Juan Gil Navarro recordó durante años una crítica que le había hecho Alejandro Dolina sobre su trabajo en Montaña Rusa segunda vuelta. Sin embargo, la escena que terminó fijada en su memoria fue otra. El actor contó cómo enfrentó al escritor por un comentario que lo había herido y recibió una respuesta inesperada: “Pibe, tenés razón, te pido disculpas”. El episodio ocurrió cuando daba sus primeros pasos en la televisión, después de una observación pública sobre un trabajo que él mismo vivía con incomodidad y que temía que lo dejara atrapado en una caricatura.
Antes de contar el origen del malestar, Juan Gil Navarro situó el momento decisivo durante una salida nocturna. La anécdota tiene la estructura de un cruce mínimo y directo, sin rodeos, en un tiempo en el que todavía estaba formando su recorrido profesional y en el que la palabra de Alejandro Dolina tenía para él un peso singular. No se trataba solamente de una figura conocida de la cultura argentina: era una voz que escuchaba desde la adolescencia y a la que le atribuía autoridad.
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Por eso, cuando se produjo el encuentro, la reacción no fue indiferente. “Y junto con un amigo de ese elenco, estábamos una noche en un boliche y me dice: “Che, mirá, está Dolina ahí””. La escena, contada años después, conserva la precisión de los recuerdos que no se disuelven. Un amigo lo señala, él lo ve y reaparece de golpe una incomodidad que venía de antes.
Gil Navarro contó en el streaming LPG listos para grabar con Agustín Eme, que en ese momento estaban de moda Beavis and Butt-Head, dos personajes desganados, torpes y deliberadamente ridículos. Cuando les propusieron adaptarlo al lenguaje local, a Gil Navarro le pareció una situación incómoda porque pensó que los iban a tildar de “bobos”.
“Se llamaban Mickey y Frankie. Y lo padecimos mucho y sufríamos mucho y dijimos: “La gente va a pensar que somos igual de estúpidos que todos’”, expresó el actor.
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La crítica que Alejandro Dolina había hecho sobre ese programa lo afectó de un modo particular.
“Yo escuchaba mucho a Dolina desde que tenía catorce, 15 años. Y Dolina había dicho algo de ese programa, que no era muy bueno ciertamente, pero estábamos todos haciendo nuestras primeras armas”.
Entonces, cuando tuvo al escritor adelante suyo en un boliche, Gil Navarro decidió no dejar pasar la oportunidad. Según su relato, se acercó con respeto, pero con la necesidad de decir lo que había quedado pendiente. “Y a mí me había dolido mucho lo que había dicho Dolina. Así que me acerqué y le dije: “Hola, Alejandro, ¿qué tal? ¿Cómo le va? Yo lo escucho hace mucho tiempo”. Y le dije: “Me dolió que usted dijera esto, esto y esto””.
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El intercambio no derivó en una discusión larga ni en una escena áspera. La reacción de Dolina, según el testimonio del actor, fue inmediata. Un señor”, dijo Juan Gil Navarro al resumir la reacción de Alejandro Dolina. El actor relató que el periodista se puso de pie, le dio la mano y le pidió disculpas. El gesto quedó como el punto decisivo del episodio. No por grandilocuente, sino por infrecuente: alguien señalado por una crítica aceptaba el reproche, reconocía el efecto de sus palabras y pedía disculpas en el momento. “Pibe, tenés razón, te pido disculpas”, contó que le dijo en ese momento.
“Que al menos Dolina dijera: “Ah, no, che, este pibe no quiere Beavis and Butt-Head””, concluyó. La frase conserva humor, pero también marca el punto de llegada de toda la historia. Lo que parece haber importado no fue solo la disculpa, sino el reconocimiento de algo más profundo: que detrás de aquellos personajes había un actor joven que no quería ser leído como la caricatura que le habían pedido hacer.
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