Un equipo de investigadores argentinos y brasileños detectó en la explosión solar más intensa registrada hasta ahora la presencia -por primera vez- de rayos T, caracterizados por su alta intensidad y su baja frecuencia, por lo que constituyen una herramienta ideal a utilizar en equipamientos para el diagnóstico de enfermedades.
Este estudio por su importancia acaba de ser publicado en la revista internacional Astrophysical Jornal Letters.
"Detectamos por primera vez la emisión de los rayos T por parte del Sol, algo totalmente desconocido hasta el momento", contó el ingeniero argentino Adolfo Marún, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y del Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO).
"Los rayos T pueden llegar a ser útiles en muchos campos. En la medicina, por ejemplo, se estudia su aplicación como un reemplazo de la resonancia magnética nuclear, que es muy dañina para el organismo. En este sentido, los rayos T son mucho más intensos y a la vez menos dañinos", precisó el investigador.
"Además, el hallazgo de los rayos T nos puede ayudar a conocer el origen de las explosiones solares -subrayó-, ya que todavía no se sabe bien por qué se producen".
El equipo de investigadores realizó el hallazgo a través de las observaciones hechas con el Telescopio Solar de Ondas Submilimétricas (SST), que es el único en su tipo en el mundo y se encuentra en el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO), situado en la provincia de San Juan.
Los trabajos fueron dirigidos por el físico brasileño Pierre Kaufmann y el grupo también lo integró el ingeniero argentino Pablo Pereyra, investigador del Conicet y el CASLEO.
Con el telescopio SST, los astrónomos captaron las señales emitidas a principios de noviembre de 2003 por la explosión solar más intensa registrada hasta ese momento.
Marún relató que "estas explosiones pusieron fuera de servicio a la red de transmisión de electricidad de Suecia, enmudecieron muchos teléfonos celulares en la Argentina, averiaron dos satélites japoneses y afectaron el normal funcionamiento de los sistemas de comunicación y de navegación de aviones y barcos en todo el mundo".
Los rayos T se destacan por la frecuencia de la vibración de sus ondas, comentó el investigador, "y los captados por la antena de 1,5 metros de altura del SST superaron el límite de 100 Gigahertz (GHz), con un registro de esa radiación en dos frecuencias: 212 y 405 GHz, ó 0,2 y 0,4 Terahertz o Terahertzios (THz)".
Esta unidad de medida, que se utiliza más frecuentemente, "explica el nombre de esa radiación y la ubica en el espectro electromagnético entre las ondas de radio y la luz visible".
"La cantidad de energía generada por esta radiación en un determinado intervalo de tiempo -es decir, su intensidad- es de tres a cinco veces mayor que la de las emisiones de radio, las formas de radiación de mayor longitud de onda, y entre mil y diez mil veces mayor que la de las emisiones de rayos X y gamma, las de menor longitud de onda", especificó.
Pero, pese a su intensidad, un motivo les impedía a los físicos observar los rayos T: "No se fabrican con frecuencia instrumentos capaces de captar la radiación en Terahertz y, además, la mayoría de los modelos teóricos no preveía la existencia de radiación en esta banda de frecuencia del espectro".
La búsqueda de los rayos T comenzó hace 20 años, cuando Kaufmann inició las investigaciones en el Radio Observatorio de Itapetinga, en San Pablo. "Kaufmann se dio cuenta de inmediato que las condiciones en el cielo brasileño no eran las mejores para la detección de estos rayos, por eso propuso la instalación del telescopio SST aquí en San Juan, donde las condiciones para la observación son excelentes", apuntó Marún.