Mendoza integra el selecto grupo de las Great Wine Capitals (Grandes Capitales del Vino), lo que explica la concentración de bodegas que ofrecen opciones de enoturismo para estas vacaciones de invierno, además de sus tradicionales centros de esquí.
La oferta es amplia e incluye desde degustaciones profesionales y juegos interactivos hasta menús de pasos con maridaje y actividades pensadas para los más chicos. Las propuestas abarcan alternativas tan diversas como atractivas, que pueden alternarse con excursiones y propuestas más ligadas al turismo de aventura, como circuitos de trekking, mountain bike y la posibilidad de descubrir parajes con vistas imponentes, siempre con la Cordillera de los Andes como escenario.
Desde 2019, la Argentina figura entre los principales referentes en los “Top 50 The World’s Best Vineyards Academy”, una selección elaborada por 500 especialistas en vinos y viajes que promueve el enoturismo y la cultura del vino a nivel mundial. En varias ediciones, el país ha alcanzado el primer puesto en este ranking.
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Tener en cuenta este ranking es interesante porque premia a las mejores experiencias en bodegas alrededor del mundo, un reconocimiento al gran atractivo que genera el sector y que va mucho más allá de la calidad de los vinos.
Hoy, todo establecimiento vínico que desee recibir turistas sabe que debe brindar al menos algunos de los servicios y entretenimientos que hacen del enoturismo una de las actividades que más ha crecido en los últimos años. Esto se explica porque el vino y su entorno ofrecen innumerables experiencias placenteras.
Los vinos, la gastronomía, el recorrido, la accesibilidad, el ambiente, la atención del personal, el paisaje y la reputación de la bodega son quizás los factores más importantes del enoturismo, con todo lo que ello significa para el impacto del consumo. A mejor experiencia en bodega, mejor recordación de marca y del concepto de los vinos, repercutiendo directamente en las ventas.
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Por otra parte, el 5% de los países productores representa más del 95% del vino elaborado en el mundo. Eso explica que la Argentina sea uno de los destinos más elegidos y con la provincia de Mendoza a la cabeza, porque allí se encuentra más del 80% de las bodegas del país.
Hoy, gran parte de las bodegas abre sus puertas al público con diversas propuestas, muchas de las cuales van más allá de la clásica recorrida por viñedos y posterior degustación. Hay bodegas con museos y muestras de arte, con restaurantes de todo tipo, con experiencias alternativas entre viñas, como cabalgatas, paseos en bici o en cuatriciclos y caminatas. También picnic, tardes de relax y hasta clases de cocina y yoga. Y cada vez más cuentan con habitaciones para huéspedes o incluso con pequeños hoteles rodeados por viñedos.
El enoturismo evolucionó también en la propuesta de vinos que se ofrecen. A las tradicionales degustaciones se sumaron catas verticales —que permiten comparar distintas añadas de un mismo vino— y catas por regiones, orientadas a descubrir la influencia del microclima y el carácter que aporta cada terruño. Además, algunas bodegas invitan a los visitantes a crear su propio blend a partir de los varietales seleccionados por el enólogo, entre otras experiencias.
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A pesar de la variedad de actividades disponibles, muchos visitantes priorizan el descanso y la buena gastronomía. Por eso, las bodegas que ofrecen hospedaje o cuentan con restaurantes con menús de pasos y distintas opciones de maridaje se destacan. Esta tendencia cobra relevancia, ya que la percepción sobre un vino suele estar influida no solo por la calidad y el estilo de las etiquetas, sino también por la experiencia integral: la compañía, el entorno, la comida y el servicio resultan determinantes en el disfrute de los turistas.
Qué hacer en las bodegas en Mendoza
Si bien la provincia tiene otras riquezas, el vino convoca a miles de turistas a visitar Mendoza y ese aluvión de amantes del vino está haciendo vibrar a la región cuyana. Esto se ve reflejado en el crecimiento del enoturismo en la Argentina, y principalmente allí, donde la propuesta es tan atractiva como diversa, ideal para escaparse unos días en esta época del año, ya sea en pareja, con amigos o en familia.
Al contrario de lo que muchos piensan, el enoturismo es una actividad que propone entretenimiento para todos, incluso para la familia con chicos. En Mendoza, donde el marco de la Cordillera de los Andes ya es un atractivo en sí mismo, las alternativas son cada vez más entretenidas y abiertas a todo el público, con actividades que van desde una recorrida por la bodega y los viñedos hasta una degustación de los vinos en el wine shop.
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Hoy, las bodegas ofrecen muchas más experiencias en torno al vino. Por eso, la gastronomía es uno de los complementos más importantes y que mejor se ha desarrollado, pero no el único. El placer de descansar y disfrutar de la naturaleza que ofrece el paisaje vitivinícola ha posibilitado la aparición de muchos lodges y hoteles boutique entre viñas.
Las bodegas entendieron también que hay que entretener a todo aquel que se digne a ir hasta allí. Es por ello que en los programas hay actividades para todos los gustos, desde juegos infantiles y espacios para dibujo dedicados a los más chicos, hasta la posibilidad de convertirse en enólogo por un día.
También se pueden hacer deportes como golf y tenis, o relajarse en los diferentes spas. Pero todas las actividades recreativas están en un segundo plano, ya que las bodegas se enfocan en los vinos para lograr que los visitantes vivan momentos únicos, con el objetivo que cada uno se lleve recuerdos inolvidables que puedan revivir en casa cada vez que descorchen una botella de su vino.
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Como el lugar donde más se lucen los vinos es alrededor de una mesa, cada vez son más las bodegas que tienen una propuesta gastronómica para ofrecer a los visitantes porque no solo es una manera de retenerlos más tiempo o de venderles algo más, sino también de ofrecerles una experiencia más completa.
Si bien las típicas empanadas y las carnes a la parrilla siguen siendo las protagonistas, muchas bodegas se animaron a desafiar las tradiciones, incluso al paisaje. Por eso, no es descabellado encontrarse con un menú donde el pulpo o los mariscos sean los protagonistas para resaltar las virtudes de los blancos y rosados de la casa. En general no se trata de propuestas a la carta sino más bien menús de pasos, que siempre se pueden adaptar a los vegetarianos y veganos.
Se sabe que la mayoría cuando llega a Mendoza lo hace por el Malbec y las carnes rojas a la parrilla, pero lo interesante es que la diversidad de los vinos actuales ha permitido crear también una muy atractiva diversidad en los platos. Ya no se trata de tintos, blancos, espumosos, rosados o dulces, sino de muchos estilos y calidades en cada categoría.
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Para que se luzcan más, es necesario también ser creativos en la cocina. Es por ello que cada vez son más los que apuestan por cocinar pensando en los vinos sin importar las complejidades que ello demande. Y si bien siempre la limitante es el producto, la creatividad está al nivel más alto de la gastronomía.
Lo más osado es proponer un menú de pasos que se exhibe de antemano, con lo cual el comensal sabe con qué se va a encontrar. Esto le permitió a la gastronomía de Mendoza ofrecer propuestas internacionales y en todos los estilos, con productos muy variados, pero siempre con el toque local de los insumos que provee naturalmente la montaña.
En los menús de pasos, los vinos ocupan un lugar central y cada propuesta se diseña en función del maridaje. Estas experiencias pueden incluir entre cuatro y quince pasos, con una progresión que va de sabores suaves a más intensos, tanto en los platos como en las copas. Cada comida suele extenderse por al menos tres horas y se presenta como una de las alternativas más atractivas de Mendoza, ya que compartir la mesa permite disfrutar y valorar los vinos en un ambiente distendido.
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