Para poner en escena su programa, el ideólogo contrató a un director de arte y a un diseñador de vestuarios ajenos a la industria porno. Él había fundado Spice, un canal XXX que después vendió a la empresa Playboy.
Saber los gustos de ellas lo llevaron a explorar mucho, utilizaron focus groups, encuestas telefónicas y se fijaron que existían muy pocos antecedentes de algo similar para mujeres. Las respuestas más comunes de parte de las mujeres eran: ?Quiero ver a más tipos buenos mozos, más amor, más comunicación entre las parejas?.
Así fueron estudiando el nicho de mercado y para acotar el concepto se reunieron con escritores-guionistas de Los Angeles. Las mujeres concordaban en querían más trama, pero los directores decidieron que era un error hacer actuar demasiado a estas personas que, en realidad, son acróbatas sexuales.
Aquí se percataron de que uno de los ejes de este nuevo tipo de filmes sería el director de arte y el diseñador de vestuarios. Por eso contrataron a gente que trabajaba fuera de la industria porno, por ejemplo, en el teatro. Además, escogieron ropa interior fina, tipo Victorias Secret?s o Prada.
Cuando empezaron a filmar pusieron atención en estos detalles, más que en los close up de la batalla: en la lencería tejida a mano, en los cortes de pelos del hombre y la mujer, en el tipo de zapatos que usan.