Gerardo Flores, un nene de once años que estaba desaparecido desde hacía dos meses y cuatro días, logró ayer escapar del galpón en el que estaba secuestrado, a seis cuadras de su casa, en la localidad de General Pacheco, donde lo obligaban a trabajar, lo ataban a una cama y le daban de comer "a veces".
En su huida, el nene recibió un disparo que le rozó el cuello pero que, por milagro, no le provocó lesiones. Desnutrido, flaco, sucio y con la misma ropa que llevaba el día que fue visto por última vez, Gerardo alcanzó a correr hasta su casa y avisar lo que le había pasado.
Sus padres, curiosamente, no estaban para recibirlo: habían ido con su foto hasta la villa 31 de Retiro, en la Capital Federal, para preguntar si alguien lo había visto, hasta que una mujer le avisó a la mamá -embarazada de ocho meses y medio- que su hijito había aparecido.
Por el caso fue detenido un hombre que había salido de prisión luego de purgar una condena por robo calificado y que ahora quedó imputado de "privación ilegal de la libertad calificada", mientras que ahora se busca a otros dos individuos que también fueron vistos por el nene en el galpón.
Fuentes del caso dijeron que el detenido fue identificado como Jorge Alcaraz, de 38 años, quien fue trasladado a una dependencia policial de Pilar y mañana será interrogado por el fiscal de Tigre John Boyard.
El increíble infierno de Gerardo Flores comenzó el pasado 8 de junio, cuando -al volver de la escuela- salió a andar en bicicleta junto a sus otros tres hermanitos por las calles del barrio.
A partir de entonces nadie más lo vio y su familia -con la ayuda de los vecinos, la Policía y las entidades Missing Children y Red Solidaria- salió a buscarlo por los trenes y las villas, pero nadie lo había visto. También lo buscaron en la Morgue cada vez que aparecía el cadáver de un chico.
Sin embargo, recién hoy pudo develarse el misterio de lo que le había pasado, cuando el propio Gerardo -quien cumplió en cautiverio, el 22 de junio pasado, los once años- alcanzó a escapar y contarlo.
Según dijo, aquel 8 de junio, al llegar a la calle Elizalde y Australia, de la localidad de Ricardo Rojas, a sólo seis cuadras de su casa, un hombre salió de un galpón con unas maderas y le pidió que lo ayudara. "No puedo, me tengo que ir a mi casa", le dijo el nene, pero el hombre se le acercó, lo amenazó con un revólver y lo obligó a entrar al galpón.
Allí, durante dos meses y cuatro días lo obligaba a clasificar basura y limpiar y a pelar cables para vende el cobre. Para que no se escapara, de noche lo ataban a una cama. Y, cuando el hombre salía, Gerardo era introducido en una bolsa de arpillera cerrada.
Le daban de tomar agua de la canilla en una botella y comía cuando sobraban alimentos.
Pero, esta mañana, a las 9.30, Gerardo vio la oportunidad y no la desaprovechó: estaba atado con una cuerda pero alcanzó a zafarse aprovechando que el hombre estaba distraído ya que -según versiones- habría estado borracho.
El nene fue corriendo hacia el fondo del local, saltó un paredón y corrió hasta su casa. Cuando llegó lo recibió su abuelo, que le preguntó dónde había estado.
Con pocas palabras, el chico relató la pesadilla y agregó: "Lo único malo es que la bicicleta quedó ahí adentro, no la pude sacar".
Inmediatamente, la familia llamó a la Policía, que fue al galpón y detuvo al sospechoso, quien -según se supo después- había cumplido una condena en la prisión de Lisandro Olmos por robo a mano armada.
Ricardo y Carmen Flores, los padres de Gerardo, se enteraron de la noticia en la villa de Retiro cuando iban casa por casa, con la foto del nene, preguntando si alguien lo había visto. Ahí una mujer les avisó que vio por televisión que ya había aparecido y los padres llamaron a la comisaría 5ta. del Talar para confirmar la noticia.
Recién a las 16.30 llegaron hasta la seccional y se abrazaron con Gerardo. "Estamos muy contentos y agradecidos a todos, y nunca nos imaginamos que podía estar tan cerca", dijo la mamá a los periodistas, tras resaltar que había visto a su hijo "asustado y flaquito, pero bien".
El padre, por su parte, remarcó que se notaba que "lo han maltratado mucho psicológicamente" y cuando le preguntaron qué haría si tuviera enfrente al culpable de lo que vivido su hijo, respondió
"lo mato, pero ya va a tener lo que se merece".
En medio de una nube de periodistas, el nene fue retirado de la comisaría a bordo de un Renault 6 en el que iba toda su familia y en cuyo parabrisas llevaba una foto de Gerardo preguntando si alguien lo había visto.
Asustado, el chico saludó a los periodistas que buscaban interrogarlo, sin poder comprender la repentina fama.
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