El auge de la sexualidad en la vejez entre los baby boomers desafía antiguas creencias, pero aún enfrenta normas y prejuicios derivados de la edad. Investigaciones recientes muestran que, aunque el disfrute y la apertura avanzaron, la discriminación por edad y los cánones sociales siguen condicionando la vida sexual de quienes envejecen.
La generación del baby boom modificó la percepción de la sexualidad en la vejez al defender mayor libertad y bienestar. Sin embargo, todavía persisten restricciones ligadas a estigmas y valorar únicamente la juventud. Hoy, este grupo enfrenta presiones diferentes según el género y el contexto social, pese a que el tabú disminuyó.
Durante los años 60 y 70, la llamada “revolución sexual” impulsó cambios profundos. Dejaron de prevalecer ideas centradas en el deber conyugal y la procreación, y surgió una visión del sexo como fuente de placer personal. La generación del baby boom vivió y alentó ese cambio. Tal como detallan estudios citados por The Conversation, sus integrantes valoran la sexualidad como un aspecto central, mucho más que generaciones anteriores.
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Sin embargo, esta transformación trae consigo nuevas tensiones. El modelo de “envejecimiento exitoso” fomenta la idea de mantenerse activos y deseables, apoyado en la promoción de medicamentos para la disfunción eréctil y el auge de la industria antienvejecimiento. Aunque se reconoce a los mayores el derecho a una vida sexual, este se vincula a la necesidad de parecer jóvenes. La presión por proyectar vitalidad genera una forma sutil de discriminación por edad, especialmente hacia las mujeres. Mientras tanto, el doble rasero social favorece a los hombres, dejando a muchas ellas bajo el peso de expectativas vigentes.
Influencia del envejecimiento exitoso y nuevas presiones sociales
El movimiento por el envejecimiento activo, diseñado para combatir la discriminación por edad, cambió la sexualidad en la adultez. Los adultos mayores, sobre todo los hombres, se ven ahora ante la expectativa de mantener un desempeño sexual óptimo gracias a los medicamentos para la disfunción eréctil y la imagen de cuerpos “jóvenes”. Esta exigencia puede resultar difícil de satisfacer.
The Conversation señala que “el deseo de mantener un buen desempeño sexual puede generar emociones negativas cuando los medicamentos son ineficaces o no producen los resultados deseados”. Además, los arquetipos de juventud actúan como nuevos modelos a seguir y perpetúan desigualdades de género y dificultades para asimilar el paso del tiempo.
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El derecho a la sexualidad ya no se niega abiertamente a las mujeres mayores, pero sí está condicionado: se prioriza la seducción vinculada a la juventud, lo que coloca a muchas en desventaja.
Diversidad de experiencias sexuales masculinas
Investigaciones realizadas en Quebec y recogidas por The Conversation revelan la diversidad en las experiencias sexuales de hombres mayores, tanto heterosexuales como homosexuales.
Algunos dan prioridad a la intimidad, la conexión y la ternura. Otros describen una sexualidad centrada en el placer genital, en pareja o en solitario. Entre los participantes, algunos exploraron prácticas sexuales alternativas, como consumo de pornografía o el BDSM, tendencia más frecuente entre hombres homosexuales.
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El interés por la intimidad aumenta con la edad, sin distinción de orientación sexual. También hay diferencias en cómo relacionan el uso de medicamentos para la disfunción eréctil: unos los emplean para aumentar el placer, otros para recuperar funciones asociadas a la juventud y la masculinidad. En hombres homosexuales, estos fármacos pueden servir además para contrarrestar la discriminación por edad que encuentran en su entorno.
Sexualidad y desafíos en mujeres mayores
El análisis del equipo de investigación, basado en entrevistas y en el método de “fotovoz”, refleja obstáculos propios para mujeres mayores.
Varias participantes mencionan la carencia de espacios en los que puedan hablar abiertamente sobre sexualidad y la necesidad de romper el silencio en torno a este tema. Los valores religiosos conservadores presentes en la juventud de muchas siguen marcando sus vivencias, restringiendo el derecho al placer y, en el caso de lesbianas, originando situaciones de lesbofobia.
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Los cánones de belleza asociados con la edad afectan su autoestima y dificultan crear nuevas relaciones. Sin embargo, pese a estos desafíos, la mayoría afirma mantener una vida sexual activa, abierta a nuevas prácticas y experimentando beneficios físicos y psicológicos.
The Conversation destaca que la experiencia femenina sigue condicionada por prejuicios de género, normas sociales y creencias religiosas, lo que requiere enfoques diferenciados para una inclusión real.
Aunque los baby boomers reducieron los tabúes sobre la sexualidad en la vejez, todavía quedan cambios culturales por consolidar. El avance hacia una vida íntima libre de imposiciones sociales es un proceso en desarrollo que demanda mayor apertura y compromiso colectivo.
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