierto de Estados Unidos después que perdió en los cuartos de final ante Jennifer Capriati en medio de la polémica y sin el apoyo de los aficionados neoyorquinos.
La llegada de la lluvia a Nueva York, un efecto más del temible y destructivo huracán "Frances", ha permitido que la suspensión temporal de los partidos de la décima jornada, dé tiempo para que la polémica generada por una decisión de la jueza de silla, la portuguesa Mariana Alves, sea el centro de atención en el Abierto.
De momento, el árbitro del torneo, Brian Earley, ya dio a conocer que Alves no volverá a dirigir ningún otro partido del Abierto, por considerar que su decisión de rectificar la llamada que hizo la juez de línea, que dio pelota buena, fue equivocada.
Mientras tanto, la Asociación de Tenis de Estados Unidos (USTA) informó que continua trabajando en la posibilidad de establecer la ayuda de la tecnología de vídeo para asistir a los árbitros, después que ya se han hecho pruebas este año durante la fase previa del torneo.
Pero hasta que llegue la utilización oficial del vídeo para ver la repetición de las pelotas dudosas, en el Centro Nacional de Tenis de Flushing Meadows, la eliminación de la hermana menor de la Williams dejó al Abierto sin la única tenista que generaba el interés y la incógnita de sorprender con sus modelos de ropa deportiva en cada una de sus salidas a la pista Arthur Ashe .
Serena Williams fue la primera en admitir que la jueza Alves se equivocó claramente en la pelota del primer juego del tercer set que al final iba a costarle la pérdida del saque, pero también fue autocrítica, cuando dijo que el partido lo perdió porque no supo aprovechar los puntos decisivos en el segundo set.
La doble campeona del Abierto, ante la presión de los periodistas que insistían sobre el efecto de la decisión de la jueza Alves, se atrevió a decir que "tal vez sufrió una locura temporal".
Luego, más en serio, Serena Williams, al margen de reconocer de que una vez más se había dado la polémica con ella o con su hermana de protagonistas, admitió que el tenis tiene esa realidad en cuanto a las decisiones de los jueces, pero que en absoluto pensaba que hubiese una conspiración en su contra.
"Hay coincidencias con lo que le sucedió este año a mi hermana en Wimbledon, pero la verdad es que no se puede asegurar que los jueces y los árbitros estén para perjudicarnos", valoró Williams, mientras terminaba cada una de sus respuestas en medio de una amplia sonrisa.
La hermana menor de las Williams fue más lejos, al decir que "había sido robada" y añadió que no quería que Alves la arbitrase más, porque consideraba que no quiso que continuara en el Abierto y además se había mostrado como anti-Serena.
Pero, de nuevo la ex número uno del mundo, dejó las bromas a parte y se centró en declarar, esta vez con seriedad y sin risas, que Capriati se mereció el triunfo.
"Hay que darle todo el crédito a Jennifer, que jugó bien y tuvo también un buen día en cuanto la aportación del árbitro, algo que no siempre le favorece, porque le ha tocado vivir muchos malos", subrayó Williams, que en el 2004 sólo ha ganado el torneo de Miami.
Un análisis del partido demostró que Capriati, que comenzó perdiendo el primer set, luego hizo su mejor tenis y se aprovechó de los fallos de Williams para venir desde atrás y ganar 6-2, 6-4 y 6-4.
Los jueces de línea ni mucho menos Alves tuvieron la culpa de los 57 errores sin forzar que cometió Williams y la falta de visión y estrategia de no aprovecharse de su mayor forma física ante una Capriati que en el tercer set estaba al límite de sus reservas en cada tanto que disputaba.
"Pienso que jugué como una auténtica idiota", declaró Williams. "Sin lugar a dudas, he sido mi mayor enemiga y me he destrozado a mí misma".
Serena Williams, de 24 años, que dejó plantado al equipo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, confirmó que el 2004 no será su mejor año para recordar por los resultados deportivos, pero sí por las polémicas y especialmente por los modelos "revolucionarios" y "atrevidos" que mostró.
Especialmente en la pista central Arthur Ashe, donde en cada partido exhibió algún tipo de novedad y combinación, que la hicieron ser el centro de atención.
"Quiero ser diferente, me gusta tener la libertad de vestir de acuerdo a mi personalidad y en este sentido soy una auténtica rebelde", comentó Williams sobre sus modelos.
Los organizadores del Abierto no tuvieron nada que decir a la exhibición de moda que presentó Serena Williams, pero sí los aficionados neoyorquinos que en su duelo contra Capriati se volcaron por completo a favor de su rival, que vestía el traje tradicional. EFE