El jamais vu, la contracara del déjà vu en la que algo familiar se vuelve de pronto extraño o irreal, puede activarse con una tarea tan simple como repetir una palabra decenas de veces, y nuevas investigaciones citadas por el portal científico Science Alert sugieren que su origen podría estar en fallas tempranas del procesamiento visual, no solo en los sistemas cerebrales del significado.
Uno de los datos más concretos surgió de un experimento de laboratorio: cerca del 70 % de 94 estudiantes universitarios dijo haber sentido ese quiebre de familiaridad después de copiar una misma palabra durante alrededor de un minuto, o unas 33 repeticiones. En una segunda versión, con la palabra “el/la”, el 55 % se detuvo tras 27 repeticiones.
Los psicólogos llaman jamais vu a esa experiencia que invierte la lógica del déjà vu. En lugar de sentir que una escena nueva ya ocurrió, la persona percibe que una palabra, un rostro o un lugar perfectamente conocidos dejan por un instante de parecer reales o correctos.
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El neuropsicólogo Akira O’Connor, de la Universidad de St Andrews, es uno de los investigadores que más ha estudiado este efecto. De acuerdo con el portal, él mismo lo sufrió mientras conducía: tuvo que apartarse del camino cuando, por un momento, el volante y los pedales dejaron de resultarle reconocibles.
El efecto logrado con papel y bolígrafo en laboratorio
En 2023, un equipo integrado por O’Connor y el neuropsicólogo cognitivo Chris Moulin, de la Universidad Grenoble Alpes, recibió un Premio Ig Nobel por demostrar que el fenómeno podía inducirse a voluntad con papel y bolígrafo. El trabajo consistió en pedir a los participantes que copiaran una misma palabra una y otra vez hasta notar que algo dejaba de encajar.
Las descripciones recogidas en el estudio muestran con precisión cómo se vive esa alteración. Un participante escribió: “Pierden su significado cuanto más las miras”. Otro señaló: “Parecía haber perdido el control de la mano”.
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Un tercero describió: “No me parece correcto, casi parece que no es una palabra real, pero alguien me ha engañado haciéndome creer que sí lo es”. Otra persona relató una sensación similar fuera del laboratorio: “Mientras escribo en mis exámenes, escribo una palabra correctamente, como ‘apetito’, pero sigo mirándola una y otra vez porque tengo dudas de que pueda estar mal”.
La explicación más extendida para este efecto es la saciedad: la sobrecarga temporal que se produce cuando una palabra, un rostro o un objeto se observan o se piensan con tanta repetición que la representación mental deja de sostenerse con normalidad. La sensación no implica que el objeto cambie, sino que se altera la manera en que el cerebro lo procesa durante unos segundos.
La idea no es nueva. O’Connor y Moulin pasaron casi 15 años desarrollando lo que creían un enfoque original, hasta descubrir que la psicóloga Margaret Floy Washburn y su estudiante Elizabeth Severance ya habían publicado en 1907 un experimento muy parecido, en el que describían “la pérdida del poder asociativo en las palabras después de una fijación prolongada”.
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Aquel trabajo había mostrado que, tras mirar fijamente una palabra impresa durante unos tres minutos, esta empezaba a desintegrarse perceptivamente. El antecedente sugiere que el fenómeno llevaba más de un siglo descrito, aunque sin la visibilidad del déjà vu.
Posible origen en la corteza visual
Durante mucho tiempo, la saciedad se entendió como un proceso descendente: una falla en los niveles altos del lenguaje y del significado. Un estudio publicado en la revista Communications Biology introdujo una hipótesis más compleja.
Los investigadores construyeron un modelo de aprendizaje profundo diseñado para imitar la corteza visual, la región que procesa formas básicas antes de que el cerebro les atribuya significado. Luego lo expusieron a patrones visuales repetitivos y midieron cómo cambiaba su capacidad para clasificarlos.
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El rendimiento del modelo mejoró al principio, alcanzó un máximo y después cayó sin que se modificara ninguna otra variable. La conclusión del equipo fue que la saciedad podría ser un “proceso ascendente” arraigado en niveles bajos del procesamiento visual.
Si esa interpretación se confirma en cerebros humanos, el jamais vu no comenzaría cuando el cerebro deja de confiar en el significado de una palabra. Empezaría antes: en el momento en que el sistema visual deja de reconocer con estabilidad la forma misma de aquello que está viendo.
No todas las personas parecen igualmente sensibles a ese efecto. Un estudio de 2023 indicó que los adultos mayores son bastante menos propensos a la saciedad que los más jóvenes.
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El fenómeno también tiene una dimensión clínica. En personas con epilepsia del lóbulo temporal, puede aparecer como aura epiléptica: una sensación involuntaria de extrañeza ante un rostro o una habitación conocidos, a menudo acompañada por miedo.
La saciedad también podría intervenir en el trastorno obsesivo-compulsivo, más conocido como TOC. De acuerdo con los trabajos citados, revisar una y otra vez si una puerta está cerrada o si una estufa fue apagada puede producir un efecto parecido: la comprobación repetida debilita la sensación de certeza, y esa pérdida de certeza impulsa a volver a comprobar.
Los investigadores todavía intentan establecer cómo se conectan con exactitud la saciedad, el efecto de transformación verbal y el jamais vu. También sigue abierta la pregunta de si los hallazgos sobre la corteza visual cambiarán la forma de abordar este fenómeno cuando aparece no como curiosidad pasajera, sino como síntoma.
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