Murió el filósofo Jaime Barylko

El martes, y a consecuencia de una leucemia, falleció en Buenos Aires este pensador y pedagogo que supo acercar al gran público la reflexión acerca de la condición humana y los problemas universales

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Barylko, quien había nacido en Buenos Aires en 1936, se recibió de Licenciado en Letras y en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, y se doctoró en Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata.

Posteriormente, realizó estudios de posgrado en Educación en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y fue profesor en la Universidad de Belgrano y, como invitado, en las universidades de Caracas, La Paz, Santiago, Bogotá, San José, Sao Paulo, Porto Alegre, Tel Aviv y Jerusalén, además de las del Salvador y Rosario.

Fue asesor del CONICET y del Ministerio de Educación y autor de numerosos libros: "Cómo ser persona en tiempos de crisis", "En busca de uno mismo", "Cábala de la luz", "El hombre que está solo y no espera", "Valores y las virtudes", "Sabiduría de bolsillo" "Para quererte mejor" y "En busca de uno mismo", entre otros.

Sus restos serán inhumados esta mañana en el cementerio judío de La Tablada.

Un filósofo de nuestros tiempos

Jaime Barylko era un pensador de la condición humana de nuestros días, que cotejaba nuestra realidad con los problemas vistos por filósofos de todas las épocas. Él mismo se consideraba un filósofo, aunque aseguraba que, en definitiva, esa era otra "etiqueta utilitaria".

En un reportaje concedido en 1998 a Guillermo Rolando y Liliana Mecchia, Jaime Barylko repasa los grandes hitos en su vida.

Experto en religiones comparadas, una de las materias que dictaba en la Universidad Maimónides, y considerado por los núcleos versados como un experto en Biblia, Barylko se inició en la docencia a los 17 años. Nació en Villa Crespo, donde compartió sus primeros años con su familia en una sola habitación. "Me glorío de haber nacido en un conventillo. No porque la pobreza merezca ser glorificada, sino para darle ejemplo a otros de que desde allí se puede crecer y desarrollarse". Tuvo en su casa una suerte de mandato supremo: el estudio. "Estudiar, como conocimiento propio, es el valor superior, y así lo sigue siendo para mí. Para mí escribir es una mera consecuencia accidental de tener que expresarse, pero consecuencia del estudio".

En Villa Crespo pasó su infancia y estudió en escuelas públicas. Después se mudó con su familia al barrio "que le decían de Boedo (o Parque Patricios)", a unas seis o siete cuadras de la vieja cancha de San Lorenzo. Allí también la calle y el parque fueron aliados de sus secretos, fantasías y aventuras. "Recuerdo que en el parque había una pequeña biblioteca, humilde, con revistas y algunos libros. Lo recuerdo no para contar mi nostalgia, sino para contar lo que puede haber en un parque. Yo no era para nada uno de esos intelectualitos precoces, pero iba a leer revistas, historietas. Porque a mí en realidad me interesaba jugar a la pelota y estar con los chicos. A leer libros empecé muy tarde, a los 17. No por falta de libros - si bien en mi casa no había porque éramos muy pobres, tenía amigos, primos -. Después, cuando nos mudamos a la calle Loyola, había un chico de enfrente que era ?más culto que yo? con el que éramos muy amigos, y me prestaba historietas y novelas policiales -en esa época eran ?de misterio?. Me encantaban los libros de Ellery Queen, Agatha Christie, Blake. Me fascinaba todo el proceso racional de descubrir al criminal. Deducciones, pistas, todo lo dedicado a la investigación o a la psicología a partir de la víctima?, cuenta Barylko.

Más tarde sus padres accederían al primer departamento, en San Cristóbal, a 5 cuadras de Plaza Miserere. Hasta entonces siempre había vivido en piezas alquiladas. "La casa de Parque Patricios era de familia, y mis padres habían alquilado una pieza. En mi infancia la riqueza era muy grande, porque en una casa de inquilinato, larga, grandota, había mucha gente viviendo, y eso terminó siendo riqueza humana".

Puesto a explicar su visión acerca de las posibilidades actuales de filosofar, Barylko opina: ?Hoy es tiempo de filosofía, es decir de pensamiento. Pero no importa qué se piensa hoy: ninguna idea alcanza a estabilizarse, que ya viene otra. No sólo en el campo filosófico; también en lo político-social, en el campo de lo que Ortega y Gasset llama ?de las creencias?. Constantemente estás en un vértigo de movimiento que cuando te acomodás a algo de repente cambió... Es como que te sentás en un sillón que no te es cómodo, pero en el que te tenés que sentar. Cuando ya te ponés cómodo en el sillón incómodo tenés que cambiar el sillón, porque se inventó otro sillón o de repente los médicos dijeron que no hay que estar sentado; cuanto más parado estés más saludable estarás. El ejemplo puede resultar absurdo, pero es un poco la metáfora del cambio perpetuo, del movimiento perpetuo. Los tiempos no son decadentes. Son lo que son, son totalmente modificados. Yo soy realmente optimista, sólo que no encuentro en la sociedad todos los elementos necesarios. Es una sociedad que chilla, que llora, pero que no hace nada. Quieren suprimir a la pantalla televisiva y el tema no está ahí. Hay que actuar con una serie de estimulaciones para que cuando lleguen a la pantalla televisiva ciertos programas digan ?esto me gusta?".

Cuando le preguntan acerca del amor, de la amistad, Jaime Barylko aclara: ?En cuanto a sentimientos, estamos en el terreno de lo desconocido, de lo oculto, de lo misterioso. Si alguien me dice a mí lo que siente, lo que yo escucho son las frases que dice, y no el sentimiento. Siempre terminamos en frases. Para remediar estas situaciones que tanto conflicto han producido en la sociedad contemporánea, la propuesta mía es que nos limitemos a la conducta, al comportamiento, a no presumir qué es lo que el otro siente o piensa, sino al diálogo del ser con el ser a través del quehacer. Amar es un sentimiento, pero sobre todo es una decisión de comportamiento en la medida en que se quiera que eso sea un valor, sino entraría en otra categoría. El amor a un hijo, a los padres, a la pareja, son decisiones de valores, que yo apuesto a favor de este valor, con esta persona ? a menos que me decepcione de una forma notable-. No se trata de ser fetichista, ni ciego, ni estúpido?.

Y prosigue: ?La gente confunde. Confunde a las ideas con las personas; y cómo el otro debe pensar. Entonces el amor como tal es imposible, se vuelve imposible. Recuerdo siempre una relación de adolescente con una chica, con la que dejamos de vernos porque discutíamos mucho el uno con el otro por el tema de la Fundación Eva Perón. Y nos llegamos a odiar. Es difícil no caer en esa trampa, sustraerse a ella. Cuántas veces la gente termina odiándose por Boca-River, o por política, o por causas importantes, y hay discrepancias quizás odiosas?.
 
?Yo a vos te juzgo, pero por tu conducta. Puede haber gente pinochetista y a lo mejor en su vida contemporánea ayuda a los pobres; de modo que es socialista de facto y de ideas de derecha. O como sucedió, tantos llamados de izquierda y comunistas, y socialistas que llevan una vida opulenta, y que no ayudan absolutamente a nadie. Me autocondeno a juzgarlos por lo que hacen: sus ideas francamente no me interesan?.