Test: ¿qué tan indeciso eres?

Tener equilibrio en la toma de decisiones parece ser la mejor opción para elegir los caminos correctos en la vida. Una serie de elecciones diarias que pueden mejorar o perjudicar el día

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La toma de decisiones es uno de los ejercicios cotidianos que más se repiten

La presencia de varias posibilidades y la necesidad y obligación de elegir un solo camino puede resultar dificultoso. Cuando la autoestima es baja, el estrés es constante o la aprobación de los seres queridos está en falta, la capacidad de tomar una decisión crucial se puede volver caótica.

Pero también el perfeccionismo es otra causa letal que tiende a pensar qué opción llevará al resultado perfecto y cuál será la que evite los errores. A veces son decisiones poco importantes, como saber qué se va a desayunar o qué película ver con la familia por la noche. Pero hay otras que sin dudas cambian la vida de los seres humanos: casarse, tener hijos, divorciarse, someterse a una operación para mejorar la salud, renunciar al trabajo, entre otras cuestiones.

Tomar una decisión significa elegir una opción que va a provocar ciertas consecuencias, descartando todas las demás posibilidades. No es llamativo ver que una persona, en un momento de crisis e incertidumbre, aumente su incapacidad para encarar una situación que incluya emociones, sentimientos o el miedo a equivocarse y que todo salga mal.

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Cuando las decisiones pueden afrontarse en forma relajada y la carga emotiva es baja, la posibilidad de tomarse el tiempo necesario para elegir sin estar preocupado favorece a la elección correcta. Un amor en el colegio, el mejor vestido para ir a una fiesta o qué comer en un restaurante son parte de las elecciones que cualquier persona debió afrontar alguna vez en su vida.