Para qué sirve hervir cáscaras de mandarina con azúcar

Esta preparación casera combina cocina, reutilización de alimentos y una técnica sencilla con frutas de estación. Diversas investigaciones explican qué compuestos contienen los residuos cítricos y qué cuidados conviene tener antes de usarlos

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Hervir cáscaras de mandarina con azúcar permite reutilizar un subproducto alimentario y obtener una preparación dulce para postres (Imagen Ilustrativa Infobae)

La reutilización de cáscaras de mandarina hervidas con azúcar representa una estrategia que combina sostenibilidad y nutrición, alineada con las tendencias de aprovechamiento de subproductos alimentarios. Diversas investigaciones recientes han destacado el valor de los residuos cítricos, especialmente de la mandarina, en la obtención de compuestos funcionales y en la elaboración de productos con valor añadido.

Para qué sirve hervir cáscaras de mandarina con azúcar

Hervir cáscaras de mandarina con azúcar permite aprovechar una parte de la fruta que habitualmente se desecha y convertirla en una preparación dulce. El proceso ablanda la piel, disminuye parte de su amargor y permite obtener cáscaras confitadas que pueden incorporarse a tortas, panes, budines, chocolates y otros postres.

Además de su uso culinario, esta práctica se relaciona con la revalorización de los subproductos alimentarios. Una revisión publicada en la revista científica Molecules señaló que los residuos de los cítricos contienen fibra, compuestos fenólicos, flavonoides, vitamina C, aceites esenciales y pectina.

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En algunos de los estudios analizados, las cáscaras presentaron mayores concentraciones de actividad antioxidante que otras partes de la fruta, como la pulpa y las semillas. Sin embargo, la presencia de esos componentes en la cáscara fresca no significa que todos se mantengan intactos después del hervido.

Los residuos cítricos de mandarina contienen fibra, compuestos fenólicos, flavonoides, vitamina C, aceites esenciales y pectina, según una revisión en Molecules  (Freepik)

La concentración final puede variar según la temperatura, el tiempo de cocción y la cantidad de veces que se cambie el agua para reducir el amargor. Por ese motivo, la principal finalidad de hervirlas con azúcar es gastronómica y no medicinal.

El azúcar aporta dulzor y contribuye a conservar la preparación. Good Food indica que las cáscaras de naranja o limón confitadas, una vez secas y almacenadas en un recipiente hermético, pueden mantenerse entre seis y ocho semanas en un lugar fresco y seco.

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Cómo hervir cáscaras de mandarina para hacer almíbar

El procedimiento puede adaptarse del método utilizado para confitar cáscaras de otros cítricos, como la naranja y el limón.

  1. Lavar bien las mandarinas: enjuagar y frotar la superficie antes de pelarlas para retirar restos de tierra o suciedad.
  2. Cortar las cáscaras: separar la piel y cortarla en tiras finas o del tamaño deseado.
  3. Retirar parte del albedo: quitar parcialmente la zona blanca y esponjosa adherida a la cáscara cuando sea demasiado gruesa, ya que puede aportar un sabor amargo.
  4. Hervir las cáscaras: colocarlas en una olla, cubrirlas con agua fría y llevarlas a ebullición durante algunos minutos.
  5. Cambiar el agua: escurrirlas, volver a cubrirlas con agua limpia y repetir el hervor una o dos veces para ablandarlas y reducir aún más el amargor.
  6. Preparar el almíbar: colocar en una olla cantidades similares de agua y azúcar, y calentar a fuego bajo.
  7. Disolver el azúcar: revolver hasta que los cristales desaparezcan y se forme un líquido uniforme.
  8. Incorporar las cáscaras: añadir las tiras previamente hervidas al almíbar.
  9. Cocinar a fuego bajo: mantener la cocción hasta que las cáscaras estén blandas, brillantes y translúcidas, y el líquido haya comenzado a reducirse.
  10. Dejar enfriar: retirar la olla del fuego y permitir que la preparación se enfríe dentro del almíbar.
El método para hervir cáscaras de mandarina incluye lavar, cortar, hervir, cambiar el agua, preparar almíbar y cocinar a fuego bajo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El resultado puede emplearse como confitura, cobertura de postres o ingrediente para tortas, budines y panes dulces. También es posible retirar las tiras del líquido, escurrirlas y dejarlas secar sobre una rejilla para obtener cáscaras confitadas más firmes.

La revisión publicada en la revista Foods explica que numerosos subproductos frutales pueden estabilizarse mediante procesos de lavado, secado, molienda y tamizado. Esas técnicas se utilizan principalmente para obtener harinas o polvos destinados a desarrollos alimentarios y son diferentes de la preparación casera en almíbar.

Otras cáscaras de frutas que se pueden reutilizar

El aprovechamiento de las partes descartadas no se limita a la mandarina. La revisión publicada en Foods analizó productos elaborados a partir de subproductos de naranja, limón, pomelo, lima, banana, ananá, mango, guayaba, palta, maracuyá y jaboticaba, entre otras frutas.

La cáscara de banana puede lavarse, secarse, molerse y transformarse en harina. Algunos estudios evaluaron su incorporación en panes, tortas y productos de confitería debido a su contenido de fibra y compuestos fenólicos. Sin embargo, las cantidades utilizadas deben controlarse para evitar cambios desfavorables en el sabor, el color o la textura.

La reutilización de cáscaras también abarca naranja, limón, banana, ananá y maracuyá, aunque requiere lavado y procesamiento adecuado antes del consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cáscara de naranja también puede convertirse en polvo e incorporarse en pequeñas proporciones a panes, tortas, galletas y pastas. En concentraciones elevadas, puede aumentar el amargor y reducir la aceptación del producto.

En el caso del ananá, su cáscara contiene una proporción considerable de fibra insoluble. La harina elaborada a partir de esta parte de la fruta fue probada en barras de cereal y otras preparaciones.

Los subproductos del maracuyá, especialmente la cáscara y el albedo, también se estudiaron como ingredientes para galletas, tortas, pastas, yogures y barras de cereal.

Estas alternativas permiten reducir el desperdicio alimentario y desarrollar nuevos productos. Sin embargo, no todas las cáscaras pueden consumirse directamente: deben lavarse, prepararse y procesarse de manera adecuada antes de incorporarlas a una receta.