
La salida de aerolíneas del espacio aéreo venezolano continúa en aumento tras la advertencia emitida el viernes por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA). Dos compañías venezolanas, Estelar y Laser, anunciaron el lunes la cancelación o reprogramación de sus vuelos hacia Madrid, en un contexto marcado por decisiones similares de al menos siete aerolíneas internacionales.
La medida se produce en un momento de tensión regional, alimentado por operaciones militares estadounidenses contra redes de narcotráfico que, según Washington, parten en parte de territorio venezolano.
Estelar informó en un comunicado la suspensión de sus vuelos en la ruta Caracas-Madrid-Caracas correspondientes a los días 24, 26 y 28 de noviembre, debido a “motivos operacionales” vinculados a su proveedor español Iberojet.
Laser, por su parte, anunció la reprogramación de sus frecuencias hacia la capital española hasta el jueves, también por razones operativas no detalladas. Ninguna de las dos compañías ofreció precisiones sobre la naturaleza de los problemas que enfrentan.
La advertencia de la FAA pidió a los pilotos “precaución” al sobrevolar Venezuela ante un “empeoramiento de la situación de seguridad” y un incremento de la actividad militar en torno al país. La agencia estadounidense emitió la alerta en un momento en el que el despliegue naval de Estados Unidos combate a embarcaciones sospechosas de contrabandear drogas en el Caribe y el Pacífico.
De acuerdo con datos comunicados por el Comando Sur, citados por AP, al menos 80 personas murieron durante esas operaciones desde septiembre.
Washington sostiene que el despliegue busca contener a los cárteles latinoamericanos y frenar las rutas de tráfico que, según funcionarios estadounidenses, utilizan puertos y salidas marítimas vinculadas a Venezuela.
El régimen de Nicolás Maduro rechaza esa interpretación y asegura que se trata de una acción destinada a “arrebatar la soberanía nacional” y a generar un clima adverso para su permanencia en el poder.
La salida de aerolíneas internacionales ha sido significativa. La presidenta de la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV), Marisela de Loaiza, confirmó a AP que compañías como TAP Air Portugal, Latam, Avianca, Iberia, Gol y Caribbean mantienen suspensiones indefinidas.
Turkish Airlines también anunció interrupciones entre el 24 y 28 de noviembre. El gremio indicó el fin de semana que los vuelos “pudieran verse afectados por actividades ajenas a la aviación civil” en el espacio aéreo venezolano.
El impacto se extiende a la región. En Colombia, la Aeronáutica Civil informó en un comunicado que las cancelaciones han afectado a unos 1.500 pasajeros, principalmente en Bogotá. La autoridad aseguró que las aerolíneas tomaron decisiones para “proteger la seguridad de sus pasajeros y operaciones” tras la notificación de la FAA.
Las autoridades colombianas no han informado de alteraciones en rutas internas, pero mantienen seguimiento a la evolución de la situación venezolana.
La crisis aérea se suma a un deterioro sostenido del sistema de transporte internacional venezolano. Durante la última década, las aerolíneas han reducido o eliminado frecuencias por acumulación de deudas del Estado, dificultades para repatriar divisas y falta de garantías operacionales.
El contexto militar añade presión. Desde septiembre, la operación estadounidense contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico se ha intensificado en rutas marítimas que conectan con puertos venezolanos. Washington sostiene que varias de las embarcaciones interceptadas zarparon desde Venezuela o utilizaron su litoral como punto de tránsito.

El sistema aéreo venezolano se encuentra así en un punto de vulnerabilidad creciente: tensiones militares en su entorno inmediato, una advertencia formal del principal regulador aeronáutico global y una retirada sostenida de compañías internacionales.
El régimen de Maduro defiende su narrativa de soberanía, pero enfrenta un aislamiento operacional que se agrava y que complica aún más la conectividad de un país ya reducido por la crisis estructural de su industria aérea.
La evolución de los próximos días dependerá de si las aerolíneas perciben garantías suficientes para retomar rutas o si el ajuste de la FAA se transforma en un cierre de facto del espacio aéreo para parte del tráfico comercial internacional. Para Venezuela, la señal es adversa: los riesgos operacionales ya no se limitan a factores económicos, sino que se inscriben en un entorno de seguridad que aumenta el costo político y logístico de volar hacia el país.
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