Solange Abraham volvió a Gran Hermano después de 15 años: su profundo cambio estético y su nueva vida

Con nuevo estilo físico y personal, la tucumana que participó del reality en 2011 reapareció en la casa más famosa del país con una imagen renovada

Así fue el ingreso de Solange Abraham a Gran Hermano: Generación Dorada

Quince años pueden parecer una eternidad en televisión. Pero cuando las luces del estudio volvieron a encenderse y la puerta de la casa de Gran Hermano se abrió una vez más, el tiempo pareció comprimirse en un instante. El regreso de Solange Abraham al reality más famoso del país no fue un simple ingreso: fue una irrupción cargada de historia, memoria y transformación.

Quienes la recuerdan por su paso en la edición 2011 de Gran Hermano Argentina tardaron unos segundos en reconocerla. La joven de melena oscura y rasgos inconfundibles que había ingresado con apenas 22 años dejó lugar a una mujer de 37, con el cabello rubio, un estilo sofisticado y una impronta segura. El cambio físico es evidente, pero detrás de esa nueva imagen hay algo más profundo: una reconstrucción personal.

La presentación de Solange Abraha, en la edición 2011 de Gran Hermano

En su primera aparición televisiva se presentó como Solange Gómez. Hoy vuelve como Solange Abraham, utilizando su nombre completo, resignificando su identidad y marcando un corte simbólico con el pasado. No es solo un detalle nominal: es la declaración silenciosa de una etapa que quedó atrás y de una versión que se siente más auténtica.

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Las redes sociales estallaron con comparaciones del “antes y después”, mientras en la casa sus compañeros la observaban con curiosidad y sorpresa. Ella, lejos de esquivar el tema, tomó la palabra y definió su regreso como el de una mujer “recargada” y en una “versión mejorada”. Una frase que, en su boca, no sonó a slogan, sino a síntesis de un camino recorrido con luces y sombras.

Solange Abraham recién salida de la casa de Gran Hermano en 2011

Su paso por la sexta temporada del ciclo no fue menor. Permaneció 126 días aislada, convirtiéndose en la mujer que más tiempo estuvo dentro de la casa en esa edición. Compartió convivencia con figuras como Cristian U —ganador de aquel año— y con Emanuel Di Gioia, con quien construyó una relación de confianza que hoy podría convertirse en una alianza estratégica. Aquella experiencia la dejó a un paso de la final y con una sensación de cuenta pendiente que nunca terminó de cerrarse.

Tras su salida, supo capitalizar la exposición. Con apenas 21 años se abrió camino en el modelaje, protagonizó producciones de moda y fue portada de revistas nacionales. Luego amplió horizontes y se volcó a la conducción televisiva: pasó por la pantalla de Canal 9 Argentina, por MTV Latinoamérica y más tarde encabezó programas como En estéreo y Fuera de eje, este último en Fox Sports. Su perfil se consolidó como el de una figura versátil, capaz de moverse entre el entretenimiento, el deporte y la cultura pop.

Solange Abraham supo cómo jugar las cartas para seguir siendo parte del medio luego de la salida de la casa

Pero su inquietud no se detuvo allí. En pleno auge mediático lanzó su propia marca de ropa infantil, combinando su costado creativo con el espíritu emprendedor. Años después sumó la producción y conducción de un podcast, El Casting, donde abordó historias del espectáculo y reveló aspectos más íntimos de sus invitados. Esa búsqueda constante de renovación fue el hilo conductor de una carrera que alternó momentos de alta exposición con otros de silencio elegido.

En el plano personal, la vida también le planteó desafíos decisivos. En 2015 se casó con el productor Marcelo Da Corte y en 2017 nació su hija, Delfina. Durante ese tiempo eligió correrse del foco mediático para dedicarse a la maternidad y a su familia. Fue una etapa de bajo perfil, introspección y proyectos propios. Sin embargo, en 2023 una separación inesperada volvió a colocar su nombre en los titulares cuando Da Corte formalizó una relación con Lautaro Marchesini, su exentrenador personal, con quien más tarde contrajo matrimonio en Carmelo, Uruguay.

Solange Abraham en una antigua postal familiar

Lejos de victimizarse, Solange atravesó esos años como un proceso de aprendizaje. Reinventarse dejó de ser un concepto profesional para convertirse en una necesidad vital. Asumió nuevas responsabilidades, sostuvo sus emprendimientos y consolidó su rol de madre, mientras reconstruía su equilibrio emocional.

Por eso su regreso a la casa no parece improvisado. Hay en su mirada una mezcla de experiencia y determinación. Ya no es la joven que descubría el juego sobre la marcha: ahora llega con lectura estratégica, con memoria de lo vivido y con la convicción de que esta vez puede ganar. Sabe lo que significa el aislamiento, la presión, las alianzas y las traiciones. Sabe lo que es quedarse a un paso. Y sabe, también, que las segundas oportunidades no abundan.

Así fue el regreso de Solange Abraham a Gran Hermano (Prensa Telefe)

La figura de Solange Abraham se resignifica así en múltiples capas: el cambio físico, el nuevo nombre, la trayectoria profesional, la maternidad, las rupturas y la resiliencia. Su historia encarna la posibilidad de volver a empezar, de animarse a una revancha cuando la vida ya no es la misma.

Hoy, mientras las cámaras vuelven a seguir cada uno de sus movimientos, el público no solo observa a una participante. Observa a una mujer que atravesó transformaciones profundas y decidió exponerlas sin máscaras. En esa mezcla de carisma, experiencia y madurez emocional se juega buena parte de su magnetismo.

El desenlace es incierto. Pero si algo dejó claro en su regreso es que no vuelve para repetir la historia: vuelve para reescribirla.

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