El diario La Tercera de Chile preparó un extenso informe acerca de la entrada ilegal al consulado argentino en Punta Arenas por parte de dos agentes de ese país, un caso que pasó a manos de la justicia militar de Chile para ?evitar que el hecho siga tomando publicidad?.
A continuación se transcriben los párrafos más importantes de la nota que se publicó ayer en ese matutino.
Cerca de las 10 horas del domingo 9, un nervioso teniente coronel Víctor Hugo Poza Reyes llegó a la casa del general Waldo Zauritz, ubicada en pleno centro cívico de Punta Arenas, para informarle que una hora antes el cónsul adjunto de Argentina en esa ciudad, José Andrés Basbus, había descubierto a dos miembros de la unidad de inteligencia de esa zona revisando documentos clasificados al interior de la sede diplomática.
Si ya ese hecho era gravísimo, lo que Poza Reyes le relató después dejaba al comandante de la Región Militar Austral y a su jefe de inteligencia en una situación insostenible. Los agentes habían dejado evidencia comprometedora: una cámara filmadora, fotocopias de informes reservados, dos cortavientos, las llaves de un automóvil y un maletín con el carné de identidad de uno de los dos militares que irrumpió en la casona.
Tras huir, el equipo del Destacamento N° 2 Especial Conjunto se reunió en un lugar seguro con su superior, el teniente coronel Poza Reyes, para realizar un control de daños. Luego de analizar durante varios minutos la seguidilla de errores cometidos, el suboficial Luis Alberto Robles Ricus se dio cuenta que había dejado en el consulado su cédula de identidad. Conclusión: no había margen para intentar ocultar el hecho.
La hora de retraso con que Poza habló con Zauritz permitió que el canal diplomático actuara con mayor rapidez que el militar. Mientras el comandante escuchaba los pormenores de lo que se convertiría en uno de los mayores bochornos de la inteligencia chilena, en una acelerada maniobra el embajador argentino, Enrique Abihaggle, ya había informado al subsecretario de Relaciones Exteriores, Cristián Barros, sobre la irrupción ilegal en el consulado. Nadie sabía hasta ese momento que se trataba de una frustrada operación de contraespionaje chileno.
Basbus, el sospechoso
"Error", "estupidez", "bochorno, "deplorable incidente", "suceso extemporáneo y torpe". Muchos han sido los calificativos que se han usado para ilustrar el acto de espionaje cometido contra la legación argentina. Pero poco se ha dicho de las razones que tuvieron los agentes chilenos para ingresar a primera hora del domingo -como lo habían hecho en otras ocasiones- a la casona ubicada en calle Serrano con 21 de Mayo, con vista al Estrecho de Magallanes y a pocas cuadras del centro de la ciudad.
Según la explicación entregada por Poza a su superior -la misma que ratificaría en los interrogatorios realizados por el fiscal de Magallanes, Pedro Corti-, el ingreso a la sede obedeció a una acción de contraespionaje, que tenía como objetivo descubrir las supuestas redes montadas por el vicecónsul argentino, José Andrés Basbus. Desde hacía un tiempo, la unidad de inteligencia comandada por el teniente coronel sospechaba del diplomático de 38 años, quien -de acuerdo con los datos recabados por los uniformados- tenía una red de informantes, entre ellos militares chilenos, que lo proveían de datos de carácter estratégico.
De acuerdo con una fuente de Defensa, la contrainteligencia chilena asegura tener indicios de que Basbus había establecido contacto con personal militar de la zona y que había mostrado interés por conocer antecedentes sobre la rutina de las unidades de la Armada en los canales, especialmente los apostaderos secretos de las lanchas misileras navales. Esta es una información celosamente guardada por la Marina, ya que son lugares que las naves ocupan como base de apoyo en caso de conflictos armados.
Los datos recabados por el diplomático y los nombres de sus contactos sería lo que buscaban los dos agentes que entraron al consulado por una puerta trasera, luego de saltar una pandereta de un sitio eriazo colindante. Uno era Luis Robles Ricus y el otro un cabo de la Fach. En las afueras los esperaban, al menos, un agente que manejaba el vehículo en que se trasladaban y el mayor Rodrigo Acuña Délano, jefe operativo del Destacamento N° 2 Especial de Inteligencia Conjunto. Todos ellos se encuentran retenidos por disposiciones disciplinarias de las Fuerzas Armadas en el cuartel ubicado en el Cerro de la Cruz.
La razón dada por los efectivos para explicar el error cometido se refiere a que un informante les había dado datos acerca de que Basbus no trabajaría ese fin de semana, al igual que el cónsul Julián Tettamanti, quien había viajado a Santiago para participar en un encuentro de diplomáticos argentinos.
Esta versión es descartada de plano por la Cancillería transandina, ya que aseguran que el vicecónsul debía ese día abrir la representación diplomática para permitir que los chubutenses radicados en Punta Arenas pudieran sufragar en las elecciones de la provincia de Chubut que se llevaron a cabo ese día. La ironía es que el único ciudadano de esa zona no acudió a votar.
Abogado y diplomático de carrera, según indica su currículum oficial, Basbus ingresó en 1996 al servicio exterior argentino por concurso público y dos años después accedió al grado de secretario de embajada y cónsul de tercera clase. En agosto de 2001 fue designado cónsul adjunto en la capital de la XII Región, siendo ésta su primera destinación en el extranjero. Este año ascendió a cónsul de segunda clase.
¿Celada o chambonada?
Las sospechas de la inteligencia chilena sobre las actividades de Basbus son consideradas por algunas autoridades del gobierno como una hipótesis plausible del bochornoso incidente. En contraste, un personero de La Moneda considera poco creíble ese argumento y señala que, por el momento, los militares no han entregado antecedentes que respalden esa versión. Por ello, agrega, por ahora el hecho sólo puede ser calificado como una "chambonada".
Fuentes de Defensa aseguran que es posible que la operación se viera frustrada por la incompetencia de los agentes, aunque también se baraja la posibilidad de que el teniente coronel Poza haya actuado sin informar a sus superiores, para luego lucirse ante los mismos si la misión resultaba exitosa. Otra hipótesis que se maneja en el gobierno es que la irrupción en la sede diplomática tenía como objetivo crear un incidente con el vecino país.
Tampoco se descarta en la cartera de Bachelet que los argentinos les hayan tendido a los chilenos una celada, lo que explicaría la sorpresiva llegada de Basbus. En todo caso, fuentes castrenses explican que eso no les resta responsabilidad a los agentes nacionales, ya que aunque creyeran que el diplomático no iría a la sede consular, debieron haber tenido a un hombre que "marcara" su domicilio. De haberlo hecho, señalan las fuentes, hubiesen tenido el tiempo necesario para emprender la retirada antes de su ingreso a la casona.
La tesis que menos sentido hace a las autoridades chilenas es la referida a que el episodio tuvo como objetivo afectar la gestión del comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, o de la ministra de Defensa, Michelle Bachelet, la principal carta presidencial del Partido Socialista.
Tensión en Santiago
El primer chileno en enterarse de que personal militar había ingresado al consulado argentino fue el subsecretario Barros, informado cerca de las 9:30 horas del domingo por el embajador transandino. De inmediato llama al titular de Interior, José Miguel Insulza, quien se encontraba descansando en Cantagua, un balneario de la Quinta Región. Tras recopilar antecedentes sobre el hecho, el jefe de gabinete se comunica con el presidente Lagos a las 11.30 horas.
Media hora antes, la ministra de Defensa fue contactada por su subsecretario de Guerra, Gabriel Gaspar, quien previamente había sido alertado por Zauritz. Poco después, el jefe militar y la ministra sostuvieron una conversación telefónica. Además de contarle en detalle el fracaso de la operación ordenada por su jefe de inteligencia -de la que aseguró no tener conocimiento-, el alto uniformado puso su cargo a disposición de la secretaria de Estado. Por ser el responsable del mando de la Región Militar Austral, Zauritz estaba bajo la autoridad de Bachelet y no de Cheyre, a quien responde sólo en su calidad de jefe de la V División. De hecho, en la unidad que irrumpió en la sede diplomática trabaja personal de las tres ramas de las Fuerzas Armadas.
En las horas posteriores vendrían una serie de comunicaciones entre las autoridades de ambos países, que desembocaron en una orden del Ejecutivo argentino que transformó el incidente en un impasse diplomático.
La orden
Desde su residencia de descanso en Chapadmalal, al sur del balneario de Mar del Plata, el Presidente Néstor Kirchner dio la orden de que el hecho, que hasta ese momento se manejaba por conductos regulares, fuera informado a los medios de prensa de ese país. "La decisión de hacer público el incidente en Punta Arenas es del Presidente Kirchner", indicaron en la embajada de Argentina en Santiago a La Tercera.
Este hecho fue visto con suspicacia por algunos personeros de gobierno de Ricardo Lagos, básicamente porque este tipo de incidentes suelen manejarse en privado. Sin embargo, fuentes de La Moneda aseguran que al mandatario argentino no le quedaba otra salida que transparentar el hecho, "porque los costos internos de ocultarlo hubieran sido mayores", asegura un inquilino de Palacio.
Así, mientras los telefonazos entre las autoridades en Santiago se sucedían interminablemente -y, paralelamente, las cancillerías de ambos países se mantenían en permanente contacto-, el Gobierno argentino comenzaba a hablar de "serio incidente", refiriéndose a la incursión ilegal de personal del ejército chileno en suelo argentino, como se reconoce internacionalmente a las sedes diplomáticas.
Horas más tarde, desde la embajada de Argentina en Santiago se despacha un comunicado oficial. El titular Carlos Abihaggle -un ex diputado mendocino, amigo de Kirchner- denuncia que dos hombres "forzaron la entrada del consulado" de la Región de Magallanes. En la nota, el embajador señala que una serie de "documentos confidenciales fueron fotocopiados y se encontraban ordenados y engrampados para ser retirados del lugar", al tiempo que no descarta la posibilidad de que se trate de una acción de espionaje.
A esas alturas, cerca de las siete de la tarde del domingo, todas las alarmas estaban encendidas en la capital chilena, mientras que la prensa transandina hablaba "del peor incidente desde la crisis de 1978".
Reunión en calle Admunsen
En medio de este escenario, poco antes de caer la noche, el Presidente Lagos citó a su residencia a la ministra de Defensa, Michelle Bachelet; al subsecretario de RR.EE., Cristián Barros; a la canciller Soledad Alvear, y al ministro del Interior, José Miguel Insulza.
"Lagos estaba muy molesto y quería sangre", asegura uno de los asistentes al encuentro. El mandatario planteó incluso la posibilidad de descabezar a todos los jefes de inteligencia de las instituciones armadas. Sin embargo, los funcionarios presentes le recordaron que en la zona austral, la dependencia del mando corresponde al Ministerio de Defensa.
El argumento lo hizo reconsiderar la medida y se optó por soluciones drásticas, pero acotadas. Bachelet informó que el comandante de la Región Austral, Waldo Zauritz, había puesto su cargo a disposición del Ejecutivo, decidiéndose en ese mismo instante aceptar su dimisión.
Además, Lagos decide citar para el día siguiente a los tres comandantes en jefe. A las 9.00 del lunes 10, ingresan a su residencia los titulares del Ejército, Juan Emilio Cheyre; de la Armada, Miguel Angel Vergara, y de la Fuerza Aérea, Osvaldo Sarabia, además de la ministra Bachelet. En el encuentro se les informa de la renuncia de Zauritz y que se ha cursado la baja inmediata del teniente coronel Poza.
El mandatario aprovecha la oportunidad para recordarles a los jefes castrenses que el mando superior le corresponde al Presidente de la República.
Aunque Michelle Bachelet concuerda con Cheyre que el discurso del Ejército debe ser que la Región Militar Austral depende del Ministerio de Defensa, en esa cartera reconocen la molestia que provocó el hecho que los militares se apresuraran en deslindar cualquier responsabilidad en el frustrado espionaje, concentrando la atención en la secretaria de Estado.
Luego de la cita, ese ministerio da a conocer un comunicado oficial en el cual se asegura que los efectivos que se introdujeron en la legación diplomática transandina lo hicieron "en forma independiente y sin instrucciones superiores".
Fin del impasse
El martes 11 los discursos se calman a ambos lados de la cordillera. Una declaración conjunta de los gobiernos de Chile y Argentina condena lo ocurrido en la capital de la XII Región, afirmando que "esta acción de personal militar chileno está reñida y contraviene normas institucionales".
Al día siguiente, el fiscal regional Pedro Corti se declara incompetente, y el caso pasa a la justicia militar. Objetivo: evitar que la "bochornosa" situación se siga haciendo pública y cautelar los secretos de seguridad del Estado chileno.
De hecho, desde el miércoles la orden del gobierno es dejar atrás el episodio y proteger toda la información sobre el caso que pueda ser usada por los argentinos. Ello incluye no dar a conocer los nombres del resto de los involucrados en la operación ni su número.
Tanto en Palacio como en Defensa saben que, a partir de ahora, hay que "mirar con atención las actuaciones de Kirchner" y seguir de cerca lo que ocurra en el teatro de operaciones sur, como se conoce a la región patagónica.
Ayer se esperaba que Lagos y su par transandino le tomaran el pulso a este incidente en el marco de la Cumbre Iberoamericana que se realiza en Santa Cruz, Bolivia, concluye la nota principal elaborada por La Tercera.
Sin embargo, el matutino publica varias notas de apoyo, entre las que se resalta una titulada ?Las dudas sobre Kirchner?.
?El sábado 8, un día antes del ingreso de agentes chilenos al consulado argentino de Punta Arenas, en la sede del PS de Santiago hubo un encuentro de análisis político regional, al que asistieron el subsecretario de Guerra, Gabriel Gaspar, y el tercer hombre de la Cancillería, Carlos Portales?, afirma el diario.
Continúa diciendo que ?cuando en la cita se planteó la disminución del gasto militar chileno, Gaspar tomó la palabra. Respondió que se trataba de una aspiración legítima, pero que la coyuntura en la región la hacía desaconsejable. No sólo -dijo- por la inestabilidad en Perú y Bolivia. Además, por la incertidumbre ante la situación en la Argentina?.
?Tras la revelación del episodio puntarenense, en círculos militares y políticos chilenos hay suspicacia por la forma en que Kirchner realzó la gravedad de lo ocurrido. "La filtración a la prensa por parte de la Argentina fue algo inusual", señala el analista Guillermo Holzman. "Es válido pensar que hubo un aprovechamiento político", acota el senador UDI Jorge Arancibia?, agrega.
?En el gobierno explican que la Casa Rosada no tuvo margen para reaccionar de otra forma. Por ello, afirma un personero de La Moneda, no creen que Kirchner haya buscado sacar provecho del caso?, continúa.
?Distinta es la opinión del presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, Alberto Cardemil (RN), para quien Kirchner buscó ganarse a la opinión pública trasandina, apelando a su nacionalismo. Un parlamentario UDI recuerda que, como gobernador de Santa Cruz, el actual mandatario vecino se opuso al acuerdo por Campos de Hielo. "Como es hijo de madre chilena tiene que mostrar que es duro con Chile", recalca este consultado, según el matutino.
?Lo cierto es que varias decisiones del Gobierno argentino alimentan estas conjeturas, como la suspensión unilateral de ejercicios conjuntos con militares chilenos hace un mes y la redestinación de unidades transandinas a la Patagonia?, sostiene La Tercera.
?Tanto así, que de este lado de los Andes existe la duda sobre si Kirchner estaría inaugurando una nueva política de Estado hacia Chile, menos apaciguadora que la de sus antecesores?, agrega.
?En el Ministerio de Defensa chileno una fuente sostiene que si bien la suspensión de los ejercicios se dio por superada quedan dudas sobre los objetivos del traslado de tropas, presentado por la Argentina como una forma de dar ayuda social a las regiones extremas. "Hay que observar con atención lo que de aquí en adelante haga Kirchner", acota este consultado, de acuerdo al diario.