Wanda Nara eligió una vez más el río para disfrutar de lleno de su nueva adquisición, su exclusivo yate bautizado “Bandido”. A bordo del barco, compartió una tarde junto a sus hijos, su hermana Zaira, sus sobrinos, sus padres —Nora Colosimo y Andrés Nara— y su pareja, Martín Migueles. El sol caía y el agua espejada devolvía un reflejo cálido mientras la familia disfrutaba del aire libre, la música y la charla distendida. La atmósfera resultó natural, con risas, canciones y guiños cómplices que delinearon uno de esos días que quedan grabados.
En el centro de la escena, Wanda se animó a cantar a capela. “Tú sin mí, ¿qué hago con mi amor? Que era para ti”, entonó la canción de Dread Mar-I, y Zaira, al mando del timón, se sumó a la melodía. Las voces se mezclaron con el rumor del motor y el vaivén del agua, mientras los más chicos filmaban y el resto acompañaba con sonrisas. El ambiente se impregnó de esa mezcla única de intimidad y celebración que suele surgir cuando la familia se reúne lejos de la rutina.
Entre bromas, charlas y planes, Andrés lanzó un comentario curioso, buscando saber qué se decidía para el resto de la jornada. Nora, resuelta, propuso el destino: “A Carmelo vamos a ir. Ya dijimos, vamos a ir a Carmelo”. La idea de dormir a bordo se mezcló con alternativas más cómodas: “Total, ¿sabés lo que hacemos? Anexamos una carpita, porque todo para dormir”, imaginó ella. Andrés, práctico, recordó que hay un buen hotel en la zona y Wanda se sumó a la opinión de su padre. El intercambio fluyó con la familiaridad de quienes comparten anécdotas y complicidades, sin urgencia ni formalidad.
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La música también ocupó un lugar protagónico. Las hermanas Nara se filmaron entonando “Flaca”, de Andrés Calamaro, mientras el atardecer teñía el cielo de rojo y los chicos capturaban el momento. La hija mayor de Wanda sumó su mirada, registrando a su madre y a su tía en plena canción. Las imágenes mostraron a la familia rodeada de agua y naturaleza, con el sol descendiendo y las sombras alargándose sobre la cubierta.
En otro video, Wanda mostró y pronunció en voz altay entre risas el nombre del barco: “Bandido”. De fondo, sonaba “Rosas”, de La Oreja de Van Gogh, y Wanda se animó a cantar: “Y llegabas con rosas, mil rosas para mí...”. El entorno, la música y la espontaneidad de la familia crearon un escenario donde la alegría y la naturalidad resultaron inseparables. No faltaron los gestos cotidianos: Wanda pidió ayuda para su madre, que descendía del yate cargando abrigos, confirmando el clima de colaboración y cuidado mutuo.
El lunes feriado 17 de agosto, la empresaria sumó otro capítulo a su álbum íntimo. Eligió el Delta de Tigre para refugiarse junto a sus hijas más pequeñas y su padre. El día, gris y nublado, acompañó la búsqueda de tranquilidad y desconexión. Sin agenda pública ni flashes, Wanda navegó por el río Sarmiento y los canales clásicos de la zona, deteniéndose ante postales reconocibles como el Museo Sarmiento, el Tigre Club y el Puerto de Frutos. Las imágenes mostraron a Wanda relajada, envuelta en una campera azul y una manta rosa, mientras Isabella se acurrucaba a su lado, ambas preparadas para el frío. Compartieron mates, juegos y miradas cómplices en una escena donde la calma fue protagonista.
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La jornada familiar terminó con una imagen que resumió el espíritu de la travesía: madre e hijas, cubiertas por una manta, mirando el río y disfrutando de la serenidad, con el resto del mundo girando a otro ritmo. Francesca, la hija mayor, subió una historia en redes: “Te amo”, a lo que Wanda respondió: “yo más”. Así, la empresaria dejó claro que, al margen de los titulares y el bullicio mediático, eligió priorizar los afectos y los pequeños momentos compartidos. La calma del Delta y el cariño familiar se transformaron en el refugio más valioso para Wanda Nara en un día donde la felicidad se encontró en lo sencillo.
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