“Siento que la vida ha pasado rápido y eso es algo que no puedo controlar, y cada día es un día menos. Hay que aceptarlo, lo único que uno quiere es que reconozcan las cosas buenas y olviden las malas”. Héctor Alterio recibe a Teleshow en una habitación especialmente preparada en el hotel boutique del microcentro en el que pasa sus días porteños y suelta la primera frase de las tantas en las que resumirá su estado de ánimo, con sabiduría y sentido del humor, en medio de una nueva aventura por los escenarios.
Es un mediodía gris, de un otoño que llegó para quedarse, un giro divino del guion para propiciar el clima de nostalgia que transita Alterio por estos días. El regreso a su ciudad, la obra A Buenos Aires en la que repasa los últimos 50 años de su vida; el reconocimiento del ministerio de Cultura son algunas de las acciones que lo llevan por el ejercicio del recuerdo. Ese que se potencia en esta entrevista, de la que lejos de renegar, agradece. “Forma parte de mi trabajo hablar de lo que estoy haciendo y lo hago con todo gusto”, dice el actor, a contramano de cualquier tipo de divismo y valida en acciones sus palabras. Se presta a la prueba de cámara, al los ajustes de la luz siempre con una sonrisa. Y cierra con una ironía que solo él sabe hasta cuando va a utilizar: “Respondo a lo que me preguntan, y cuando no lo sé, invento otra cosa”.
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Desde que llegó a la ciudad que lo vio nacer hace 93 años, Alterio recibe a cada paso el cariño y el respeto de aquellos que fueron contemporáneos de su obra, tanto arriba como abajo del escenario. Todavía lo embarga el abrazo interminable y eterno que le brindaron sus colegas en la ceremonia en la que fue destacado como Personalidad Emérita de la Cultura. Flanqueado por Pepe Soriano y Ricardo Darín, siguió la velada amenizada por Gastón Pauls: una síntesis de la veneración de tres generaciones de colegas.
“Fue inesperado”, admite sobre el encuentro realizado en el CCK. “Me tomó de sorpresa ver rostros que no veía hace muchísimos años, que aparezcan ahí, que los reconozca, fue un juego que me entretuvo y me emocionó”, agrega Héctor, midiendo las palabras, acomodando los recuerdos y poniendo un freno a las emociones, que de todas maneras le hacen brillar los ojos.
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Durante el mes de abril, Alterio presenta A Buenos Aires en el Teatro Astros con funciones viernes, sábados y domingos a las 20:30, que se presenta como una despedida de los escenarios del país. “Forma parte de mis deseos y es una manera de agradecer a la vida que me ha traído a un lugar como este”, dice el actor, con una gratitud a prueba de cualquier vicisitud del destino.
La obra propone un viaje de ida y vuelta a Madrid, y viceversa, un puente a partir de textos y canciones de autores como Cátulo Castillo, Homero Manzi y Eladia Blásquez. El tango es parte capital de un espectáculo que pasea también por la poesía de León Felipe y Hamlet Lima Quintana, acompañado al piano por Juan Esteban Cuacci y con la dramaturgia y dirección de su esposa, Ángela Tita Bacaioca. La nostalgia adquiere síntomas de rebeldía en esta historia a dos orillas y en el cuerpo de un hombre que enhebró fantasías y realidades con algunas de las actuaciones más destacadas del cine nacional -La tregua, La Patagonia rebelde, La historia oficial, Caballos salvajes- y que ahora sintió que era el momento de contar su propia historia. Esa que arrancó en 1974, cuando partió a un viaje profesional que mutó en exilio inesperado debido a las amenazas de la Triple A, y que se sigue escribiendo en tiempo presente.
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“Volver es una palabra que uno no puede conducir como querría”, dice al respecto con sabiduría y algo de resignación. “Pero entre todas las cosas que aparecen, deseo que se repita la oferta de ‘te necesitamos en Buenos Aires’. Ahí nací, está mi vida, mi gente, me siento muy bien, realmente. Y estoy interesado en todo lo que ocurre, en todo sentido, política y civilmente”.
—Más allá de lo que propone en el espectáculo, ¿suele volver con sus recuerdos a ese primer viaje que derivó en el exilio?
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—No, fue algo que pasó. Fue muy potente en un momento de mi vida, a poco tiempo de haberme casado, me impactó mucho y me frenó porque no me permitían responder a eso de una manera libre. Y eso me generaba mucha incomodidad. Está en el pasado, cada vez lo veo más lejano y forma parte de todos los recuerdos buenos, males y regulares. Ya no me afecta. Lo afronté, a veces reflejado por lo que estaba ocurriendo en mi país natal, y otras veces contento, no había más que incomodidades de distancia, pero lo afronté lo mismo, y dejé pasar unos cuantos años que no se me permitía volver. Cuando se decidió que no tenía problema, volví y fue una fiesta para mí. Lo hice con Tita, mi mujer, y eso hizo que los impactos no fueran tan fuertes.
—¿Cómo fue volver a empezar en otro país?
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—Ahí es donde se encuentra quién es quién. Si bien no es un idioma diferente, hay otros músicas, entonaciones, cosas que difieren de lo que uno estaba acostumbrado. Dicho así es muy fácil, pero tener que interpretarlo, vivirlo, hacerlo permanentemente, eso conlleva muchas cosas, y algunas de ellas angustiosas. Yo me tengo que expresar a través del lenguaje y el lenguaje se emite desde el lugar en que uno está, entonces tenía que hablar en castellano español no siendo español. Lo hice mal, bien, con torpezas, olvidos, pero lo hice. Y de todo eso saqué la mejor manera que no me afecte demasiado.

—¿Guarda cariño por alguno de sus papeles en especial?
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—Algunos por una cosa, otros por otra, todos tienen un recuerdo inevitable, incluso aquellos que me perjudicaron. Trato de no repetir los errores, eso creo que es lo más positivo, estar lo más atento posible a no pisar la misma cáscara de banana y no resbalarse y romperse la cabeza. Para evitar eso hay que estar prevenido, hay que estirar el pie y evitar el golpe.
—¿En qué sentido cree que lo perjudicaron determinados papeles?
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—Soy un ser humano que está en un lugar y desarrollo mi actividad en base a todo lo que ocurre en mi alrededor. De lo malo saco conclusiones para no repetirlas, evitarlas, que no se reproduzcan, sufro y gozo, y tengo mis estados de ánimo acode a lo que ocurre a mi alrededor.

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