En los tiempos de San Cayetano, un almuerzo tenía 20 platos

La época que le tocó vivir al patrono de la Providencia se caracterizaba por grandes comilonas y lujos entre la nobleza, que San Cayetano integró en su juventud. Un almuerzo constaba de 20 platos, y se inventaba el tenedor

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Cada 7 de agosto miles de fieles se congregan para pedir y agradecer a su patrono, San Cayetano, por el pan y el trabajo. Cayetano, un abogado italiano y posteriormente presbítero, se deleitaba con las grandes comilonas acompañado de la clase política y el clero.

Sin embargo, siendo hijo de nobles, abandonó su vida de lujos cuando la Iglesia estaba enfrentando una ruptura liderada por Martín Lucero. Su papel fue importantísimo en la auténtica reforma católica.

Platos exquisitos: la debilidad de los grandes
La comida en la Edad Media y la Edad Moderna era todo un rito. De los grandes banquetes participaban obispos, sacerdotes y seminaristas. El mundo eclesiástico estaba relacionado estrechamente con el poder político, por lo que las grandes comidas duraban varias horas.

San Cayetano, originario de Vicenza, en 1480 participaba de estos eventos. Su padre, el Conde Gaspar de Thiene y su madre María di Porto, eran de familias nobles. Así, en los banquetes los comensales se rodeaban de cubiertos de oro, servilletas, escudillas, bandejas y mesas con ruedas y plataformas, aguamaniles y candeleros de plata, vajilla típica de estos encuentros.

En esta época surgió el tenedor; antiguamente se comía con los dedos y el utensilio es un gran paso. Surge en Venecia y al principio fue visto como un elemento demoníaco. Además, los comensales de distintos países se fascinaban con las copas de cristal creadas en Murano.

En esta misma época San Cayetano decidió estudiar en la Universidad de Padua. Se distinguió en teología y se doctoró en derecho civil y canónico en 1504. Su carrera fue creciendo desde que decidió tomar los hábitos. Así, en medio de largos agasajos, pudo conocer de cerca a cardenales y prelados.

En estas grandes comidas se maceraban las carnes con gran variedad de especias, que servían para disimular el olor nauseabundo que emanaba de la descomposición de los alimentos.

Las especias de Oriente, por sus precios elevados, no eran de uso general: mientras el pueblo hacía uso de las hierbas aromáticas -más económicas- como el tomillo, ajedrea, mejorana, orégano y ajo, la clase alta accedía a la pimienta, canela, nuez moscada, clavo.

Otra característica de las comilonas de la clase alta era que las aves se servían vestidas: pavos reales, cisnes, ocas y grullas eran asadas con sus plumas. Para lograrlo, los cocineros las ponían en el asador rociándoles las cabezas con agua fría.

La bebida era un punto importante: los hombres ?que comían separados de las mujeres- eran adeptos al alcohol. El hipocrás (vino, azúcar, canela, clavo de olor y almendras) y la carraspada (vino cocido, adobado, zumo de tres clases de uvas, canela y pimienta) eran dos brebajes frecuentes en la mesa moderna.
Un gran banquete se dividía en varios servicios. Cada uno podía contener muchos platos (hasta 20).

Un servicio podía incluir toda una variedad de platos o componerse principalmente de dulces. Un servicio normal comenzaba con uno o más platos fríos, generalmente dulces (pasteles, mazapanes) o frutas. Continuaba con platos de carne (o sustitutos como el pescado si era en época de Cuaresma), sobre todo, carnes de caza.

El servicio finalizaba con más dulces, que a menudo tomaban forma de esculturas comestibles a base de mazapán, etc. y decoradas incluso con pan de oro (el oro puro es comestible aunque nada nutritivo).

También podían servirse pasteles-espectáculo, del que surgieran pájaros vivos o músicos. En esto la cocina moderna era una clara heredera de la tradición romana que mezclaba gastronomía con espectáculo.

Las comidas cotidianas eran cinco: almuerzo por la mañana, yantar al mediodía, merienda por la tarde, cena al caer el día y zahorar por la noche, algo similar a una sobrecena.

A lo largo del siglo XIV, Venecia, Bizancio y Avignon eran capitales de la gula. Se comía espléndidamente y en los banquetes nunca faltaba un plato catalán, el menjar blanc o manjar blanco, que consistía en una mezcla de leche con azúcar y harina de arroz.

El final del mártir
Durante el período de San Cayetano, la cocina era un tema que traspasaba lo mortal. Con una larga historia de ayuda a los desamparados y los pobres, el santo escribió: "No estaré satisfecho sino hasta que vea a los cristianos acercarse al Banquete Celestial con sencillez de niños hambrientos y gozosos, y no llenos de miedo y falsa vergüenza".

Años después, cayó enfermo en el verano de 1547. Murió en Nápoles a los 77 años, el domingo 7 de agosto de 1547.

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