Desde el último domingo, Soledad Silveyra se encuentra internada en el Sanatorio Otamendi tras sufrir una fuerte caída en su casa, lo que derivó en una fractura de pelvis. La actriz, de extensa trayectoria en la televisión, el teatro y el cine argentino, permanece bajo atención médica mientras su familia y el equipo que la acompaña terminan de definir los próximos pasos de un tratamiento que, de acuerdo con lo explicado por su hijo Baltazar Jaramillo, será largo y demandará un período de reposo absoluto.
La noticia sobre la internación generó preocupación entre sus seguidores y colegas, y en ese contexto, Jaramillo habló con Teleshow y llevó tranquilidad sobre el cuadro general de su madre, aunque confirmó que la recuperación no será sencilla. “Mamá está internada desde el domingo. No la pueden operar y están armando la internación domiciliaria”, explicó al ser consultado sobre la evolución de la actriz.
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Respecto de por qué no se realizará una intervención quirúrgica, la respuesta fue contundente: “Porque se rompió la pelvis y no se opera”. En ese sentido, explicó que el tratamiento indicado consiste en esperar que el hueso se consolide naturalmente, acompañado por el reposo necesario para permitir la recuperación y que la fractura suelde sola.
Ese escenario es, precisamente, el que más preocupa a la familia. El problema no estaría solamente en la lesión en sí misma, sino en la dificultad que representa mantener a Silveyra inmovilizada durante varias semanas. “Es una paciente complicada para que esté 45 días en cama”, explicó su hijo, que ya comenzó a organizar junto con la familia todo lo necesario para que la actriz pueda continuar el tratamiento fuera del sanatorio.
La internación domiciliaria aparece así como una alternativa para acompañar el proceso en un ámbito más cómodo, pero también implica una importante logística, consciente de la dificultad que supone convencer a su madre de permanecer quieta durante tanto tiempo. La recuperación, anticipó, será “dura y carísima”.
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El plazo estimado por los médicos es de al menos 45 días de reposo. “Solamente reposo. Esa es la complicación”, explicó Jaramillo, además de aclarar que la posibilidad de que Silveyra abandone el Otamendi es cercana.
Según contó, podría recibir el alta este miércoles y continuar el tratamiento en su domicilio. Detrás de este episodio también aparece una preocupación que la familia arrastra desde hace tiempo: las caídas que la actriz viene sufriendo. Baltazar contó que su madre se habría caído aproximadamente tres veces durante este año y admitió que, más allá de la fractura actual, existe preocupación por las razones que están detrás de esos accidentes.
“No se ocupa de por qué se cae. Cree que se tropieza”, señaló su hijo, en una descripción que deja entrever tanto su preocupación como las dificultades que implica acompañar a una persona acostumbrada a una vida activa frente a las limitaciones propias de la edad y de sus distintas lesiones. “Le cuesta ser mayor”, resumió Baltazar, antes de explicar que ahora la actriz deberá concentrarse en atravesar esta nueva etapa de recuperación.
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La fractura, de acuerdo con lo que contó, “no es expuesta, no se desplazó”. De todos modos, se trata de una lesión que obliga a extremar los cuidados y a cumplir estrictamente con el reposo indicado para que el hueso pueda consolidarse.
En medio de la conversación también surgió otro aspecto que preocupa a la familia: el historial de problemas físicos que arrastra Silveyra. Su hijo mencionó distintas lesiones y dolencias que se fueron acumulando a lo largo del tiempo. “Tiene de todo”, sintetizó. Entre ellas, señaló que la actriz tiene problemas en el cuello y recordó que sufrió trocanteritis, una afección que puede provocar dolor en la zona lateral de la cadera.
También relató que en una caída anterior se había lesionado otra estructura ósea. Y, con una frase que resume la complejidad del cuadro físico que enfrenta su madre, agregó: “Tiene mil lesiones”.
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“Le hago ver a todo el mundo”, comentó, antes de sintetizar con humor el panorama: “Tiene 25 médicos que pasan el problema”. La frase refleja una situación que muchas familias atraviesan cuando una lesión se suma a otras dolencias previas: la necesidad de encontrar un abordaje que contemple el estado general del paciente y no solamente el episodio puntual que provocó una nueva internación.
Hay, además, un componente emocional en esta recuperación. Baltazar contó que su madre está “enojadísima” consigo misma por lo ocurrido. La bronca aparece como parte de una personalidad acostumbrada a mantenerse activa y a enfrentar los desafíos con independencia, y ahora deberá aceptar una de las situaciones que probablemente más le cuesten: quedarse en cama durante semanas.
Para una mujer que construyó una carrera de décadas frente a las cámaras y sobre los escenarios, acostumbrada al movimiento y al trabajo, la indicación de reposo absoluto representa mucho más que una cuestión médica. Es una pausa obligada que la enfrenta con la necesidad de depender de otros y aceptar tiempos que no puede acelerar.
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La recuperación, por ahora, tiene una hoja de ruta clara: reposo, cuidados y paciencia. No habrá una operación que resuelva la fractura de inmediato. El hueso deberá consolidarse por sí mismo y la actriz tendrá que atravesar las semanas necesarias para que ese proceso se complete.
Mientras tanto, su familia organiza la llegada a casa, evalúa los cuidados que necesitará y se prepara para acompañarla durante un período que, según anticipó su hijo, será largo. “Mínimo cuarenta y cinco días”, reiteró Baltazar.
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